Tú y yo somos tres

La crítica de Monegal: En la cama del obispo Xavier Novell solo cabía él

Cuando enseñó su cama a Albert Om (TV-3, 2013).

Cuando enseñó su cama a Albert Om (TV-3, 2013).

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Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

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El frenesí ha sido extraordinario. En plena ‘rentrée’ televisiva, todos los magazines de la tele de este lunes han abordado el tema del ya exobispo Xavier Novell con una afición superlativa.

¡Ah! Esta combinación tan sugestiva de un principalísimo prelado que cuelga la mitra por amor a una dama, divorciada de un musulmán, y escritora de novelas eróticas y demoníacas, este acoplamiento existencial ha seducido en la tele, a partes iguales, a sesudos analistas expertos en temas religiosos y a espumosos cotillas del mundo del corazón. Lo tiene todo esta pareja que conforman la escritora y el obispo. En ‘Planta baixa’ (TV-3) han entrevistado al director de Religión Digital, el portal que ha destapado el asunto, y ha contado que lo ha sabido vía Vaticano, y que allí están muy molestos porque Novell no ha cumplido el pacto al que llegó con el arzobispo de Barcelona, monseñor Omella, según el cual se había comprometido a explicar su caso a su feligresía «Para evitar transformarlo en un culebrón».

En ‘Todo es mentira’ (Cuatro) conectaron con sor Lucía Caram, que estaba encendida y exclamaba: «¡No está en sus cabales! ¡Es un desequilibrado! ¡Un histriónico! Tiene una carrera llena de despropósitos, como los cursos que daba para ‘curar’ la homosexualidad, o cuando echaba de Misa a las jovencitas que llevaban minifalda». O sea, que a Novell le está cayendo la del pulpo. De todo lo que he visto en la tele sobre él, que ha sido mucho, el ejercicio más interesante, más oportuno, ha sido el que ha hecho Albert Om en ‘El matins’ de Lídia Heredia (TV-3). Nos ha sacado trocitos de aquella visita que le hizo a Novell en 2013, en su programa ‘El convidat’.

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Lo recuerdo perfectamente. Se emitió un 23 de septiembre. Albert pernoctó en el palacio episcopal de Solsona, y es el único periodista del mundo mundial que ha estado en el dormitorio del obispo. «¡La cama es muy pequeña!», exclamó al ver el estrecho y reducido lecho del obispo. Y Novell respondió: «Claro, estoy solo. Y, además, yo duermo en posición mortal. Panza arriba. Y no me muevo casi nunca». 

¡Ah! Qué recuperación televisiva más acertada y aguda. Han pasado ocho años de aquello, y Novell seguramente se ha cansado de hacerse el muerto en una cama tan pequeña que parecía un plegatín. No es eso lo que hay que reprocharle a este obispo. Sus retrógradas ideas sobre la homosexualidad, el aborto, el preservativo..., sobre eso sí.