05 jul 2020

Ir a contenido

TÚ Y YO SOMOS TRES

Las listas negras, las muertes indignas

Ferran Monegal

Yi Bing en ’El hormiguero’.

Yi Bing en ’El hormiguero’.

En El hormiguero, esta semana, se han asustado al escuchar lo que ha contado su colaboradora Yi Bing. Contó que el gobierno de China ha conseguido el control absoluto de su ciudadanía. A través de cámaras, teléfonos móviles y toda la parafernalia informática que nos envuelve, saben lo que hace todo el mundo.

Dan puntos a los que consideran buenos y se los quitan a los señalados como malos. Los malos son incluidos en la llamada Lista negra, que es pública. Te ponen la foto y tu nombre en grandes pantallas por todo el país. Quedas señalado e identificado. Las pasas canutas para poder vivir con la normalidad que lo hacen los considerados buenos. Pero después de la advertencia de Yi Bing, en El hormiguero se relajaron al pensar, con alegría, que eso solo pasa en China. Error. Las listas negras también existen aquí.

Cada cadena de televisión, por ejemplo, tiene su lista de malos. Aunque sean personalidades relevantes no se les invita o entrevista nunca. Ni se les da trabajo sin son del oficio. En política pasa lo mismo. Y este maniqueísmo ha cuajado en la sociedad hasta el punto de que todo aquel que no comulga con tu ideología es malo, y es lapidable incluso.

Durante esta pandemia han ocurrido dramáticos sucesos que demuestran el arraigo de las listas negras. El jueves, en El intermedio (La Sexta) Andrea Ropero entrevistó a Recesvinto Valiente, que lleva 20 años trabajando en una residencia de la tercera edad. Contó lo que ha visto y vivido: «Había una instrucción verbal de que no se llevara a ningún ingresado en residencias, por grave que estuviera, de coronavirus o de cualquier otra enfermedad, a ningún hospital o clínica». Y añadió este sanitario: «De 8.600 fallecidos que ha tenido la Comunidad de Madrid, 6.000, un 70%, ha sido en residencias geriátricas». Eso también es una variante de lista negra, sí.

No he visto en la tele ningún reportaje específico dedicado a estos miles de ciudadanos de Madrid, Catalunya, Galicia... condenados a una muerte indigna. Murieron sin la asistencia hospitalaria que merecían. Les metieron de incógnito en una caja de pino. Y les mandaron un wasap a las familias diciéndoles que pasaran a recoger el cuerpo, o las cenizas. Un acercamiento de la tele a estas familias sería lo mínimo que podríamos hacer para intentar mitigar la vergüenza colectiva.