Ir a contenido

TÚ Y YO SOMOS TRES

El abrazo de Willy Bárcenas y Oriol Sànchez

Ferran Monegal

Willy Bárcenas, en Chester (Cuatro).

Decía Risto Mejide al comenzar su Chester (Cuatro) de esta semana: «Los hijos no somos culpables de lo que hacen nuestros padres, ¡faltaría más!». ¡Ah! Es una hermosa frase. Curiosamente, durante los 40 minutos de su entrevista a Willy Bárcenas, no paró de hablarle de los pecados de su padre.  La tele es así, llena de grandilocuencia vana.

Willy dijo cosas interesantes. Su percepción, como hijo, del tremendo caso de su padre, es muy particular. Comprensiblemente particular. Sobre el exdiputado Jorge Trías, filtrador de los papeles, dijo: «Los filtró por venganza. Por no haber podido ‘pillar’ lo que quería». Sobre el Partido Popular: «Mi padre defendió a sus compañeros de partido. Y le dejaron solo». Sobre el secuestrador disfrazado de mosén que irrumpió en su casa: «Al principio creí que era un loco. No pensaba que las cloacas del Estado fueran capaces. Ahora estoy seguro que lo mandó el Ministerio del Interior. Espero que acaben saliendo las cosas que faltan por salir ¡y que caigan todos!».  Sobre su padre: «Ha cometido delitos. Reconocí su letra cuando vi los papeles en el diario. Pero lo han hinchado todo. Lo han hecho muchísimo más grande de lo que merece. Y mi madre nunca se enteró de nada. Jamás».

Y cuando ya llevaba Willy más de 35 minutos volcando su percepción filial del desastre, hizo de pronto un silencio, unos segundos, y exclamó a continuación: «El mensaje más emocionante que recibí cuando mi padre entró por segunda vez en la cárcel fue el del hijo de Jordi Sànchez. Me dijo: ‘Tenemos ideas distintas, pero compartimos tener un padre en la cárcel. Te mando todo mi apoyo’. Después, nos encontramos en Soto del Real y nos abrazamos».  ¡Ah! Debió de ser un hermoso abrazo, hasta esperanzador, el de Willy Bárcenas y Oriol Sánchez frente a la entrada de la cárcel donde estaban encerrados sus padres.

Benito Pérez Galdós, en su Episodio Nacional titulado Trafalgar, habla del tremendo paisaje de descalabros humanos que quedaron deparramados en la playa de Caños de Meca tras la batalla contra el almirante Cuthbert Collingwood. Señala Galdós cómo todo Cádiz se volcó en socorro de todos los heridos, sea cual fuere su bando. Y añade: «La desgracia hace a los hombres hermanos». ¡Ah! El infortunio aproxima. La ideología declina y se acorta la distancia. Afortunadamente, somos humanos.