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TÚ Y YO SOMOS TRES

El recluta Chicote y el 'rancho' militar

Ferran Monegal

Alberto Chicote de maniobras con la BriPac.

Peliaguda misión la de Chicote (¿Te lo vas a comer?, La Sexta). Esta semana ha querido investigar la calidad del rancho que sirven en el Ejército. Primero conversó con el Presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles. Este militar retirado le ha advertido que no va a conseguir que nadie hable, por miedo a las represalias. Y que si logra que le dejen entrar en algún cuartel, el día anterior lo habrán limpiado y aseado todo para dar una impresión fantástica. Con estas advertencias Chicote se las ingenió para encontrar algunos testimonios de militares con rostro tapado y voz distorsionada, que denunciaron la escasa comida que les dan, su mala calidad, enseñando fotos de platos con bichos, pescados irreconocibles flotando sobre sospechosos aguachirris, y otras excelencias similares. En general, estos militares coincidieron en que, desde que el Ejército subcontrata la comida a empresas privadas, la cosa ha empeorado.

Precisamente Chicote visitó una de estos cáterings, llamado Dulcinea Nutrición, empresa que cosechó sonoros titulares tiempo atrás  por haber servido en un cuartel de Cádiz una fideuá con gusanos. Allí Chicote fue recibido a cara de perro y no sacó nada en claro. Me he tomado la molestia de buscar quién está detrás de Dulcinea y veo que el apellido Ardid Martínez Bordiú figura detentando el cargo de presidente. ¡Ah! Parece que Franco, en materia gastronómica, también lo dejó todo atado y bien atado por la vía de nietos y biznietos de su saga. Finalmente Chicote se puso un casco, en plan soldado, y se fue de maniobras con la BriPac por Albacete. Allí fue recibido por un coronel, y varios capitanes y, naturalmente, la tropa declaró que la comida era fantástica.

Hombre, siempre que se intenta una investigación periodística sobre las Fuerzas Armadas, ya sea gastronómica o de cualquier otra índole, la opacidad es la tónica general. El Ejército es un microclima que se basa en la obediencia ciega a la cadena de mando. Sin rechistar. No es lugar para debates. Ni para transparencias. A sus órdenes, y marchando. Denunció uno de los militares de identidad oculta: «No podemos decir nada. Se considera una traición a la bandera de España. Nada problemático puede salir fuera del cuartel. Nada puede contarse». Decía Napoleón que un ejército se mueve por su estómago. O sea, una tropa mal alimentada no gana batallas. ¡Ah!