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TÚ Y YO SOMOS TRES

Los jueces del Supremo en el váter

Ferran Monegal

Los Òscars en La nit dels Òscars (TV-3). / TV3

Veo que en La nit dels Òscars (TV-3) los Òscars también se apuntan al despiporren sarcástico sobre el tribunal que juzga en Madrid a los políticos catalanes encausados. Han salido vestidos de magistrados del Supremo, sentados en el  váter, defecando. El papel se les termina y usan los folios de la causa del procés para limpiarse la caca de las nalgas. O sea, los Òscars tambien quieren meter cullerada. Es natural. Toda criatura, artista, presentador, o humorista, que tiene el privilegio de salir en pantalla tiende a mimetizarse con el clima que reina en receptáculo, en el tinglado audiovisual que les contrata. Unos lo hacen por convicción, porque creen que deben servir a una ideología, a una causa que consideran trascendental. O sea, que les trasciende y les eleva hacia el nirvana. Su religiosidad les transforma en devotos monaguillos de la misa que se oficia, cada día, ininterrumpidamente, en el templo para el que trabajan. Conozco a más de uno, buena gente, que honestamente creen que lo suyo les acerca a la heroicidad.

Hay otra tipología humana que coexiste con esta: los que practican la mimesis con los que mandan en el canal, para sobrevivir y porque ven que es la única manera de prosperar. Agarran el martillo y arrean a los herejes con saña, pero como decía Groucho Marxtengo otros principios si estos no gustan a  los que me pagan. O sea, si cambian las consignas, no tienen ningún problema en arrear en sentido contrario. Practican el transformismo de manera colosal. Tienen buenos fondos de armario. Se cambian de chaqueta a una velocidad bárbara. Los observadores indulgentes lo llaman el factor humano. Lo severos los denominan miserables.

Aquí lo lo raro, lo valioso, lo fantástico, sería que en TV-3 saliera algún humorista, algún artista, algún presentador de la casa haciendo la parodia sarcástica de los abogados defensores. Y sería igual de extraño que en Intereconomía TV, pongo por caso, permitieran ese sketch de los jueces del Supremo defecando en el váter y limpiándose el culo con los papeles de la causa. Eso, naturalmente, es impensable. Es la constatación de que el mensajero, la tele, modifica la realidad. Ya apenas quedan canales de información, en el estricto sentido de la palabra. Hay parapetos, trincheras, zanjas. Buenos y malos, según quien  maneja el artefacto. ¡Y a disparar!