TÚ Y YO SOMOS TRES

El miedo al virus se mitiga con humor

Método garrafa de plástico en la cabeza.  

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En  el estimable programa especial dedicado al coronavirus que acaba de emitir TVE-1, su presentadora, Rosa María Molló, nos invitaba a relexionar sobre cómo combatir el miedo. Hablando con expertos, expertos de verdad en la investigación clínica y sanitaria, llegaron a la conclusión de que en esta epidemia la emoción ha colonizado la razón. Y que del contagio emocional surge inmediatamente el espanto. El pavor. Estoy de acuerdo. Les advertí hace unos días que si por un casual, haciendo zapping, caen de pronto en un aquelarre de tertulianos a granel de esos que sin ser expertos en nada opinan de todo, huyan inmediatamente. La infección por contagio televisivo que pueden provocar es casi peor que la que causa el propio virus corona. O sea, y en primer lugar, consuman programas que aborden el tema seriamente, con expertos.

Otra medida efectiva, en el plano psicológico personal, es desdramatizar usando el humor. El otro día la popular colaboradora de El hormigueroYibing Cao, nos decía que en su país (China) esta circulando entre la población este golpe chistoso: «Desde que hay coronavirus han aumentado los divorcios. Muchos matrimonios, obligados a estar juntos las 24 horas del día, encerrados en casa por la cuarentena, se han dado cuenta de que no se soportan». ¡Ah! Podríamos considerarlo una variante suigéneris del famoso humor amarillo. Nos provoca carcajadas que ayudan a acombatir el miedo.

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En El intermedio del miércoles le pusieron a un transeúnte una garrafa de plástico, de esas de cinco litros, por la cabeza, a modo de escafandra, y le dijeron que estaría protegido perfectamente.  El ciudadano se prestó a la broma y la imagen que se consiguió fue muy divertida y jocosa.

Además de hacer programas serios con expertos que nos transmitan información fiable y solvente, programas que eviten el sensacionalismo, el cotilleo o el simple pourparler para llenar horas de tele, además de tener el derecho a una televisión responsable, me parece positivo para la audiencia que los humoristas también aborden el tema. No es banalizar la gravedad de la epidemia, es somatizarla de forma irónica para que no nos reconcoman la ansiedad y el miedo. La comicidad es el mejor antídoto del pavor. Por eso el fanatismo ideológico es el gran enemigo del humor.