ENTREVISTA

Paco León: "Me considero un actor que dirige"

El artista sevillano es el cocreador y protagonista de la serie 'Arde Madrid', el último éxito de la plataforma Movistar+

Paco León, en la serie de Movistar+ ’Arde Madrid’. 

Paco León, en la serie de Movistar+ ’Arde Madrid’.  / MOVISTAR+

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Beatriz Martinez

Paco León se ha enganchado a las plataformas de televisión. El popular actor sevillano, que se consagró con la también serie televisiva 'Aída', suma tres producciones televisivas en lo que va de año: 'La peste', 'La casa de las flores' y 'Arde Madrid', comedia esta última que acaba de estrenar en Movistar+, y que ya ha sido renovada para una segunda temporada ante su gran éxito en la tele de Telefonica.

Le conocimos en la televisión como actor haciendo sketches de humor y ahora dirige y protagoniza una de las series más importantes de la temporada. ¿Cómo ha vivido esa evolución?

Yo siempre he generado mis propios proyectos. Cuando salí de la escuela monté mis obras de teatro y después he estado haciendo muchas cosas, bailando o actuando, pero no he dejado de crear cosas propias. Hace unos seis años me puse detrás de la cámara para dirigir ‘Carmina o revienta’ y a lo tonto ya llevo tres películas y una serie. Sigo investigando y me siento bastante amateur, y eso me permite arriesgar más. Porque si me tomara en serio de verdad, creo que la responsabilidad no me dejaría dar el siguiente paso. Pero como estoy investigando, me tomo todo esto como actividades extraescolares fuera de mi carrera de actor.

¿Se considera autodidacta?

A la dirección se llega desde muchos sitios, desde lo técnico o lo artístico. Desde el guion, la realización o la interpretación. Yo me considero como un actor que dirige.

¿Cómo definiría ‘Arde Madrid’?

Como una serie rara, en blanco y negro, que mezcla muchas cosas y que habla con humor del franquismo, del glamur, de la libertad, de las diferencias sociales y de la sexualidad femenina.

¿Cuál fue el germen de la serie?

Nos dimos cuenta de que lo histórico siempre tiene un plus de interés. Pero no queríamos quedarnos ahí, ni hacer un 'biopic' de esos que se llevaron durante un tiempo en las televisiones. Eso está en un segundo plano y el foco se sitúa en el otro lado de fama, en el espacio de los criados al servicio de la gran actriz. Por eso el espectador no verá ni escuchará nada que no vean ni escuchen los protagonistas. Esto facilitó mucho las cosas no solo en lo referente a la perspectiva, sino también a la hora de colocar la cámara. Eso hace que el viaje a esa época lo hagas junto a ellos y te identifiques con los criados y con su punto de vista un poco 'voyeur'.  

En sus primeras películas trabajó con elementos más precarios, pero ‘Arde Madrid’ tiene un 'look' muy sofisticado visualmente.

Yo intento que siempre haya una coherencia entre lo que se ve y se cuenta. En este caso la producción era más ambiciosa, porque incluía localizaciones naturales, escenarios y 'sets', pero no encuentro tanta diferencia con ‘Las Carminas’ o ‘Kiki’. Había que hacerlo de verdad y eso he intentado en unas y en otras. Supongo que la década de los 60 es lo que le da ese toque sofisticado y también el blanco y negro.

El humor que practica es muy particular. Parece que vaya a caer en la caricatura pero siempre la esquiva y le sirve además para reflexionar sobre muchos temas desde una óptica desenfadada.

El tono es siempre delicado y en esta serie más, porque la estructura es de 'thriller', pero al mismo tiempo es muy cómica. Era una mezcla complicada, pero siempre huimos del encadenamiento de gags. Para mí la risa no es un objetivo, sino un vehículo para contar cosas. En este caso, cosas como el espionaje en la dictadura, o la liberación sexual de la mujer. Mi fórmula es buscar la autenticidad y de ahí siempre surge la risa.

¿Cómo se organizó estando delante y detrás de la cámara?

Ya lo había hecho en ‘Kiki’, pero era un papel mucho más pequeño. Aquí fue agotador. Y muy raro. Anna estaba siempre ayudándome, pero en las secuencias multitudinarias donde había mucha gente, era una locura. A veces decía "acción" y acto seguido "corten", porque el que no estaba situado en la marca era yo mismo.

