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docuserie de dkiss

Relaciones maternofiliales al límite

Kathy y Cristina, protagonistas de 'Menuda madre', explican hasta dónde llega su estrechísimo vínculo

Inés Álvarez

Kathy y Cristina, protagonistas de ’Menuda madre’ en DKiss. 

Kathy y Cristina, protagonistas de ’Menuda madre’ en DKiss.  / DKISS

Muchas madres e hijas dicen que no pueden vivir la una sin la otra. Es una manera de expresar su gran amor. Pero algunas llevan esto al límite, como muestra la docuserie de DKISS Menuda madreEn ella se muestra las historias de cuatro madres e hijas que tienen una relación que más que maternofilial parece de unas amigas más que inseparables, ya que comparten todo, visten igual e incluso duermen juntas. Una relación que para muchos podría llegar a ser tóxica.

En el programa de este lunes, 23 (DKISS, 21.45), aparecen Kathy y Cristina, una madre e hija norteamericanas con un vínculo tan fuerte que les lleva a compartir casi todos los aspectos de su existencia. Y lo explican sin miedo a no ser comprendidas.

"Nosotras planeamos cada día con una llamada telefónica para decidir qué haremos. Comemos, vamos de tiendas, de vacaciones, al cine, a las citas médicas, nos hacemos las uñas y vamos a la peluquería siempre juntas", explican a EL PERIÓDICO. "Y muchas veces vestimos igual. O al menos con colores coordinados. Compramos en las mismas tiendas y a veces compartimos ropa".

Problemas con el novio

Su más que estrecha relación se inició en el mismo momento del nacimiento de Cristina. "No era algo extraño. Era amor. Hemos creado un vínculo especial desde el comienzo que se ha hecho cada vez mayor", añade Kathy. Algo que al principio no comprendía el novio de la madre, por lo que le reclamaba mucho tiempo para él. "Pero ahora ha aceptado nuestra relación madre-hija y no se interpone. Nuestras parejas entienden cómo de especial es lo nuestro y se mantienen al margen", asegura,

También han logrado ser comprendidas por su familia. "Aunque la política piensan a veces que nuestra relación es un poco extremada. Pero también se ha dado cuenta que nadie podrá romper este vínculo especial", sostiene Cristina. Además, ellas no creen que una relación de amor entre un padre y su hijo pueda ser tóxica. "Mi madre solo quiere lo mejor para mí y mis hermanos. Si cada vez hace mayor nuestro vínculo es porque no quiere que nada nos haga daño. Sus intenciones son siempre las mejores", afirma.

Pese a su enorme dependencia, cada una vive en su propia casa. Porque, eso sí, tienen su propia pareja. Eso no lo comparten. No obstante, esa distancia física la solucionan desplazándose a la casa de la otra unas cinco veces al día. "Esto nos mantiene unidas y nos hace sentir como si aún viviéramos juntas", coinciden ambas.