La hoguera

Bajo la mesa de 'El hormiguero'

Pablo Motos, con Trancas y Barrancas.

Pablo Motos, con Trancas y Barrancas. / EFE / ROBERTO GARVER

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Juan Soto Ivars
Juan Soto Ivars

Escritor y periodista

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La semana pasada me invitaron a 'El Hormiguero' y pude estudiar de cerca ese motor de audiencia que lleva funcionando, desde hace 15 años, sin haberse gripado una sola vez. Tenía mucha curiosidad por ver aquello por dentro, mirar detrás de las bambalinas y preguntar a la legión de personas (más de cien) que trabajan cada noche en ese programa cómo es currar allí. Toda mi curiosidad fue satisfecha. Me trataron como al escolar que va, flipado, a la fábrica de yogures en sexto de primaria.

¿Puedo mirar ahí? ¿Qué hay ahí detrás? ¿Vale la pena? Hasta me permitieron echar un vistazo bajo la mesa, que es lo que más curiosidad me provocaba, y así pude ver el zulo donde un par de cómicos pasan la noche con el brazo levantado para encarnar a Trancas y Barrancas. Uno de ellos, Damián Molla, por cierto, es autor de un libro estupendo para chavales con inquietudes en mitología: “Oh, My God” (Martínez Roca). Bien: debajo de la mesa hay algo parecido a la cabina de una nave espacial. Dos asientos, un montón de pantallas y cables. El invitado puede mirar si aparta una cortinilla. No siempre es recomendable.

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'El Hormiguero' podrá gustar más o menos a quien lea esto, pero es del todo indiferente: es el resultado de un trabajo de hormigas coordinadas, y atrae al plató de Motos no sólo a políticos, sino a las estrellas más rutilantes del panorama mundial, si recalan por España. A veces, cuando Marron entra a hacer experimentos o las dos marionetas les someten a cuestionarios surrealistas, estas estrellas hollywoodienses ponen la cara de Bill Murray en el programa de televisión japonés de'Lost in Translation', pero todos repiten. Los pasillos del estudio están empapelados de retratos en blanco y negro firmados, como las paredes de ciertos bares con imán para los famosos.

Hay detrás de todo ese tinglado una filosofía de barra de bar, loca y festiva, que al contrario de lo que sucede con la mayor parte de la hostelería española se asienta sobre sueldos dignos, por lo que yo pude saber. De hecho, esta es una de las cosas que oyes en los pasillos cuando preguntas: Motos es un jefe exigente pero paga muy bien. No se me ocurre que un mecanismo tan complejo como un programa en directo con más de cien personas trabajando pueda funcionar, durante tantos años, de cualquier otra forma. Tomen nota los emprendedores de esto último.