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Entrevista

Álex García: "El mayor giro de mi carrera fue cuando dejé de necesitar la validación externa"

El actor protagoniza la serie de Netflix 'El cuco de cristal', basada en la novela de Javier Castillo

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Álex García, en 'El cuco de cristal'

Álex García, en 'El cuco de cristal' / JULIO VERGNE / NETFLIX

Marisa de Dios

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Aunque siempre le habíamos conocido como Álex García, el protagonista de títulos como 'El Inmortal', 'Antidisturbios' y 'No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas' lleva un tiempo reivindicando su nombre completo, Alejandro. El actor sigue agradeciendo las múltiples muestras de cariño que recibe tras la muerte de Verónica Echegui, con la que mantuvo una larga relación sentimental hasta 2023. Lo hace también ahora que promociona su nueva serie para Netflix, 'El cuco de cristal', un 'thriller' basado en el 'best-seller' homónimo de Javier Castillo.

--Dice que ahora prefiere que le llamen Alejandro.

Siempre he sido Alejandro García. Ese es el matiz. Me han llamado Álex porque así fue desde el principio y yo lo permití, pero mi nombre es Alejandro.

--Su personaje en 'El cuco de cristal' es un guardia civil muy sensibilizado con el tema de los malos tratos por su pasado y por la desaparición de su hermana. ¿Cómo lo definiría?

Un personaje tierno, muy amante de su familia y de las personas que le rodean y muy protector con su gente. No ha superado su trauma infantil y ha dedicado toda su vida a intentar hacerlo a su manera, pero eso provoca que el dolor no se haya sanado ni una pizca sino que, al revés, va incrementándose. Todos hemos vivido experiencias que nos pueden suponer una grieta y al no tener herramientas para sanarla, o no querer hacerlo, siempre está ahí y puede salir en cualquier momento. Eso es lo que se ve en el personaje.

--También es un hombre que a veces tiene dificultades para controlar sus impulsos. Javier Castillo dice que la serie va sobre emociones primarias y el animal que todos llevamos dentro. ¿Cree que Miguel, su personaje, encaja con esa idea?

Completamente. En Miguel el mejor símil es el lobo, uno de los pocos animales capaces de morir de hambre por su familia si no hay comida para todos. Y creo que Miguel haría exactamente eso.

--En la primera escena de la serie Miguel aparece manchado de sangre y el espectador no sabe qué pensar de él. ¿Le interesaba ese juego de hacer dudar a la audiencia?

Yo eso no lo juego nunca como personaje, porque si no ya me estaría viendo desde fuera. Luego, cuando la directora me comentaba “juega más por aquí”, yo fuera del set le decía: “Madre mía, qué enrevesados sois”. Me divertía el juego que se crea para el espectador, pero una vez acabado el trabajo, porque cuando estoy rodando prefiero vivirlo desde dentro. Incluso con algunos personajes con los que me sabía el final tomar la decisión de confiar plenamente en unos y desconfiar de otros me parecía muy bonito, porque es un claro reflejo de lo que ocurre en la vida: cuando te cuentan algo de alguien, cuando lees una noticia… siempre te viene una opinión. Me parece interesante lo que nos ofrece el trabajo de actor, eso de que nada es lo que parece, que no todo es blanco o negro, sino que todos somos luces y sombras.

--¿Eso fue lo que más le gustó de este personaje?

Lo que más me gustó fue su relación con la naturaleza. Respeta completamente el entorno y ese momento que tiene con su hijo, cuando ven al corzo… cuando lo leí en guion me pareció precioso. Y también los momentos con el lobo; rodarlos con el animal, aunque era de noche y hacía frío, fue un regalo. Hervás [el pueblo extremeño en el que grabaron la serie] ha sido un descubrimiento para mí.

Álex García, en 'El cuco de cristal'

Alejandro García, en 'El cuco de cristal' / JULIO VERGNE/NETFLIX

--¿El lobo estaba allí realmente, no se añadió en montaje?

Rodamos con el lobo in situ. Vinieron los dueños, me lo presentaron, estuvimos un rato para que se acostumbrara a mí… y después rodamos con una distancia prudencial, pero con él allí.

--¿Se había leído el libro en el que se basa la serie? ¿O desde dirección le recomendaron no hacerlo?

Me lo leí estando allí. No me recomendaron ni leerlo ni no leerlo. En una conversación con Laura, la directora, sí me dijo que había muchos cambios y que quizá el libro podía confundirme. Pero a mí la información siempre me suma, aunque luego cambie para hacer una versión. Son pequeños detalles que, una vez los lees, pueden aparecer en el trabajo desde la intuición.

--¿Le gustaron los giros de la serie respecto a la novela?

