26 nov 2020

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TÚ Y YO SOMOS TRES

El susto de Isabel II y las hormonas del emérito

Ferran Monegal

El intruso y la reina Isabel II (’The Crown’).

El intruso y la reina Isabel II (’The Crown’).


Ha causado un poco de angustia, y también mucho pitorreo, la última filtración de Corinna, asegurando que al Rey emérito, cesante o dimitido Juan Carlos I le suministran de tapadillo, sin él saberlo, hormonas femeninas para que su acreditada bragueta no vuelva a levantar cabeza. La noticia ha producido gran revuelo en la tele. La virtuosa oficiante del Tot es mou (TV-3) García Melero exclamaba sobresaltada totalmente: «¡Hormonas femeninas para quitarle la fuerza!  ¡Ay, ay, no sé si estoy delirando!». Sí señora, es sobrecogedor. En El intermedio (La Sexta) Dani Mateo también se estremecía: «¡Cuidado! Con tanta hormona femenina, en Abu Dabi puede acabar vestido con burka». Y en el Todo es mentira (Cuatro), muy sobrecogidos, añadieron: «En los Emiratos Árabes en lugar de Juan Carlos acabarán llamándole Scherezade». O sea que la tele se cimbrea entre el espanto y el cachondeo.

Y mientras nos entretenemos con esto, en la plataforma Netflix acaban de colgar la cuarta temporada de The Crown. En el quinto capítulo nos cuentan que también ha habido sustos tremendos en la monarquía inglesa. Escenifican aquella visita de un intruso, un pobre pintor de brocha gorda llamado Michael Fagan, que estaba en el paro, y consiguió entrar en el Palacio de Buckingham y meterse en la alcoba de la reina Isabel II. Ocurrió una madrugada de julio de 1982. Estaba la Reina durmiendo y se despertó con un señor sentado en una esquina de su cama mirándola con detenimiento. ¡Ah! El susto debió de ser muy regio, en efecto.  En esta serie han recreado el momento con mucha imaginación. Seguramente nada tiene que ver con lo que de verdad pasó entre el parado y la Reina. Fagan le dice, sin ira, pero con contundencia: «No tengo problemas mentales,  es que simplemente soy pobre. El Estado ya no existe. Thatcher lo ha desmantelado. El derecho a trabajar, a ponerse enfermo, a ser viejo, a ser frágil, a ser humano..., ha desaparecido totalmente». O sea que la serie le ha dado a Fagan un honroso papel: el de la voz del pueblo.

Hombre, si un Fagan español se hubiese colado en La Zarzuela buscando a Juan Carlos I cuando todavía era Rey, lo que es seguro es que no lo habría encontrado. Quizás en La Angorrilla, quizá en Suiza, quizá en Botsuana... ¡Ah! La gran diferencia de la monarquía inglesa es que el pueblo sabe dónde duerme su Reina.