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TÚ Y YO SOMOS TRES

Disparos de cámara en la playa

El paparazi Garrido nos enseña cómo caza a famosos con su cámara

Ferran Monegal

 Garrido apostado: objetivo Cristiano.

El imperio Mediaset ha fichado al paparazi Sergio Garrido para que realice una serie de docurealitys sobre su trabajo como cazador furtivo de imágenes (Misión exclusiva, Cuatro). La primera aventura ha consistido en perseguir por las playas de Ibiza a Cristiano Ronaldo, a su novia Georgina, y a un hijo menor de edad de Cristiano. Se ha esmerado Garrido en transmitirnos y enseñarnos que la labor del paparazi  es tremendamente laboriosa y esforzada. Una trepidación constante. Un ajetreo. un sinvivir, a veces colgado de algún peligroso acantilado, a veces camuflado de sombrilla, de tumbona o de hamaca, en alguna cala. Y cuando tiene a tiro el objetivo, todo consiste en disparar a toda velocidad, cien, doscientos disparos en el menor tiempo posible, y de ahí sacar tres o cinco instantáneas que puedan ser vendidas en el mercado de la prensa rosa y el cotilleo, a precios de fábula.

No se cansaba de repetir Garrido lo que podría sacar de una foto de Cristiano y de Georgina, haciéndose carantoñas en la playa D’En Bossa, y se excitaba haciendo de caja registradora sobre la marcha, colocando sobre cada disparo lo que podrían pagarle: Cristiano y Georgina, vestidos, subiendo a un yate, 3.000 euros. Poca cosa, porque si no están un poco desnudos, no interesan. Pero Cristiano en bañador y Georgina en biquini, y además besándose o tocándose, bingo, ¡30.000 euros, la foto del verano! Y recordaba Garrido, con una nostagia bárbara, que el mejor disparo de su vida, el mejor negocio, fue cuando pilló a Di Caprio con la modelo alemana Toni Garrn en un yate. Decía: "Me puse a disparar. ¡500.000! euros me pagaron"

Hombre, la caza furtiva al famoso es un ejercicio muy cuestionado por el periodismo clásico. Más que fotoperiodismo muchos lo consideran photobussiness, o sea, caza furtiva mercantil con teleobjetivo y cámara. Recuerdo una sesión de Crónicas marcianas (febrero de 1996) en que Miguel Temprano contó una variante extrema, muy canalla, de la caza furtiva: explicó que habia tenido una sociedad con Alessandro Lecquio para hacerles fotos secretas a señoras casadas que el italiano se llevaba a la cama. Eran fotos que se usaba como chantaje. Se forraron.

¡Ahh! Dicen en Hollywood, famosas estrellas que han experimentado en sus carnes el acoso de los paparazzo, que un tiro de cámara furtiva puede llegar a ser mortal.
 

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