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Thais rendida ante el diputado Zamarrón

Ferran Monegal

Agustín Zamarrón y Thais Villas. (La Sexta)


Se ha convertido en una estrella. Al diputado con más años del Congreso, el doctor y político del PSOE Agustín Zamarrón, las teles le buscan y le entrevistan con fruición desde que en mayo de 2019 fue elegido Presidente de la Mesa de Edad.  

Es hombre de ademanes enjutos y de culto verbo. Practica la ironía con visos de maestro. Cuenta 73 años de edad, y los adorna con una chispa y una viveza argumental que ya quisieran tenerlas el resto de sus compañeros y compañeras. El mejor encuentro que hemos visto, de largo, en la tele, se acaba de producir ahora con Thais Villas en El intermedio.  

Le pidió que le enseñara el hemiciclo. Zamarrón contestó: «Por mí, y para enseñárselo a usted, hemiciclo no, ¡entero!». Impresionada Thais ante la suntuosidad del lugar, y más aún junto a guía y preceptor tan estupendo, le pidió, embelesada, que dijera alguna cosa acorde con el momento. Zamarrón se lo dijo en verso: «El divino esplendor de la belleza / Pasada dulcemente por mis ojos / Mi afán cuidoso causa / Y mi tristeza».

¡Ah! Eligió el diputado al poeta del Siglo de Oro Fernando de Herrera, al que en Sevilla llamaban El divino por su enorme talento como versificador.  Y Thais, al escuchar aquellos versos, cayó rendidamente apasionada sobre el pecho de Zamarrón, y le decía «¡Agustín, que le tiro encima de la mesa de las taquígrafas y hacemos aquello de El cartero llama dos veces!». ¡Ahh! Hay momentos que me reconcilio con la tele.

Pero hubo otro instante, de una retranca soberbia, que merece resaltarse también. Fue cuando el diputado advirtió que daba las gracias a los humoristas de la tele, porque se fijan en él y le dedican comentarios y ocurrencias. Lo decia con una sinceridad, trufada de ironía, deliciosas: «¡Me gusta tanto que se rían de mí! Me hacen entender mejor el cubismo y a Picasso» advirtió sonriendo.

 ¡Ahh! Me descubro ante Zamarrón. La esencia del cubismo es, precisamente, lograr la perspectiva múltiple a base de ir descomponiendo la figura en planos paralelos. O sea, este diputado sintetizó en un momento la realidad de sus compañeros en un pleno, y su reflejo en un programa de humor. Mientras las figuras de sus señorías se van descomponiendo en sus birriosas intervenciones, el sarcasmo de la tele recompone la delirante perspectiva que ofrecen, y nos tiramos de risa por el suelo. O de tristeza.