Tú y yo somos tres

La crítica de Monegal: La pluralidad democrática en el humor

 Sobre Laura Borràs, en el último ‘Polónia’.

Sobre Laura Borràs, en el último ‘Polónia’.

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Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

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Acaban de otorgarse los Premis Nacionals de Comunicació, y en lo que al universo televisivo se refiere han recaído en los programas ‘Crims’ y ‘Polònia’. De ‘Crims’ el jurado ha destacado la buena labor de Carles Porta en los términos: «Ha arriscat sense caure en el sensacionalisme». Estoy de acuerdo. El terreno que trabaja Porta, los sucesos más sangrientos, los asesinatos más horrorosos, es una zona ideal para que el amarillismo se desate y se fomente. Cuando la tele se pone a fabricar impactos emocionales para conseguir más audiencia, lo hace sin ética ni código deontológico ni estética ni respeto. Porta ha sabido transitar por ese hilo manteniendo un equilibrio periodisticamente virtuoso.

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El otro programa premiado, ‘Polònia’, el jurado estima que se lo merece porque después de 15 años en antena ha practicado la sátira política «amb pluralitat democràtica». ¡Ah! Este sí que es un gran tema. La pluralidad democrática de la sátira, del sarcasmo, en definitiva, de lo que llamamos ‘el humor’. Dicen los clásicos de este género que no hay humorista honesto si no respeta esta regla: repartir la dentellada equitativamente. Esta honradez del humor, en TV-3 se ha perdido casi completamente. Los graciosos habituales que salpican sus programas siempre muerden a los mismos. Lo he dicho muchas veces: no son humoristas, son guerrilleros instalados en trincheras. Ni siquiera es un ejercicio valiente: es un sectarismo cómodo, porque el propio artefacto televisivo que les paga, les impulsa y les protege. Pongamos solo, de entre cientos, un ejemplo. Este ‘governet a l’ombra’ que ha constituido el PSC para vigilar y evitar posibles tropelías del Govern, ha sido y sigue siendo objeto de constante cachondeo entre los ‘profesionales del humor’ de TV-3. Es estupendo que lo hagan. Me río y lo celebro. Pero, callan y evitan cualquier sátira o sarcasmo sobre esa fantasía del ‘consell de la republiqueta’ que se ha montado en Waterloo. Sobre eso ni pío. Ni una alusión desternillante o cómica.

De todo este falso humorismo instalado en TV-3, ‘Polònia’ puede calificarse de excepción. Con reservas si quieren, pero es la excepción. En su última entrega le dice Laura Borràs a Pere Aragonès: «Escolta Pere, hem de modificar l’article vint-i-dos punt tres. O sigui, que si m’imputen, ¡no passi res!». Un breve pareado que da sentido a su premio: esa rareza llamada pluralidad democrática en el humor.