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Televisión y Mas

Al final, ¿quién mira la tele?

Al final, ¿Quién mira la tele?

Sergi Mas

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Estoy acostumbrado a escuchar frases como éstas: “La gente joven ya no aguanta un partido de fútbol entero por televisión; tan sólo están pendientes de mirar videos cortos, de consumo rápido y siempre a través de una tableta antes que por la televisión”. Es curioso. Pero a menudo también tengo amigos que me dicen: “Mi hijo se pasó este domingo cuatro horas enteras viendo a un youtuber cómo jugaba partidas en el Fornite”.

Entonces, ¿en qué quedamos: en que desean consumos rápidos, o bien se pasan todo una tarde observando pasivamente cómo otros juegan al League of Legends? ¿Cuan sería la respuesta más cercana a la realidad? Pues las dos. Y creo que no es justo sentenciar con una frase que favorezca a una y que excluya un argumento con el que no comulgamos, como si se tratara de una batalla. Por eso, y ante la duda, consultemos las cifras.

El partido de fútbol entre el Celta y el Barça obtuvo en Catalunya una cuota de pantalla de algo más del 18%, con una audiencia acumulada de casi 450.000 espectadores. Puede parecer una cifra baja, pero recuerdo que este encuentro se ofrecía a través de una plataforma de pago. Y atención, porque aquí está la madre del cordero: de toda la audiencia de ese partido, el 52% estaba compuesta por menores de una edad que oscila entre 4 y 12 años. Cifra importante, teniendo en cuenta que el partido se ofreció entre las 9 y las 11 de la noche.

Otra cifra, también a tener en cuenta: el Gran Premio de Brasil, que emitió Dazn, lógicamente en modalidad de pago, alcanzó una nada despreciable cuota de un 17,3% de share. En este caso las carreras de coches resultan fáciles de entender, porque no hay fueras de juego: salen todos a la vez y alcanza la victoria quien va más rápido. Consumo fácil. 

Y entre tanto debate y demasiadas teorías, ahí la tenemos: los domingos por la mañana, respetuosamente y en silencio, la 2cat emitiendo en directo la Santa Misa; una retransmisión que congrega frente la pantalla a más de 33.000 feligreses. Miren que es fácil: la pública tan sólo pone la parte técnica, mientras que la iglesia completa la escaleta y el guión, siempre previsible por otra parte, llegando a alcanzar un meritorio 6% de cuota de pantalla. ¡Cuántos programas lo quisieran! 

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