¿Tenían unos roles definidos Anna R. Costa y usted dentro de la serie?

Ambos somos los creadores. Y ella ha manejado más la fase de guion y yo la de dirección. Después nos hemos juntado en el montaje. Queríamos hacerlo lo más práctico posible. También para minimizar las peleas, porque nos hemos peleado tremendamente. Al final eso de 'a pachas' y '50%', es poco operativo.

¿Cree que en España estamos perdiendo el sentido del humor?

Espero que no. Espero que esta cosa de la corrección política y de las reivindicaciones de colectivos que estamos viviendo (muy necesarias y que suponen un reaprendizaje) no nos haga perder el sentido del humor, y sobre todo, la libertad creativa.

¿Y la autocrítica?

No sé si hemos tenido nunca mucho de eso. Somos más expertos en criticar que en autocriticar.

En su proceso de investigación de esa época, ¿qué es lo que más le sorprendió?

Pues muchísimas cosas. Sobre todo, detalles de lo que ha cambiado la sociedad en tan pocos años. Parece que estemos en otro planeta. La primera frase de la serie es: “Si tu marido te pega, piensa que él solo quiere enseñarte a hacer las cosas bien”. Esto parece hoy en día casi una provocación, y es una frase casi literal que hemos extraído de aquellos 'Manuales de las buenas esposas' que hacía la Sección Femenina. O que las madres les dieran a sus hijas un alfiler cuando iban en tranvía por si intentaban abusar de ellas. Son cosas muy aclaratorias de lo que hemos cambiado.

La serie visualmente remite a los años 60, pero al mismo tiempo tiene un componente muy moderno y rompedor

Teníamos claro que la opción del blanco y negro había que matizarla para que no trasmitiera una percepción aburrida, solemne, demasiado lírica o elegante de lo que íbamos a ver. Era necesario imprimir un mínimo de contemporaneidad. La elección de la cabecera, con esos colores flúor, de la música (hay rock, flamenco…), incluso en el 'look', la manera de mover la cámara, el vestuario o los decorados funcionaban en ese sentido: sin dejar de ser fieles a la época, debían incorporar una lectura moderna. Por eso de todos los abrigos que teníamos a nuestra disposición hacíamos el ejercicio de pensar cuál se pondría Kate Moss. Y elegíamos ese.

¿Cómo fue la elección del 'casting'?

Fue muy laboriosa, porque hay más de mil intérpretes contando los figurantes. Los personajes históricos que vivieron en esa época intentamos que los hicieran personalidades reconocibles, porque si una figurante hubiera hecho de la Duquesa de Alba, pasaría más desapercibida que si de ella hace su hija Eugenia Martínez de Irujo. Y aunque no hable, la ves. Y así el espectador tiene la misma sensación que si se metiera en una fiesta con gente de la aristocracia, del famoseo, del faranduleo…

¿Y encontrar a Ava Gardner?

Era una papeleta complicada porque es un personaje muy icónico. No necesitábamos un parecido, sino que tuviera su mismo espíritu salvaje, su temperamento, su carácter indómito. Siempre tuvimos claro que tenía que ser americana y también queríamos que tuviera noche y calle a sus espaldas, que fuera una mujer vivida y vital. Y eso lo tenía Debi Mazar. Y también tiene ese aire glamuroso de los años dorados de Hollywood. Ella es alguien que sabe posar y vomitar.

En la serie se habla inglés y español.

Era imprescindible. En ese entorno se hablaba 'spanglish' o se decían las palabras con un fuerte acento americano. Por eso introducimos frases como “I love mojama”. Y todos los personajes de origen americano o inglés tenían que ser extranjeros, eso nos lo impusimos como en el caso de Ava.

En sus películas y ahora también en esta serie siempre logra transmitir alegría y hedonismo. ¿Cómo lo consigue?

Para mí es una manera de rodar. Eso no quiere decir que hayamos pasado por malos momentos y días complicados. Las fiestas, por ejemplo, eran muy divertidas, pero rodábamos de noche hasta las seis de la mañana, hacía muchísimo frío.

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¿Hubo una voluntad explícita de transgredir la moral y los tabúes de la época?

No como una provocación. Yo creo que cualquier intimidad hecha pública, es escandalosa. Hay gente a la que le gusta travestirse, que se masturba de mil maneras…, y nosotros queríamos hablar de todo eso, todo lo que pasa de puertas adentro y que se cubre con el manto de las apariencias.