29 feb 2020

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TÚ Y YO SOMOS TRES

Cayetana tiene un jersey amarillo

Ferran Monegal

Cayetana Álvarez de Toledo (’Liarla Pardo’). / La Sexta

De la pequeña entrevista que Cristina Pardo (Liarla Pardo, La Sexta) le ha hecho a la número uno del PP por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, Marquesa de Casa Fuerte, historiadora y periodista, lo más interesante, lo más ingenioso, lo más superlativo, es que se presentó vestida con un espectacular, vistoso y refulgente jersey amarillo. ¡Ah! Cristina, maravillada, le dijo: «Vaya, viene usted vestida de amarillo, entiendo que no es casual». Y Cayetana respondió esbozando una suavísima sonrísa: «No, no es casual. Esta gente se ha apropiado de todo lo que es común (..) hasta se quieren apropiar de los colores. Yo tengo un jersey amarillo y me he dicho, ¡me lo pongo! ¿por qué no?». Hombre, lo celebro muchísimo. No comulgo con la mayoría de ideas políticas y de organización del Estado que legítimamente propugna esta estimable política, pero por fin he visto en la tele un golpe de ingenio y de chispa acerca de la patrimonialización del color amarillo.

¡Ah! Tomen nota de este inteligentísimo posturismo, tanto Ciudadanos como el resto de partidos constitucionalistas. Si en lugar de ir con un cúter por la calle, cortando lazos amarillos, hubiesen abrazado también ese color y lo hubieran usado con la misma intensidad y alegría que el mundo independentista, el efecto habría sido colosal. La guerra del amarillo hubiese acabado por puro sinsentido. El amarillo es un color molt sofert, como decimos en Catalunya. Lo aguanta todo. Se deja abrazar sumisamente por cualquier ideología. Un color que en el verano del 91resistió la melodía del grupo Zapato Veloz, Tengo un tractor amarillo, ¡ah!, un color que aguantó semejante impacto musical, es que es un color indestructible.

La manía de prohibir. Ese es el drama. El otro día, eEstà passant (TV-3), las risas con lo de «presos polítics - prisis pilitics» se debieron oir hasta en Pernambuco. «Está prohibido decir estas palabras, pero no sabemos si está prohibido pensarlas», decían con cachondeo superlativo. ¡Ah! Aquí estamos prohibiendo palabras y colores, y resulta que nadie dice ni pío ante ese desfile de abogados por los platós de Sant Joan Despí. De día hacen de defensores en el Tribunal Supremo, y de noche se van a TV-3 a hacer el juicio paralelo ciscándose en el tinglado judicial del que ellos mismos participan. No sé si el glorioso Colegio de Abogados debería decir alguna cosita.