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TÚ Y YO SOMOS TRES

Hogueras de hoy, cenizas de hace 50 años

Ferran Monegal

 Carmen Lomana y Òscar, en Tele 5.

El viernes por la noche ardía de nuevo Barcelona a manos de la oscura cara b del tsunami, según algunos analistas. A manos de infiltrados ajenos al tsunami, según algunos otros no menos cualificados. Elijan ustedes la opción que les parezca más acertada. El reloj del especial Al rojo vivo de la Sexta marcaba las 23.52. Nos enseñaron que las llamas casi llegaban a los balcones del segundo piso de un inmueble de la calle de Roger de Flor. Vimos entonces que un vecino, consternado, salía con la manguera de regar los geranios para intentar apagar la hoguera de los bárbaros. No consiguió aquel voluntarioso ciudadano sofocar del todo las llamas, pero, gracias a su acción,  cuando llegaron los bomberos la hoguera quedó reducida a cenizas más rapido. ¡Ah! Mientras aquel fuego de la calle de Roger de Flor ya solo eran brasas humeantes, en la cadena Tele 5 –que van a su bola y no se mueven de su microcosmos privado– también nos enseñaron unas cenizas muy particulares. Fue en el programa Volverte a ver. Apareció  la celebrity fashion Carmen Lomana y pidió que le buscasen a un pollastre, Óscar,  con el que tuvo un hoguera pasional hace 50 años atrás, y desde entonces no se habían vuelto a ver jamás. ¡Ah!  Lo encontraron. Concretamente en Tenerife. Y lo llevaron al programa.

La señora Lomana estaba muy nerviosa cuando se enteró que su pollastre del pasado estaba detrás del biombo de invitados. «¡Estoy taquicárdica!», decía con inquietud. Y añadió retrocediendo mentalmente 50 años atrás con una vibración muy especial: «Es que Óscar era guapísimo. Guapísimo. Estaba entre Alain Delon y James Dean. ¡De traca, de traca!». ¡Ah! Estaba entre El Tulipán Negro y Rebelde sin causa. ¡Sí que debió ser hermoso ese pollastre, sí! Pero claro, después de medio siglo, resulta que Todo verdor perecerá, como decía Eduardo Mallea en una de las novelas más importantes y menos conocidas de aquello que se llamó el boom latinoamericano. No obstante, Carmen Lomana, que es una dama delicada, y muy educada, acogió aquellas cenizas del pasado con un cariño extraordinario. Se abrazaron tiernamente cuando retiraron la mampara que les separaba. Hombre, este tipo de ejercicios, tan domésticos, hasta cursis, son de vuelo muy rasante. Pero hay que reconocer que al menos da gusto evocar una hoguera que brotó fruto de la pasión, y no de los vándalos.


 

Temas: La Sexta Tele 5