Entrevista

Alberto Ammann: "He estudiado mucho el universo psicopático"

El actor protagoniza, junto a Bárbara Goenaga, la serie de Netflix 'La noche más larga'

Alberto Ammann.

Alberto Ammann. / NETFLIX

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Marisa de Dios
Marisa de Dios

Periodista

Especialista en series y programas de televisión

Escribe desde Barcelona

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Alberto Ammann (Córdoba, Argentina, 1978) y Bárbara Goenaga (San Sebastián, 1983) forman pareja sentimental y laboral en La noche más larga, la serie española de Netflix sobre el asalto a una prisión neuropsiquiátrica, Monte Baruca. Interpretan al director y a la psiquiatra de la cárcel y, aunque haya feeling entre ellos, no coinciden a la hora de tratar a los internos del centro. Mientras que para él son simplemente presos, para la doctora son sus pacientes.

Alberto, en La noche más larga vuelve a la cárcel, el lugar donde también se ambientó la película que le lanzó a la fama, Celda 211. Aunque aquí sea como director del centro y, manejando (en teoría) el cotarro. 

Alberto Ammann: Exactamente, manejando el cotarro en teoría, porque en la práctica es todo un poco caótico. También tiene un ingrediente nuevo, que es que se trata de una prisión neuropsiquiátrica. No es solo un thriller de acción, sino que hay un gran espacio para contar en profundidad las necesidades y circunstancias de los personajes que llevan la trama adelante.

¿Cómo definiría a Hugo, su personaje?

Alberto Ammann: Es el director de este centro penitenciario, que ama a Elisa, la doctora que interpreta Bárbara, pero tiene tres hijos que para él son lo más importante en la vida. Cuando se ve atacado, instintivamente defiende ese amor primario por sus hijos y eso provoca que Elisa tenga que afrontar que está en segundo lugar, cosa que es dolorosa. Además, las decisiones que va tomando Hugo para salvaguardar lo propio ponen en riesgo la vida de muchísimas personas.

Elisa, en cambio, durante el asalto de la prisión mira sobre todo por la seguridad de sus pacientes.

Bárbara Goenaga: Ella es psiquiatra y tiene a sus pacientes, a los que entiende y quiere proteger. Pero también está Hugo, su pareja, que pretende defender sus intereses, así que es complicado estar ahí en medio como está ella. 

La noche más larga es un thriller de acción, pero también plantea un juego psicológico al espectador y habla de un tema que está hoy a la orden del día: la salud mental. 

Bárbara Goenaga: En un momento en el que se está hablando tanto de salud mental, queríamos tratarlo con respeto. Así que tuvimos la ayuda de una psiquiatra que trabaja en un centro parecido. Nos ayudó a diagnosticar a cada personaje y, sobre todo, a saber cómo tratar a esos pacientes.

Alberto Ammann: Un poco para crear la relación entre los profesionales y los internos. Además, al ser una prisión neuropsiquiátrica, abre al abanico a la posibilidad de ver grandes interpretaciones de personajes extremos. La mayoría de gente que está ahí ha cometido delitos de sangre por problemas mentales y, al no poder tomarse la medicación porque hay un ataque, eso genera situaciones difíciles de afrontar en medio de esta bola de estrés.

"En la prisión también hay espacio para personajes femeninos"

Bárbara pudo hablar con una psiquiatra como su personaje, ¿usted también estuvo en contacto con el director de una prisión? 

Alberto Ammann: No. Tuvimos una reunión en grupo con esta psiquiatra y yo aproveché para preguntarle cómo era su relación, como directora médica de la institución en la que trabajaba, con el director. Lo que entendí es que son funcionarios que no tienen mayor conocimiento médico, lo cual me ayudaba con esa visión que tiene Hugo sobre los internos. El personaje de Bárbara los llama pacientes y el mío, internos.

En la serie hay personajes femeninos como el de Bárbara, ¿pero no piensan que es una ficción con demasiada testosterona?

Bárbara Goenaga: Ahí estaba yo para bajar esa testosterona. Hay capítulos en los que tienen más peso unos personajes y ahí se junta que algunos tienen más testosterona. Pero está el personaje de Sabela Arán, que tiene varios capítulos con bastante protagonismo y que es una mujer de armas tomar, está el de Cecilia Freire...

Alberto Ammann: Efectivamente hay mucha testosterona porque, en términos de comando de acción, por lo general estamos más acostumbrados a ver hombres. Pero en la prisión también hay espacio para las historias de los personajes femeninos.

¿Hay prevista una segunda temporada? 

Alberto Ammann: Lo estamos deseando. Esperamos que funcione y, así, pueda haber otra.

Después de haber rodado una serie como esta, ¿han debatido mucho sobre si las cárceles cumplen la función de rehabilitar? 

Alberto Ammann: Es muy complejo y difícil. Tal vez la forma en la que se intenta rehabilitar no es la adecuada y hay que ir encontrando otra.

Bárbara Goenaga: Hemos pensado en ello, pero yo no he llegado a ninguna conclusión. Además, ninguna cabecita es igual que otra. Es muy complicado saber quién se podría rehabilitar y quién no, y cómo lo sabes.

De hecho, al gran malvado de esta ficción, el asesino en serie al que da vida el personaje de Luis Callejo, cuesta imaginárselo teniendo una vida normal.

Bárbara Goenaga: Mi personaje trata de entenderlo porque es psiquiatra. Xosé Morais y Víctor Sierra, los creadores de la serie, han conseguido algo muy difícil, que es que puedas entender a todos los personajes, aunque no estés de acuerdo con ellos.

Alberto Ammann: Yo tengo mucha curiosidad por el universo psicopático y los he estudiado mucho, porque he interpretado a algunos. 

Cuando ruedan una serie con tanta acción como esta, ¿la adrenalina se la llevan a casa?

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Bárbara Goenaga: Yo hace años que tuve que aprender a no llevarme nada a casa. Porque si no estaríamos totalmente locos, y eso que ya lo estamos un poco... Tal vez si viviera sola... Pero en mi caso no tiene nada que ver.

Alberto Ammann: Yo creo que también he aprendido lo mismo, porque las tablas te tan algo de eso. Pero me consta que hay gente que vive con su personaje en casa. No debemos olvidar que seguimos siendo un poco niños que quieren jugar a ser un personaje y contar historias, pero hay que saber dejarlo ahí para volver a la vida de cada uno. Es una cuestión de salud mental que hay que cuidar.

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