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'Spécialité espagnole' en 'Catalunya nord'

 Chiringuito de churros en Perpinyà (A-3). 

Se lee en minutos

Visiones de las cadenas públicas sobre l’aplec de Perpinyà. La mirada del Telediario (TVE-1) resaltó: «Una vez más se ha evidenciado la división del independentismo»; y lo argumentaron: «Puigdemont dijo que hay que preparar la lucha definitiva, pero ni una palabra acerca de la mesa de diálogo, cosa que chocó con el vídeo de Junqueras a favor del diálogo y que no gustó a la multitud» y nos pusieron los silbidos que parte de la multitud le dedicó a Junqueras. Es correcta esta analítica argumentativa. Y más escuchando también la intervención de la señora Ponsatí (la mesa de diálogo es una «enganyifa»). División que además fue advertida al día siguiente ante las cámaras por el político Joan Mena (En Comú Podem): «El señor Puigdemont sabe que aquí la única enganyifa.

En TV-3  ha ocurrido lo habitual. O sea, en lugar de mirar y contar, se transformaron en animadores del evento y actuaron como cheerleaders. El viernes dedicaron la jornada al calentamiento de motores para que la cita del sábado fuera un éxito de público. Se instituyeron en una mezcla perfecta de publicistas de una determinada ideología y guías turísticos. Ha sido curioso el plus que en esta ocasión han impulsado acerca de la reinvención del territorio y la geografía política. Insistían en que «¡Puigdemont, Ponsatí i Comin tornen a Catalunya!», o que ya están en «¡Terres catalanes de la Catalunya nord!», introduciendo también el concepto de que los que acudían eran «Catalans de la Catalunya sud». Este tipo de anhelos geográficos, sentimentalmente muy legítimos para quien los sueñe así, TV-3 los trabaja como si fueran realidad y los repite una y otra vez para que la audiencia lo asimile como si fuera una auténtica y real categoría político-admnistrativa.

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De la mirada de las cadenas privadas, resaltemos las Noticias de A-3 TV. Le dedicaron al evento aproximadamente un minuto. Y de este minuto, casi la mitad estuvo dedicado a la gracia que les hizo que los participantes hicieran cola ante un chiringuito que vendía churros «spécialité espagnole».  O sea, unas risas. Discrepo mucho. Sarcasmos sobre los impulsores de estas ensoñaciones religiosas, y sobre los que de ellas viven, los que quieran. Sobre los cientos de miles de personas de buen fe que se lo han creído, por mi parte broma ninguna. Por respeto mínimo.