Sí. Más que gustarme, los entendí. Adaptar una novela es complicadísimo, porque no se puede comparar lo que siente un lector con la novela a lo que luego ocurre cuando la ves, porque cuando lees tu imaginación vuela y cada persona hace suyos a los personajes. Pero aquí creo que la adaptación está muy acertada.

--¿Había leído antes alguna novela de Javier Castillo o había visto las series 'La chica de nieve' o 'El juego del alma', basadas en sus obras?

No había leído las novelas, pero sí había visto las series, porque hay compañeros, directores y equipos enteros que conozco que trabajaron en ellas. De hecho, gran parte del equipo de 'La chica de nieve' era el de 'El Inmortal', así que la vi con mucho cariño. Y fíjate: Laura [Alvea] dirigió allí, y quién me iba a decir que luego nos íbamos a encontrar.

--¿Qué le gusta de la forma de narrar de Javier Castillo? ¿Le atrae especialmente el 'thriller'?

El 'thriller' no es un género que me atraiga especialmente. Vi sus series por curiosidad y por cariño a mis compañeros. Pero como espectador creo que sus trabajos funcionan muy bien: tiene una forma muy precisa de dar la información necesaria sin marearte, cosa que pasa en otros proyectos. Desde el primer capítulo te mete en la historia y vas con la protagonista de 'La chica de nieve'. En 'El cuco de cristal', vas con los protagonistas, porque siento que esta serie es más coral.

Álex García, en 'El cuco de cristal'

Alejandro García, en 'El cuco de cristal' / JULIO VERGNE / NETFLIX

--¿Pudo hablar con Javier Castillo sobre su personaje?

Nos encontramos un día en Hervás y charlamos un poco, pero estábamos ya en mitad del rodaje. Laura [la directora] lo tenía muy claro desde el principio. En nuestra primera llamada ya nos entendimos perfectamente porque ella tenía una lectura muy similar a la mía. Juntos pudimos crecer con lo que a mí me tocaba del personaje, que era su conexión con la naturaleza y su parte instintiva, y con lo que ella quería sumarle a la hora de relacionarse con la familia, con su amigo guardia civil y con el pueblo.

--Es una historia basada en un 'best-seller'. ¿Le preocupaba que los lectores ya tuvieran una imagen preconcebida de su personaje?

No, cada vez me preocupa menos lo externo. A mí me ocupa contar bien la historia que me toca, estar tranquilo en el set y disfrutar con mis compañeros. El resto es ciencia difusa: no sabemos nada realmente. Cada año que pasa soy más consciente de que sé menos de esta profesión. Todo lo que la rodea es un misterio que, por mucho que los agoritmos intenten descifrarlo, los espectadores demostramos una y otra vez que no hay manera de manejarnos. Incluso lo que ocurre en la semana del estreno influye de una manera que no se puede prever, y eso me encanta de esta profesión.

--¿Cómo gestiona interpretar personajes con tantos matices emocionales como este y otros que ha hecho?

Como un aprendizaje. El mayor regalo de esta profesión es saber que cuando dicen “corten”, todo lo que estás haciendo se acaba. Y eso me sirve para mi vida. Los aspectos que me gustan, los mantengo; los que no, trato de entenderlos y aceptarlos. La clave para mí es que cuando dicen “corten” se termina el viaje del personaje. Y eso, a día de hoy, es lo más sano.

Álex García, protagonista de la serie 'El Inmortal'.

Alejandro García, protagonista de la serie 'El Inmortal'. / David Castro

--¿Se cuida mentalmente de alguna forma más?

Me cuido diariamente. Las rutinas son fundamentales para mí, aunque a veces dé pereza: estiramientos, momentos de silencio o de meditación, parar... Cuanto más me paro, mejor estoy. La interpretación es un juego. A través de los personajes podemos contar historias que entretienen a unos y a otros les hacen reflexionar, y eso es precioso. Pero eso lo consigue un conjunto de todo en el que yo soy solo una pieza más. Si sigo mis rutinas, todo está bien.

--¿Ha sentido algún momento en el que su carrera ha dado un giro? ¿Quizá con 'Antidisturbios'?

No. Giros hay constantemente. Cada dos años digo: “Yo lo dejo, acabo aquí”.

--¿De verdad?

Sí. Eso es muy fácil que les pase a los actores. Pero siempre ganan la pasión y las ganas de contar historias. El mayor giro fue cuando dejé de necesitar la validación externa. Ahí sentí una libertad y una tranquilidad que me acompañan a día de hoy y son un regalo. Pero eso llega con trabajo personal y con hacerse muchas preguntas… y también con saber parar.

--Cuando para, ¿prefiere ver sus trabajos cuando se emiten o elige no hacerlo?

No soy de ir corriendo a verlos. Cuando termino, lo dejo: ya es del público. Durante el rodaje sí pregunto mucho a los directores y no tengo problema en verme para ver lo que funciona y lo que no. Pero después no hago un análisis.

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