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ENTREVISTA

Gemma Nierga: «'Escuchar' es el verbo que me ha acompañado toda la vida»

La periodista habla de su experiencia en el programa de TV-3 'Els meus pares' y de cómo ha vivido y superado el despido de la Cadena SER tras tres décadas en esa emisora radiofónica

Inés Álvarez

Gemma Nierga, en Barcelona, el pasado mes de septiembre.

Gemma Nierga, en Barcelona, el pasado mes de septiembre. / ALBERT BERTRAN

Desde que en junio del 2017 se vio involuntariamente fuera de la Cadena SER, su empresa durante 30 años, con la que, pese a todo, guarda un gran vínculo sentimental, Gemma Nierga (Girona, 1965) no para de embarcarse en proyectos de lo más ilusionantes. Ha colaborado en radio (Rac 1, Catalunya Ràdio), lo sigue haciendo en TV-3 y Tele 5 (Tot es mou y El programa de Ana Rosa) y en la revista Marie Claire.... y ahora la vemos los jueves en TV-3, en Els meus pares, conjugando dos verbos que le apasionan: conversar y escuchar. 

En Els meus pares demuestra tener el talento de Quim Masferrer en El foraster: saber escuchar. Me he dedicado toda la vida a ello. Parlar per parlar me ha dado un máster de escuchar. Son muchos años de radio escuchando.

Y de preguntar. Pero dice que ha sabido cuándo debía parar para no incomodar a esos padres. Que no quería buscar el morbo. Sí. Es muy importante tenerlo en cuenta. Porque puedes preguntar y llegar más lejos, y ver que la familia está a punto de contar un secreto. Pero no me gusta ver que esas familias se sientan avergonzadas. 

En la presentación del programa, a la que asistieron los padres de varios de esos famosos, se les veía encantados con la experiencia. Con la excepción, eso sí, de alguna coquetería femenina... Sí. La madre de Isabel Coixet se veía «arrugas» y la de Buenafuente, que tiene 81 años, «mayor».

«Cuando TV-3 me llamó para proponerme el programa ‘Els meus pares’ les dije que sí
al minuto»

El suyo no es un periodismo agresivo. ¿Se consigue más así? Haces el periodismo con el que te sientes cómoda. Y yo me siento cómoda en este formato. Cuando TV-3 me llamó para proponerme el programa, les dije que sí al minuto. Porque me parecía que era un regalo. Un formato que te permite hablar, no buscar el titular, profundizar en la vida familiar, en los padres y madres, ver cómo era la infancia de esos personajes...  Espero haberlo hecho bien. Porque hacía tiempo que no hacía tele. Aunque he colaborado en varios programas.

Actualmente lo hace en el magacín de TV-3 Tot es mou... Y en El programa de Ana Rosa, de Tele 5. Pero Els meus pares es un formato de largo recorrido, que comporta unas grabaciones largas.

Y también es más de autor. Sí, porque, claro, eres tú preguntando. Aunque tengo un equipo brutal, que va a ver a las familias, investiga y te lo sirven en bandeja  para que luzcas. Porque tú ya sabes por dónde has de ir a preguntar.

En la tele todo suele ir rápido, en cambio, a TV-3 le gusta cuidar los formatos en los que hay tiempo para hablar, para escuchar... Para mí el tiempo es muy importante. Creo que saco más de los personajes si tengo tiempo para hablar con ellos. Y también para los silencios;  para mirarles a los ojos y callar. Tener tiempo para escuchar. Escuchar es un verbo que a mí me encanta, porque me ha acompañado toda la vida. Y a través de escuchar sacas lo mejor de las familias.

Tras hablar con las de ocho famosos, ¿cree que algunos han llegado a lo que han llegado gracias a su apoyo o a su oposición? Sí. Hay casos en que les han apoyado mucho. En el de los deportistas es muy claro, porque a sus padres les gustaba que el hijo se dedicara al tenis, al fútbol... Han ido a muchos entrenamientos, les han acompañado... Hay un apoyo de la familia. Pero también hay familias que no  acababan de entender lo que sus hijos querían hacer. Y el caso más claro es el de Quim Masferrer. No querían que su hijo fuera artista y ahora lo disfrutan muchísimo. Esta oposición de la familia también reafirma la vocación de su hijo.

