01 dic 2020

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ENTREVISTA

Laia Costa: "Tardé tres años en empezar a decir que era actriz"

La actriz protagoniza un episodio de 'Soulmates', la nueva serie de la cadena AMC

"Me interesa enseñar en pantalla realidades que cada vez más son hoy más normales", comenta

Joan Carol

Laia Costa y Shamier Anderson interpretando al matrimonio de Adam y Libby en ’Soulmates’

Laia Costa y Shamier Anderson interpretando al matrimonio de Adam y Libby en ’Soulmates’ / Jorge Alvarino / AMC

Laia Costa (Barcelona1985) vuelve a la pequeña pantalla con  'Soulmates', una producción del coguionista de 'Black Mirror' y ganador del Emmy William Bridges, junto con Brett Goldstein.  La serie, estrenada en la cadena de pago AMC el pasado 12 de noviembre, cuenta con seis episodios antológicos, siendo la actriz de 'Polseres vermelles', 'Cites' y 'Foodie love' la protagonista del tercero, 'Pequeñas aventuras', que se emite este jueves, 26 (22.10 horas).

'Soulmates' se desarrolla en un futuro cercano (concretamente, dentro de 15 años) en el que una prueba clínica permite conocer al alma gemela de cada persona. En ella vemos temas como el efecto de la tecnología en nuestras relaciones sentimentales, los nuevos modelos de pareja y conflictos existenciales sobre el significado del amor o la felicidad. Laia Costa firma este papel con casi una década a sus espaldas en el mundo de la interpretación y un gran reconocimiento de la crítica internacional. La actriz, que debutó en la profesión en series como 'Toledo' y 'Bandolera', habla en Teletodo de este nuevo trabajo, su camino personal y la complicada situación que atraviesa el mundo de la cultura.

Soulmates tiene un toque de 'Black Mirror', por eso de las innovaciones tecnológicas. ¿Qué diría que es lo que la hace distinta de la serie de Netflix?

Creo que 'Black Mirror' se centra mucho más en la tecnología y a partir de aquí va creando diferentes historias. En cambio, 'Soulmates' es una serie que habla de las relaciones humanas, de la intimidad emocional. La tecnología es solo el contexto, una excusa para poder plantear situaciones extremas que de otro modo no se podrían plantear. Es una excusa y no el centro de la narrativa.


Usted ha participado en muchas producciones donde estas relaciones sociales son el centro de la trama. En su capítulo de 'Soulmates', que se emite este jueves, se presenta un matrimonio poco convencional, que apuesta por una relación abierta. ¿Cree que este tipo de relación puede hacerse cada vez más común?

Yo creo que sí, y es lo que me interesa de las relaciones humanas. En especial 'Soulmates' presenta relaciones poco convencionales de manera muy convencional. En mi capítulo no se pone el foco en la relación abierta de los protagonistas, solo es su contexto. Sirve para explicar que son muy abiertos de mente y que han conseguido ciertos éxitos dentro del tabú social que hay alrededor de un matrimonio abierto, y ellos son felices con esta manera de vivir la vida. Pero el capítulo no es para explicar cómo es un matrimonio abierto, eso es solo el punto de partida.


Usando un término que está tan de moda hoy en día, es una buena forma de mostrar la nueva normalidad de las relaciones sentimentales.

Me interesa mucho enseñar en pantalla realidades que cada vez más son hoy en día realidades más normales, y una cosa que me gusta mucho de Soulmates es que celebra muchísimo la integración de los matrimonios raciales o la homosexualidad, pero en ningún momento este es el foco de la historia. Es un elemento más y esto me gusta mucho porque tengo la sensación de que todo lo que sea integrar realidades que ya existen en nuestra sociedad dentro de las pantallas y las historias que contamos se tiene que celebrar y se tiene que integrar cada vez más.


La influencia es clara con la dirección de Will Bridges, siendo 'Black Mirror' una serie que también tiene episodios independientes.

Juega un poco con este concepto paraguas de ir contando seis historias distintas, independientes entre ellas. El equipo artístico y el director, todo era independiente de una historia a otra. No se han mantenido ni los cámaras, ni los actores. Cada capítulo es una historia independiente. Juega con ese concepto de Black Mirror de dirigir géneros, tonos y narrativas en sitios distintos bajo el mismo concepto.


¿Qué diferencias presenta un proyecto así respecto a una serie normal?

Se parece más a una película. Tiene el ritmo de un proyecto televisivo, porque rodamos como cuando hacemos televisión, pero al final son 40 minutos de material. Una serie exige mucho más tiempo de trabajo. 'Foodie love' tardé tres meses en rodarla. 'Soulmates' he tardado tres semanas. El tiempo de rodaje es lo que realmente representa una diferencia. Si hubiera rodado yo los seis episodios, hubiera estado todo el otoño grabando, que es lo que tardaron en hacer todos los episodios. Realmente el tiempo es la única diferencia.


 Y por lo que respecta a la nacionalidad del producto, con su trayectoria internacional, ¿ve diferencia entre las producciones que se hacen en el extranjero y las españolas?

Una vez estás en el set, el ambiente queda marcado por el director y el equipo creativo con el que trabajas. No hay diferencias, ya sea en InglaterraEstados Unidos o Alemania. Cada vez más dentro de un mismo rodaje hay gente de todo el mundo. En cambio, las industrias sí son diferentes. Algunas tienen más fuerza económica, o se estructuran de determinado modo. Pero al trabajo creativo en el set no le veo diferencias. Ahora mismo estamos en una sociedad tan global que haces una serie en Kuala Lumpur y la puede ver todo el mundo. Eso globaliza también la forma de trabajar.


