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TÚ Y YO SOMOS TRES

Revilla, el 'Ecce Homo' de Cantabria

Ferran Monegal

Revilla, ante su propio monumento (La Sexta).

Es un talismán. Pisa un plató y la audiencia se dispara. Y no es un fenómeno nuevo: lleva años concitando la atención del público televisivo de manera colosal. Del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, estoy hablando. En La Sexta noche lo saben bien. Cuando ven que la audiencia les flojea un poco, llaman a Revilla, le mantienen 60 o 70 minutos en pantalla,  y les arregla la noche del sábado. Esta semana, entre otros muchos temas, se detuvieron ante ese curioso fenomeno escultórico que ha florecido en la localidad cántabra de Polaciones. Resulta que los vecinos le han edificado a Revilla un monumento, un bajo relieve para ser exactos. A la vista del trabajo, obra del artesano Vicente Diestro, ha surgido un poco de cacao. Parece que Revilla no está del todo complacido. En La Sexta le han sacado el tema. Y Revilla, que es listo, se ha dado cuenta de que lo mejor es tomárselo con humor y declaró: «Estoy sin cuello, con la cabeza encajada en los hombros, las orejas enormes..., pero hay cantidad de autocares llenos de gente que van allí a hacerse la foto, o sea como el Ecce Homo de Borja» y los presentadores, Iñaki Verónica, se desternillaban. Hombre, la escultura es singular. Le ha salido al artesano un Revilla más cercano al Planeta de los simios que a la presidencia de Cantabria. Pero no es nuevo en la historia del arte que el modelo se rebele contra el artista que lo plasma.

EL CASO DE PAOLO VERONESE .– Esta misma semana hemos tenido un caso que nos puede iluminar. Ramon Gener, en su estupendo This is Art (TV-3), se ha incrustado en el cuadro de Paolo Veronese Cena en casa de Leví. ¡Ah! Este lienzo es un ejemplo de lo que hablábamos antes. Los dominicos encargaron a Veronese una Última Cena, y el la pintó a su aire: una estancia enorme en donde además de Jesús y sus apóstoles hay bufones, niños, perros, soldados, criados y hasta un carnicero armado con un trinchante. Los dominicos quedaron horrorizados. Le acusaron de haber transformado la Santa Cena en las Bodas de Caná. Y le mandaron al Tribunal de la Inquisición para que le pegaran un repaso. Ante el interrogatorio, está documentado (Baschet 1867, Rizzoli Editores 1968) que Veronese contestó: «Nosotros, los pintores, nos tomamos las licencias que se arrogan los poetas y los locos». ¡Ah! Los inquisidores, por una vez, se apiadaron.