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TÚ Y YO SOMOS TRES

La cadena del hachís: los eslabones

Retrato de la cadena del tráfico de hachís en dos entregas de 'Estrecho'

Ferran Monegal

Ferreras con un cultivador de cannabis.

El gran jefe sioux de La Sexta, Antonio García Ferreras, ha abandonado por un momento el plegatín que tiene debajo de la mesa de su tribu Al rojo vivo y ha descendido a los infiernos del hachís del campo de Gibraltar y de las montañas del Rif de Marruecos (Estrecho, La Sexta).  Nos decía: «Analizaremos la cadena completa del hachís: quien lo cultiva, quien lo transporta, quien lo pasa por el Estrecho, quien lo almacena, quien lo vende y quien se enriquece».

En Marruecos ha entrevistado a un cultivador.  En sus campos, el cannabis florece. Saca mil euros por kilo de resina. Puesta en Europa, es decir, depués de pasar los apenas 14 kilómetros que separan ambos continentes –diez minutos de navegación en lanchas a toda mecha–  de ese kilo pueden sacarse hasta 50.000 euros.

Uno de los encuentros más sorprendentes ha sido cuando ha visitado a un capo narcotraficante. Cara cubierta con una careta. Un tipo sin escrúpulos. «Menos violar, lo he hecho todo». Digo encuentro sorprendente porque este narcotraficante le ha contado, textualmente: «Por estas costas circulan unos 80.000 kilos todos los meses. La corrupción de alguna autoridad de alto rango lo hace posible». ¡Ah! No se suele escuchar esto por la tele. Es una realidad que se intenta tapar y esconder.

 Ferreras se entrevistó inmediatamente con el inspector jefe de la Policia Judicial de Marbella,  y le preguntó por esta corrupción de la que hablaba el narcotraficante. El inspector jefe fue realista y valiente: no la negó. Existe. Y también señaló que la inmensa mayoría de policías luchan contra esto. Puso un ejemplo. A un simple conductor de una lancha, por diez minutos que tarda en cruzar el Estrecho, le pagan 20.000 euros. Hace dos o tres viajes por semana cargado hasta los topes. O sea que cada siete días se mueven cientos de millones de euros. Ante la tentación de los colosales sobornos que se mueven, el factor humano a veces se quiebra.

Fue tremendo el dibujo de lo que viene. Los nuevos traficantes, las generaciones jóvenes, son aún más violentos. Se pirran por emular a los grandes capos que ven en teleseries, como Narcos, por ejemplo. Escribo esto sin haber visto todavía la segunda entrega de Estrecho. Seguramente Ferreras abordará la parte más canalla de este trafico: los que mueven los hilos y se forran parapetados tras despachos imponentes. La alta sociedad de la delincuencia.