TÚ Y YO SOMOS TRES

La sensatez de una cabra sin trincheras

La cabra no quiso entrar en ’Viva la vida’.

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El otro día la presentadora de Viva la vida (T-5), Emma García, comenzó su programa muy entusiasmada. Había quedado encantada con el desfile de las Fuerzas Armadas. Y nos dijo que había preparado una performance sobre la marcha para rendirles homenaje. El número consistió en disfrazar de legionarios a su troupe de colaboradores, ayudantes y cotillas en general.  Hombre, le salió un show un poco macarrónico, la verdad. Pero hubo algo interesante. Resulta que también convocaron a una cabra, disfrazada de cabra de la Legión, y vimos que la llevaban arrastrando entre dos porque la cabra no quería entrar. Mientras todos hacían el cutre jolgorio, la cabra se resistía heroicamente a participar. Hasta el punto que la propia Emma García acabó exclamando: «Bueno, si la cabra no quiere entrar, que se quede fuera». Efectivamente. La bestia se retiró con una dignidad muy grande.

¡Ah! Han tenido suerte los de Viva la vida. Si llegan a forzar a la cabra ya sabemos lo que hubiera pasado. Se hubiera colocado en medio del plató y hubiese procedido a efectuar una larga y cálida meada, probablemente acompañada de una inmensa cagada. No es una suposición mía. En estos casi 30 años que llevo intentando analizar la tele doy fe de que siempre que han forzado a un animal, un animal de verdad, a participar en un show televisivo, se pone a orinar y a defecar. Es su modo de protestar. Recuerdo que, una vez, cuando la señora Campos estaba en activo, colocó una vaca en su plató. Y aquella vaca se puso inmediatamente a evacuar una meada tan colosal que casi tienen que salir en barca. En otra ocasión, en un programa de Núria Roca (Waku Waku,  TVE) sacaron a una llama. Y la bestia comenzó a lanzar escupitajos y los dejó a todos pringados de salivazos.  ¡Ahh! Qué sensatez y sabiduría la de la cabra, la vaca y la llama.

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En su Late Motiv (#0), Buenafuente acaba de decir que lo que pasa en Catalunya es culpa de políticos que están sembrando «más odio que diálogo» y que «nos empujan hacia trincheras que no queremos estar». Esta vez estoy con Buenafuente. Pero además de los políticos también hay otros instalados en zanjas. Falsos informadores, opinadores por cuenta ajena, tertulianos de consigna..., nos disparan desde la tele a diario. La audiencia deberíamos hacer como los animales: evacuar en cada trinchera que nos quieren instalar.