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TÚ Y YO SOMOS TRES

Casado, Puigdemont y Torra, en un ascensor

Ferran Monegal

Casado, con Ana Rosa y los niños (T-5). 

Comienza en la tele el desfile de candidatos. Aspiran a seducirnos para organizar nuestras vidas y que les demos el control del mando a distancia. Pablo Casado acaba de aparecer en el plató de Ana Rosa Quintana (T-5). Le han puesto un puñado de escolares, de entre 8 y 12 años, por allí desparramados, para que le hagan preguntas ingenuas y blancas. O sea, «Dejad que los niños se acerquen a mí» (San Marcos 10, 13-16). ¡Ah! Cada vez que usan a los niños para el provecho de un político a mi se me ponen los pocos pelos que tengo como escarpias.

Un niño le ha preguntado a quién se llevaría al búnker ante la inminente colisión de un meteorito; y añadiendo «la familia al margen»Casado ha contestado: «A mi mujer, a mis hijos, a mis padres, a mi hermana...». En efecto, la familia al margen. Bien mirado, la pregunta no es descabellada. A veces, escuchando al PP y a sus oráculos de FAES, parece que en el búnker ya están instalados.

Una niña estaba interesada en que le explicase la diferencia entre la derecha y el centro. Casado amplió el análisis. «Y la izquierda, y la izquierda» señaló. Y les contó que la izquierda solo mira colectivos humanos, mientras él, que es el centro-derecha, mira personas. Y echó mano de Cuba para que los niños quedasen impresionados: «En Cuba, hagas lo que hagas, todos tienen la misma casa, la misma comida, la misma ropa. De ahí no pueden salir. ¡Y llevan así 50 años!». ¡Ah! Esta técnica es muy buena. La solían usar en las jornadas de ejercicios espirituales, cuando yo tenía 15 años. Para comprender la magnificencia de Dios, poner como contraste al diablo es básico.

Pero la pregunta más iridiscente fue la de una niña cuando dijo: «¿Con quién no preferirías estar en un ascensor: con Puigdemont o con Torra?». Esa fue buena. Contestó: «¿Con quién peor todavía? ¡ Pues con ninguno de los dos!». Efectivamente, el catecismo clásico no hace distinción entre la maldad de Belcebú y la maldad de Satanás. Tanto monta, monta tanto. Y añadió: «Estos dos se han portado muy mal. El peor es Puigdemont porque le busca la policía. ¡Yo lo que quiero es ponerles en orden!». ¡Ahh! Bien mirado, este viaje en ascensor sería de gran utilidad. Y más todavía si quedasen encerrados. No les quedaría más remedio que acabar dialogando y pactando cómo poder salir de esa jaula. Que es exactamente donde estamos.