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Televisión y Mas

¿Viajar es un placer?

TVyMAS Viernes 7

TVyMAS Viernes 7 / MANU MITRU

Sergi Mas

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La comunicación asertiva es la capacidad de expresar pensamientos, sentimientos, necesidades e ideas de manera clara, directa y respetuosa, sin agredir ni permitir que te agredan, promoviendo el respeto mutuo, la escucha activa y la resolución de conflictos.

Apliquemos esta definición a lo que ocurre en un vagón de metro, una línea de autobús o el Servei de Rodalíes. Y con un inicio tan sencillo que arranca con el sonido de un teléfono móvil.

¿Cuál es la clase de primaria a la que no fue aquel percebe que habla con su interlocutor CON EL ALTAVOZ DE SU MÓVIL A TODO VOLUMEN, permitiendo que el resto del vagón escuchemos que su amiga se ha saltado la clase de pilates?

¿Qué hacemos o qué les decimos a quienes escuchan reguetón en el METRO a toda pastilla sin importar quién tienen al lado? Sí, porque suele escucharse este ritmo bastante más que Vivaldi.

¿Cómo se llama el tratamiento por el que debe pasar quien baja de un vagón de metro LENTAMENTE mientras observa hipnotizado su móvil, impidiendo ese “sube y baja” de los viajeros?

Y tengo más. ¿Cómo es posible que, pese al conocido aviso de “ANTES DE ENTRAR, DEJEN SALIR”, cada vez existan más personas que se colocan estratégicamente en mitad de la puerta cuando se detiene el metro y entran al vagón importándoles un rábano la gente que sale?

¿Para cuándo disfrutaremos del vagón del silencio? ¿Algún día el del respeto? ¿Los viajeros daremos ejemplos de limpieza? ¿Entrará en nuestra nueva normalidad general saludar al conductor cuando entremos en un autobús? Porque lo de ceder un asiento a una persona mayor ya es una utopía, claro… ¿Daremos por normal que algún tiparraco se siente en el Metro de manera normal en un banco de cuatro asientos, sin necesidad de ocupar dos plazas o de ensanchar las piernas?

Tiempos convulsos estos que vivimos, en los que tan solo por advertir a alguien de manera educada que baje el sonido de su móvil puedes recibir un soplamocos, un empujón o una buena hostia. Por tanto, desde el sentido común conviene aplicar la solución más cómoda, a sabiendas de que no sea la más acertada, pero con una consigna clara: a mi edad no tengo misión alguna de reeducar a nadie, con lo cual o miramos hacia otro lado, o cambiamos de tren, o deseamos que el individuo y su móvil de alto volumen bajen en la siguiente parada.

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