Usted empezó su carrera artística con la serie diaria de Antena 3 'Bandolera', ambientada en el siglo XIX, y ahora estrena Soulmates, ubicada en un futuro cercano, concretamente dentro de 15 años. ¿Cómo ha sido esta evolución?

Bandolera fue el primer proyecto que a mí me motivó a dejar mi trabajo como ejecutiva de cuentas en una agencia de publicidad en Barcelona y dedicarme durante un año a la actuación. ¡Tardé tres años en empezar a decir que yo era actriz! De 'Bandolera' hasta ahora han pasado casi 10 años y me considero una afortunada por todo lo que estoy haciendo.

La actriz en Bandolera 

¿Cuándo se produce ese momento en que realmente asume que es actriz?

Me costó mucho acostumbrarme, por no ser algo con lo que había crecido, pero podría decir que fue después de 'Victoria' y de ver el impacto que tuvo en el público una película como esta. También por la forma de trabajar en 'Polseres vermelles', donde con Pau Freixas empecé a descubrir el placer de la narrativa, y de ver cómo realmente podía llegar a la gente. Al final, no somos médicos, pero nuestros productos culturales llegan al público de una manera muy especial para algunas personas. El feedback que he tenido con proyectos que han llegado más tarde, en especial a nivel internacional, me ha hecho ver que una pequeña contribución con un papel puede provocar que alguien conecte sentimentalmente. Eso es lo que vale la pena. Es cierto que he tenido un camino un poco extraño, por cómo empecé a actuar, y aunque me ha costado aceptar que esta era mi profesión, la disfruto mucho. Creo que tiene que ver con el hecho de dónde me crié.


¿Qué tiene que ver su infancia aquí?

He podido pasar mucho tiempo en Los Ángeles, una ciudad construida sobre la industria del entretenimiento, el cine y la televisión. Los niños que he podido conocer ahí crecen sabiendo que pueden ser guionistas, productores, actores, músicos… Están muy cercanos a las artes. Donde yo nací y en el colegio al que fui, ser actriz no era una profesión. No había ni el Bachillerato Artístico. Cuando antes de hacer la selectividad me preguntaron a qué me quería dedicar, en ningún momento se me pasó por la cabeza decir que quería ser actriz. No era una opción para mí. Creo que esto se ha visto reflejado en mi carrera personal como actriz, por cómo he tenido que ir ganando confianza en esta industria.

Como todos sabemos, la cultura está sufriendo muchísimo y ahora mismo cuesta mucho confiar en esta industria.
Se trata de un sector bastante complicado. Es muy duro vivir de esto, y si no tienes suerte, necesitas tener una resistencia mental y aceptar que vas a tener que renunciar a muchas cosas para poder tener una carrera artística. Yo me considero una afortunada en este aspecto.

Laia Costa interpretó una versión moderna de la 'Caperucita Roja' en 'Cuéntame un cuento' 

En este momento tan duro para el sector de la cultura, ¿qué mensaje le mandaría al público?

No creo que el mensaje tenga que ser para el público, tendría que ser para toda la sociedad en general. Para los que mueven los hilos y los que son movidos por ellos.


¿Y qué les diría?

Este es un momento muy duro para todos. El 2020 está siendo un reto constante, la gente lo está pasando muy mal y la cultura lo está pasando tan mal como otras industrias. Hay muchos aspectos de la sociedad que se han parado completamente por la pandemia, y creo que tenemos que ser muy conscientes de que ahora más que nunca tenemos que generar estrategias globales.


¿En qué sentido?

La empatía y la tolerancia han de ser prioridades ante un virus como este que no entiende de fronteras ni de colores, y que no es problema de unos u otros. Estamos todos en el mismo bando. La salud tiene que ser la prioridad. Así como industrias como la cultura también deberían de serlo, como todas las que están sufriendo. El mensaje sería que no podemos olvidar que esto es global, y que todo lo que se rompa ahora, costará mucho más arreglarlo dentro de un tiempo.


 Viéndolo con su perspectiva internacional, ¿cuál cree que puede ser la solución?

Es difícil ver la solución, y a mí me preocupa mucho el futuro. Muchas cosas van a quedar tocadas y es importante hacer el mínimo de errores posibles hoy en día, porque como peor se hagan las cosas, más va a costar arreglarlas. El problema es que es muy difícil ponerse de acuerdo y entender al otro cuando no hay diálogo. Tengo la sensación de que a nivel político y de los gobiernos hay mucho ruido hoy en día y nos estamos olvidando de que el problema principal es que hay gente que lo está pasando mal, hay gente que se está muriendo. Tendría que ser una prioridad que todos nos cuidáramos todo lo posible.


Viviendo en Miami, la pregunta es obligada. ¿Cómo ve la situación política actual en Estados Unidos, después de la victoria de Joe Biden en las elecciones y las reticencias de Donald Trump a aceptar su derrota?

Es complicado, es una pregunta muy complicada... Lo que te decía antes, tengo la sensación de que la sociedad se está polarizando y no creo que los extremos faciliten el diálogo. Hay un montón de grises, pero no puedes estar en ellos. O estás conmigo, o contra mí, y creo que este camino no llega a ningún sitio. En especial en un momento como este, un momento de pandemia que hace muchos meses que nos afecta y que la gente lo está pasando mal. Pero el ruido político provocado por los gobiernos de los distintos países nos está haciendo perder la mira de lo que realmente importa, y es que hay gente que se está muriendo. La salud debería de ser la prioridad hoy en día. De nuevo, es una pandemia que no entiende de fronteras y nos afecta a todos. Me sabe muy mal y me cuesta mucho contestar a cómo veo la situación aquí.  Tengo la sensación de que falta diálogo y cuesta mucho no desmotivarse con la situación política mundial en este año que está siendo tan duro para todos.