Y, usted, ¿hasta qué punto es el resultado de sus padres? Lo soy. Porque, aunque en mi casa nadie se dedicaba al periodismo ni a nada que se le pareciera, mis padres me han dado mucha libertad. De pequeña, hacía teatro en el colegio de monjas, y me animaban mucho. Pero cuando llegó el momento de escoger carrera, dije que quería hacer o Derecho o Periodismo. Imagínese: tenía dudas. Tenía una vocación doble. Y , al final, escogí periodismo.

«Soy muy de emocionarme. Con las historias de Martina Klein y Sílvia Pérez Cruz nos costaba seguir»

¿Y qué tiene de cada uno? Tengo un padre muy perfeccionista, mucho, extremadamente, y eso supongo que me ha ayudado en mi profesión. Siempre quería hacerlo lo mejor posible, que el siguiente trabajo fuera mejor que el anterior. No conformarme. Y mi madre era una excelente persona. Guapa por fuera, porque era guapísima, y por dentro. Murió con 70 años, y cuando alguien muere joven todos te dicen lo que valoraban. Y aseguraban que era tan buena persona... Debo de ser un fruto de los dos, supongo.

En el programa se verán reflejados los telespectadores que aún tienen padres y los que los han perdido y no les pueden contar ya  sus cosas. ¿Echa de menos eso? Sí. Haciendo este programa he pensado muchas veces en ella, muchas. Porque en cada madre que he entrevistado –hay más mujeres que hombres, porque hay más viudas–, he buscado un poco a la mía. Tenía la impresión de que hablando con ellas era como si lo hiciera con la mía. Echo de menos hablarle y que vea a mis hijos cada vez que hacen un progreso. El otro día empezaron 4º de primaria y 2º de ESO... Cada día especial me gustaría que lo viviera. Como el estreno del programa... 

¿Se emocionaba en el rodaje? Sí. Soy muy de emocionarme. Con las historias de Martina Klein y de Sílvia Pérez Cruz nos costaba seguir. Aunque con los años intento hacerme un poco más la dura, se me contagia mucho la emoción. Pero aquí he intentado hacer de tripas corazón para no quedar como sensiblona. Aunque tampoco quiero aparentar lo que no soy: nunca he sido una persona dura. Aquí se me ve tal como soy: pregunto, escucho y empatizo mucho.

Decía que su padre es exigente, pero también su fan número 1. No se lo puede imaginar... Si todo el mundo necesita que alguien le haga tocar con los pies en el suelo, mi padre no es la persona más indicada. Porque él siempre dice que soy fantástica, la mejor; que lo hago todo muy bien, que debería presentar todos los programas... Pero eso ya forma parte de una pequeña broma familiar... 

Su madre, en cambio, sí que le hizo bajar los humos de jovencita, cuando con 22 años debutó en el concurso Dit i fet, en TV-3. Sí. Me dijo: «Llevas cuatro programas y ya pareces otra». Me enseñó la importancia de la humildad.

Siendo tan fan, cuando le despidieron de la SER, su padre debió de sufrir mucho... Mucho. Sin duda es la persona que más sufrió. Sin duda. Porque le costó entenderlo. Le pareció que le daban una bofetada a su hija, que la maltrataban. Y para un padre eso es duro. Pero yo pienso que ese fue uno de los motivos que hizo que me lamentase el tiempo justo, que duró lo que duró, pero que no fue mucho, porque me esforcé para tirar adelante y que mi padre se sintiera orgulloso de mí. Para mí eso era un estímulo. Por mi padre y por mis hijos, también. Me di cuenta de que tenía muchos alicientes para que la época de lamentarme y de hacerme la víctima durase lo menos posible. Entonces, decidí trabajar mucho para que esa época no fuese larga y que el duelo del despido de la SER durase el tiempo justo. 

«Ya no me necesitan y están en todo su derecho. Aunque se hizo de una manera fea. Pero toda la vida seré de la Cadena SER»

Pero se  permitió ese duelo. Claro. Era un duelo que se tenía que hacer. Es como separarte de tu marido: al final te das cuenta de que era lo mejor, porque ahora ves que era bueno comenzar nuevos caminos profesionales. Y supongo que será bueno también para la SER. Eso, las audiencias lo dirán:  que hablen por ellas mismas. Pero el duelo me lo permití, porque lo tenía que hacer. Podría cometer el error de menospreciarme, de mirar qué había hecho mal. O qué había hecho mal la empresa. Con lo que preferí pensar que nadie había hecho mal las cosas, y no criticar, sino tirar hacia adelante. Ellos ya no me necesitan y están en todo su derecho. Las cosas se pueden hacer mejor o peor, y a mí me parece que esta se hizo de una manera fea. Pero la manera solo pertenece a una persona o dos, la empresa es la que es y toda la vida será la mía. Toda la vida seré de la Cadena SER.

