TÚ Y YO SOMOS TRES

El sistema de la corrupción perfecta

El juez Castro, en ’¿Dónde estabas entonces?’.

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Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

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De los muchos sucesos importantes que ocurrieron en el 2007, que es el año en que se ha detenido esta semana Ana Pastor con su ¿Dónde estabas entonces? (La Sexta) quisiera resaltar un momento de altísima luminiscencia: cuando nos relataron que en ese año estalló el caso Palma Arena. ¡Ah! Las corruptas martingalas que allí se produjeron tenían a Jaume Matas como gran artista escénico, entre otros.  Y el programa ha visitado a aquel valeroso juez que se enfrentó a todos, José Castro, y le ha pedido que hable, que recuerde todo aquello. Ha hecho un resumen, escueto, pero de una intensidad tremenda. Políticamente, judicialmente y sobre todo socialmente, lo que dijo nos atañe a todos. Después de señalar que el gerente del PP, cuñado de Matas,  acabó por reconocer que había una caja B en el  Partido Popular, el juez Castro advirtió con un rictus de tristeza: «Intentamos que ese lucro (léase latrocinio) se pudiera demostrar. Fue imposible. Ningún empresario dirá nunca que ha dado dinero a algún político».

Efectivamente. Desde algunas zonas de la más alta y poderosa aristocracia política se ha conseguido un sistema de corrupción perfecto. La clave es manejar nuestro dinero (impuestos) y saber moverlo. Se añade a toda contratación de obra pública un apartado, opaco, de comisiones. El empresariio las paga encantado porque el político corrupto que firma la adjudicación le permite, incluso le aconseja, elevar el presupuesto para que salgan los números. Y ganan todos. Gana el partido (una parte de la comisión), gana el político (otra parte para él) y gana el empresario, porque hace la obra con un presupuesto hinchado esplendorosamente. ¡Ah! Es maravilloso. Sistema perfecto. Al fin y al cabo, pagamos nosotros. Democráticamente. El pueblo.

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Y el juez José Castro concluyó: «Lo único que se pudo demostrar es que hubo un incremento de patrimonio enorme». O sea, que a Matas solo se le pudo meter un tiempo entre rejas porque no pudo justificar alguna de las colosales compras que hacía y el portentoso aumento de su patrimonio. En Al Rojo Vivo acaban de hacerse eco de lo que acaba de destapar OK Diario: la fiscalía de Suiza investiga una transferencia de 65 millones de euros de Juan Carlos I a su entonces pareja sentimental Corinna. ¡Ah! Hablando de comisiones, parece ser que las de Arabia Saudí esas sí que eran la pera.