11 ago 2020

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PRESENTACIÓN EDITORIAL

Toni Cruanyes: "Ni la gente es tan tonta ni TV-3 adoctrina"

El editor y presentador del TeleNotícies presenta su libro 'Un dels nostres. Identitats en conflicte a Catalunya'

Luis Miguel Marco

Toni Cruanyes, en la sección infantil de La Casa del Llibre, antes de la presentación de su libro, en enero.

Toni Cruanyes, en la sección infantil de La Casa del Llibre, antes de la presentación de su libro, en enero. / MARTÍ FRADERA

El auditorio de la Casa del Llibre se quedó pequeño el martes para la presentación del libro del editor y presentador del 'TeleNotícies' Toni Cruanyes (Canet de Mar, 1974). ‘Un dels nostres’ (Edicions 62) es un ensayo en el que el periodista se pregunta qué queda de la identidad catalana más allá de la política, donde cuenta las tensiones vividas cuando el piloto rojo no está encendido y donde aborda su propia identidad, también la de un hombre feliz de haber formado una familia junto a otro hombre.

-Acabo de ver su libro colocado en la estantería junto al de Ernesto Ekaizer 'Cataluña Año Cero', el 'Persistim' de Gemma Aguilera y Jordi Turull, el 'Entre togues i reixes' de Joaquim Forn y debajo del 'Sé Feliz ya' de Alicia Carrasco. ¿Qué le sugiere?

- Ja, ja, ja. Está bien situado ya veo. Entre libros del 'procès' y de autoayuda.

-¿Hay autoayuda en su ensayo sobre la identidad?

-Dadas las circunstancias, un poco sí. Una voluntad del libro es ser un consuelo frente a todo lo que estamos viviendo. He intentado buscar un tono optimista y de reconciliación, ahondar más allá de los clichés y los tópicos. Que todo el mundo pueda ser 'Un dels nostres', que cuanto más seamos, mejor.

-La identidad viene ligada a los orígenes y los suyos hay que buscarlos en Canet. Hijo de maestra y nieto de alcalde.

-Exacto. De hecho es la historia de un abuelo franquista y otro republicano que hizo que mi familia fuera muy abierta por un lado, pero también muy prudente, donde no se decían muchas cosas para no entrar en polémica. Este es un gen muy propio de la posguerra que nos han trasladado a otras generaciones.  

-Se ha quitado la corbata de presentador, pero no se ha desmelenado mucho.

-Es que soy un buen chico. Ja, ja,ja. Siempre he intentado cumplir las expectativas que se esperaban de mí en casa. Hombre, yo creo que me he desnudado un poco. Explico cosas bastante personales, que me daban cierta vergüenza. Hablo de la identidad colectiva pero también de la mía. En un mundo lleno de etiquetas, yo me defino como catalán, como europeo, como periodista, como hombre, como homesexual...   

-Ha sido una salida del armario por escrito, pero era vox populi.

-Totalmente. Pero si hablaba de identidad no podía dejar de hacerlo. Pero es una reivindicación para contar que salir del armario en mi adolescencia no fue tan fácil. Quería poner, negro sobre blanco, que yo también he sufrido discriminación en algún momento de mi vida y que no hay que bajar la guardia a la hora de defender los derecho de la comunidad LGTBI.

-Usted mismo ha tenido que informar de un rebrote de denuncias del colectivo y no en Moscú, aquí en Girona, en Barcelona.

-Es muy grave que a estas alturas del siglo XXI todavía estemos contabilizando denuncias.

-¿Está disfrutando la paternidad?

-Mucho. Mi marido y yo estamos muy felices. Tenemos un niño, Elies, que tiene ya 5 años. Vendrá ahora con los abuelos. 

-Utiliza el verbo acompañar cuando está informando en directo desde el plató. ¿Así lo siente?

-Sobre todo en estos últimos años en que hemos explicado noticias muy graves, la semana pasada los efectos del temporal Gloria, los atentados de La Rambla y Cambrils, los continuos reveses políticos e internacionales, la crisis económica... Creo que la gente necesita que la acompañemos, que esta relación que se ha establecido al meternos en su casa cada noche a las 9 tenga algún tipo de retorno. El libro es también un poco eso: aquí les enseño también un poco de mi intimidad.

-También lo ha escrito porque está harto de que le digan que TV-3 adoctrina.

-TV-3 ha estado en el punto de mira, en el blanco de los ataques del nacionalismo español y de medios de comunición que buscaban explicar lo que pasa en Catalunya a través de la teoría del lavado del cerebro. Ni la gente es tan tonta ni TV-3 adoctrina. No tenemos ese objetivo. Hemos hecho el periodismo que tocaba, con errores evidentemente y estaría bien que hiciéramos autocrítica. Es hora de hacerlo. Pero este libro está escrito sobre todo en defensa propia.

-¿El detonante fue el 1-O?

-Sí. Sentí la necesidad de mostrarme fuera de las cámaras. Sentía que tenía una obligación.

- Qué seis años se la tocado narrar, con lo bien que estaba de corresponsal en París.

- Cada día no dejo de soprenderme de todo lo que está pasando, pero no solo de la política. Estoy pensando en la emergencia climática. Y en cuestiones como la que estamos viendo estos días en que se conmemora el 75º aniversario de la liberación de Auschwitz. Abagamos con el fin de la barbarie cuendo el odio global crece.

-En el capítulo 'Les paraules del president' habla de Jordi Pujol y de aquella definición: "Catalán es todo aquel que vive y trabaja en Catalunya". Y usted señala: Bueno. El que puede trabajar.

-Ese es uno de los problemas: que no todo el mundo tiene trabajo. La brecha cada vez mayor entre la gente que se siente excluida del sistema y esa no es la sociedad que queremos. La definición estaba bien porque prescindía de etiquetas pero estamos construyendo una sociedad en que todo eso se está poniendo en duda. 

-¿Y es verdad que estuvo hablando con Pujol de sexo?

-Sí. En el momento en que se iba a legalizar el matrimonio homosexual y él estaba en contra montó una cena con varios homosexuales para que le explicáramos, para que le intentáramos convencer y acabamos hablando del significado del sexo. Mara Ferrusola no estaba esa noche. Hubiera sido demasiado.

-Su hijo, Elies, ¿conocerá una Catalunya república independiente?

-No tengo ni idea,  pero espero que él tenga la posiblidad de decidirlo.