En alguna ocasión dijo que imperan los criterios financieros en el periodismo actual. Impera un criterio de gestor y no el de artista. Yo hacía periodismo, y en los últimos tiempos a mí me gustaba hacer arte, en el sentido de inventar nuevas cosas, nuevos espacios en la radio... y no podía. Solo hablaban de recortar y de criterios financieros. Y llega un momento en que esta creatividad que sigo teniendo dentro la puedo canalizar en otros medios.

Habla de «diversificación». Mi etapa actual es la de la diversificación. Pero eso requiere mucha disciplina. Porque cada día que me levanto tengo que pensar qué me toca hoy. Antes iba a la radio y ya está. Ahora tengo que pensar: hoy me toca TV-3; mañana me voy a Madrid, a Tele 5, porque tengo El programa de Ana Rosa... Luego, la revista Marie  Claire...

«A todos nos gusta que nos quieran. Y si sales de una época en la que no te sentías tan querida dices: ‘¡He rehecho mi vida!’»

... Catalunya Ràdio. No, en Catalunya Ràdio ya hemos acabado el programa. Son diversos trabajos que son muy enriquicedores, que me hacen crecer...¿ Sabe lo que es como periodista tocar registros tan diferentes? Y eso no  quiere decir que no añore a mis compañeros de la radio. Es mi familia.

¿Ya puede escuchar la SER? Sí, sí. El duelo se tiene que pasar. Pero en un año ya está.

Se le iluminan los ojos cuando habla de todos esos trabajos. Porque es muy divertido. Porque a todos nos gusta sentirnos queridos. Se me iluminan los ojos porque tengo ofertas de trabajo que me hacen vibrar. Y cuando sales de una época en la que no te sentías tan querida dices: «¡He rehecho mi vida!». Como cuando alguien se separa. Todas las etapas son buenas; no quiero menospreciar la época de la Cadena SER, porque fue maravillosa, y pude hacer muchas cosas.

¿Y no tiene el gusanillo de la radio? Porque dicen que atrapa... Le mentiría si le dijera que tengo el gusanillo de la radio. En la tele estoy muy bien.

«Le mentiría si le dijera que tengo el gusanillo de la radio. En la tele estoy muy bien"

¿También en Tele 5? Colabora en El programa de Ana Rosa, algo que en principio sorprendió. ¿Qué le animó a hacer este trabajo? La primera sorprendida fui yo cuando me lo propusieron. Me empujó a hacerlo las ganas de probar un trabajo nuevo en un programa tan influyente como el de Ana Rosa Quintana. Allí me encargo de un espacio de denuncia y le diré que me siento muy a gusto.

Aún no le he dado la enhorabuena: Gemma Nierga le ha ganado a Aramís Fuster el pulso de la audiencia. En Catalunya, en su estreno, Els meus pares lograba mucha más que GH VIPLo he recibido con sorpresa y muy satisfecha por la audiencia conseguida. Ya sabe que en este negocio, la audiencia es el oxígeno para seguir trabajando. Pero más que las cifras, que también, me hace feliz que la gente me comente que les ha gustado el programa.

Algo de lo que no se va a desprender nunca es de aquella intervención suya tras la muerte de Ernest Lluch, en la que pidió diálogo, y que ha quedado inscrita en la historia de la democracia española. ¿Lo lleva con orgullo o con responsabilidad? Aquel episodio ha marcado mi vida. Era en aquel escenario, delante de los políticos en un momento clave, donde yo dije lo que mucha gente tenía ganas de expresar. «Dialoguen, por favor» es lo que habría dicho Ernest Lluch, por tanto, es un episodio que llevo y recuerdo con mucho orgullo.

Y ahora que, como una mujer separada, se ha puesto el rímmel, los tacones y está de nuevo en el mercado, ¿qué aventura sueña emprender Gemma Nierga? Sueño con seguir trabajando proyectos tan interesantes como Els meus pares, con calidad humana como La Marató de TV-3, y en medios en los que los que manden sepan respetar el trabajo y el criterio de los trabajadores.