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Una soltera de Tarragona llega a 'First Dates' y sorprende a Carlos Sobera con su revelación: "Soy dominatrix, tengo a chicos de mascotas"

Desde el primer instante, la falta de sintonía fue evidente

Soraya, en 'First Dates'

Soraya, en 'First Dates' / MEDIASET

Alexandra Costa

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El restaurante de 'First Dates' ha sido testigo de miles de historias, confesiones y personalidades a lo largo de sus casi nueve años en antena. Sin embargo, pocas veces una declaración inicial ha tenido la fuerza y el impacto de la que protagonizó Soraya, una masajista sensorial de 39 años llegada desde Tarragona. Lo que comenzó como una presentación intrigante ante Carlos Sobera se convirtió rápidamente en uno de los momentos más comentados del programa, demostrando que, incluso después de tanto tiempo, el formato sigue teniendo una capacidad inagotable para sorprender.

Soraya se definió como una chica "normal y poco convencional", un adjetivo que pronto se quedaría corto. Su primera carta de presentación fue un aceite para masajes sensoriales, explicando que se dedicaba a las terapias alternativas para "conectar energías". Pero la verdadera revelación, la que dejó al presentador visiblemente impactado, llegó a continuación. Con una naturalidad pasmosa, Soraya desveló su segunda y más secreta profesión: "Soy dominatrix. Tengo a chicos de mascotas. Hago sesiones y vienen chicos para que les domine". Esta confesión no solo estableció el tono de la noche, sino que también explicó su principal obstáculo en el amor: "Ha sido complicado, no siempre entienden lo que hago, por eso sigo soltera".

Un choque de mundos: la dominatrix y el chef italiano

El programa le había preparado una cita con Federico, un chef y jugador de póker profesional de 37 años de origen italiano. Desde el primer instante, la falta de sintonía fue evidente. Para Soraya, el físico de Federico no cumplía sus expectativas. "No me ha gustado nada. Me gustan los chicos fuertes y grandotes. Quiero sentirme protegida y no que lo tenga que proteger yo con mi fusta", sentenció con una honestidad brutal. Irónicamente, la primera impresión de Federico fue completamente opuesta: "Me atrae. Tiene buen cuerpo y es muy guapa", confesó él, ajeno a la tormenta que se avecinaba.

La cena no hizo más que agrandar el abismo entre ellos. Se toparon con un muro insalvable cuando él, orgulloso de su profesión, descubrió la aversión de Soraya por el mundo culinario. "No me gusta nada cocinar. Tengo un trauma, no me gustan ni los cocineros ni nada que venga de la cocina", afirmó ella. Para empeorar las cosas, las constantes quejas de Federico sobre sus problemas de salud agotaron la paciencia de la catalana, que lo tachó de ser una persona "muy negativa", sentenciando que alguien que se lamenta constantemente solo atraerá cosas malas a su vida.

La batalla por el control: "Nunca intentes dominarme"

El punto de no retorno llegó cuando Soraya decidió ser completamente transparente sobre su trabajo. "Soy masajista y dominatrix. Tengo mascotas humanas", le explicó a un Federico cada vez más desconcertado. Su reacción, en lugar de ser curiosa o comprensiva, fue la de un desafío directo: "¿Por qué me dices esas cosas? Yo soy muy dominante", replicó él. Este fue el detonante de un choque de egos en toda regla. La respuesta de Soraya fue una advertencia rotunda: "Pues nos vamos a llevar mal, porque yo soy muy dominante. No me gusta que me manden, para mandar ya estoy yo. Nunca intentes dominarme porque me vas a dar rechazo".

En sus confesiones a cámara, Federico reveló la verdadera naturaleza de su conflicto interno: "Me explotó la cabeza. Quiero una mujer que esté a mi mismo nivel. No quiero una mujer superior ni inferior. Y con una mujer como Soraya, yo siempre estaría por encima". Esta declaración dejaba clara una incompatibilidad fundamental en su concepción de las relaciones de pareja, haciendo imposible cualquier tipo de conexión.

Un masaje incómodo y un desenlace inevitable

El último intento por encontrar un punto en común tuvo lugar en el reservado del programa, donde Soraya propuso hacerle a Federico uno de sus masajes sensoriales. "No te voy ni a pegar ni a torturar", le advirtió, intentando relajar el ambiente. Sin embargo, la experiencia fue un fracaso total para el italiano. "Me sentí como un gorila en una jaula. Conmigo este relato no funciona", admitió, evidenciando su incomodidad. Aunque Soraya intentó matizar su personalidad afirmando ser también "muy amorosa y servicial", el daño ya estaba hecho.

Como era de esperar, en la decisión final no hubo sorpresas. Ambos coincidieron en que una segunda cita estaba completamente fuera de lugar. La velada de Soraya y Federico se convirtió así en un ejemplo perfecto de cómo dos personalidades fuertes y antagónicas pueden generar una cita memorable para el espectador, pero un desenlace totalmente predecible para sus protagonistas.