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TÚ Y YO SOMOS TRES

El 'fesol' de Santa Pau y el 'fesol foraster'

Ferran Monegal

Masferrer, en Santa Pau (El foraster, TV-3).

Acaba de estrenar Quim Masferrer nuevas entregas de El foraster (TV-3). La novedad más resaltable es que le han puesto coche nuevo. Hombre, como operación publicitaria puede haber sido un buen negocio, pero en casa preferíamos a Masferrer subido en aquella especie de vieja pick up, tan característica, y que estaba en sintonía perfecta con esa Catalunya rural que nos enseña. Cuando Jordi Pujol viajaba a estos escenarios de la Catalunya interior, que eran la base de sus éxitos, lo hacía en el Audi blindado porque era su vehículo oficial, pero una vez, en octubre de 1999, me tocó hacerle una entrevista dentro de él, sobre la marcha, en el trayecto de Santpedor a Manlleu, y aunque no me lo dijo abiertamente yo noté que lo que le hubiera gustado habría sido circular por esa Catalunya pal de paller subido a un tractor. El punto agropecuario le seducía mucho a Pujol: sabía que todo lo rural le proporcionaba muchos votos.

Volvamos a Masferrer en coche nuevo. Visitó Santa Pau, en el corazón de La Garrotxa. Encontró a un payés rastrillando con mucha delicadeza un camp de fesols. ¡Ah! El fesol es un asunto muy serio. Los de Santa Pau son los mejores del planeta. No es ni un frijol, ni una habichuela, ni una alubia propiamente. El fesol de Santa Pau es en realidad una extraordinaria variedad de mongeta seca, de menor tamaño, pero con unas propiedades organolépticas sencillamente gloriosas. Nos advertía el payés, con intención: «El fesol foraster no val res. És pellut. És farinós. El fesol de Santa Pau, ¡te’n menges una cullerada i ja no pots parar!». Y a Masferrer se le hacía la boca agua por momentos. ¡Ah! Yo creo que le gustó mucho la distinción entre el fesol nostrat  y el fesol foraster. Aunque Masferrer se intitule también el foraster, él en realidad es un foraster interior. Es como cuando encontró a un vecino que monta excursiones en segway por aquella zona. Decía: «Es para los turistas que vienen de Barcelona. Esos ven una gallina y ya están contentos».

Efectivamente. El urbanita barcelonés, puesto en la Catalunya interior, es una variante de foraster muy pintoresca. Provoca gran hilaridad entre el vecindario de los pueblos. Nos ven ridículos y torpes. Ya lo decía el gran naturalista Martí Boada: todo pixapins dominguero que sufre un golpe de naturaleza solo se puede recuperar amorrándose a los tubos de escape de los coches.


 

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