26 sep 2020

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TÚ Y YO SOMOS TRES

Huesos de cristal, la fragilidad de la ternura

Ferran Monegal

David disfrutó en ’La Marató’ (TV-3).

Cada año, con la llegada de La Marató, mi reconciliación con TV-3 es absoluta. Momentánea, pero omnímoda. Qué bien trabaja este programa la solidaridad y el altruismo. Esta vez la incentivación, la inducción que practican, merece todo el aplauso sin reserva alguna. Enfermedades minoritarias. Ese era el tema de sensibilización hacia la ciudadanía. Pues pongamos el caso de David, un niño que a pesar de sus poquísimos años de edad ya ha sufrido 15 fracturas. Padece osteogénesis imperfecta, o sea, huesos de cristal. Salió acompañado de sus padres. Nos robó el corazón enseguida. Tierno, simpatiquísimo, vivísimo en sus expresiones, agarró el micrófono de Lídia Heredia y nos lanzó un «¡Hola!» que penetró en nosotros con una intensidad que no olvidaré nunca. David podría ser el resumen, la síntesis, de todo lo que vimos y sentimos en esta excelente jornada televisiva. Me interesa poco resaltar los millones que se han conseguido. Son fundamentales, eso es indiscutible, pero ese discurso de que Catalunya, los catalanes, somos más generosos, más desprendidos, más de lo más que los otros, es una delectación con la que no comulgo. Si tengo que comulgar lo hago solidarizándome con los casos que ese día TV-3 me ha puesto delante de los ojos, y con el trabajo coral de una cadena que en esta ocasión sí ha recobrado su esencia pública. Visibilizar las enfermedades minoritarias con la delicadeza, el acierto, la emoción que en cada caso ha desplegado TV-3 y sus profesionales, ha sido ejemplar.  El tridente Mónica Terribas, Jordi Basté y Josep Cuní –y una multitud detrás de ellos haciéndolos posibles– han funcionado a la perfección. Lo de Quim Masferrertrotando, incansable, por Catalunya, ha sido sencillamente ciclópeo.  Le felicito. Ha dinamizado la jornada cómo solo él sabe hacerlo. Se ha movido como un torbellino. Comprendan que evite emplear la palabra tsunami, porque ahora la han impregnado de ideología.

El único reproche que le puedo hacer a Masferrer es haber despedido tan espléndida jornada televisiva exclamando precisamente «Ho tornarem a fer!». Ya sé que no es bueno reprimirse, pero yo prefiero otro eslogan que también lanzó en su vibrante final: «La Marató és coneixer, aprendre, compartir». Si añadimos ahí su célebre «Sou molt bona gent!», recobraremos todo su sentido.