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TÚ Y YO SOMOS TRES

La 'defensa Monedero'

Ferran Monegal

Juan Carlos Monedero, en Liarla Pardo (La Sexta).


Nos llevan a golpes. De excitación en excitación. De suceso en suceso. Lo último que está copando informativos, portadas de diarios, programas de análisis, y también de entretenimiento, es el colosal caso del chalet de Irene Montero y Pablo Iglesias en Galapagar. ¡Ah! Los escándalos de la corrupción, o lo del mantenimiento del 155 en Catalunya, parece que han pasado de golpe a segundo plano. Hasta en el Telediario de las 21 horas del sábado (TVE-1) abrieron con este asunto del chalet, o sea, elevándolo a categoría de noticia más importante de la jornada.

De todo lo visto en la tele sobre el tema–y ha sido mucho– en casa nos ha subyugado, y al mismo tiempo entretenido una barbaridad, la aparición de Juan Carlos Monedero en el programa Liarla Pardo (La Sexta). ¡Ahh! Hizo un actuación de socorrista de Irene y de Pablo la mar de espectacular. La defensa Monedero podríamos llamarla. Yo creo que Monedero debe de ser un ajedrecista de primera clase. Para desesperación de Cristina Pardo, basó su estrategia de defensa en desviar la atención sobre el tema principal. Cristina se desgañitaba rogándole que  dijera si la compra del chalet es una incongruencia en el ideario podemitaLe recordaba que ellos habían demonizado siempre a los políticos que practicaban estas operaciones de lujo inmobiliario en urbanizaciones alejadas de la gente, de la calle.

Monedero se encendía y exclamaba que para incongruencias las de PSOE y Ciudadanos, que dijeron que combatirían a Rajoy y han acabado apoyándole. O sea, desviando la atención como en la famosa táctica del gambito de dama, muy bien estudiada por el ajedrecista y activista político checoeslovaco Ludek Pachman, y que consiste en enredar al adversario dejando que te coma un peón nada más comenzar el combate. ¡Ah! Esa voracidad tiene luego consecuencias fatales.

Pero lo más interesante es que, de pronto, Monedero ejecutó un movimiento sorprendente, seguramente sacado del ajedrecismo de la época romántica, de las partidas del gran maestro francés Philidor, que siempre dejaba boquiabierto al contrincante. Fue cuando exclamó: «Los de Podemos hemos aguantado ¡porque no teníamos hijos! (...) Pero cuando llegan los hijos ¡lo que los españoles queremos es prosperar!». ¡Ah! El factor hijos. Qué ternurismo más delicado. Nos llegó al alma. Flipando se quedó Cristina Pardo.


 

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