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TÚ Y YO SOMOS TRES

Viento, pisadas, oasis y vida privada

Ferran Monegal

El marqués de Lloberola (Pep Cruz), en Vida privada (TV-3).

El mismo día que Jordi Pujol i Soley recibía el homenaje de una colla de amigos y familiares, en TV-3 emitían el primer capítulo de la obra de Josep Maria de Sagarra Vida privada.  ¡Ah! A veces el azar televisivo tiene golpes fantásticos. Del aplec pujolista, el TN vespre de TV-3 seleccionó este momento del parlamento del homenajeado: «No todo ha salido bien, y yo les debo confesar que, personalmente, me siento insatisfecho en ciertos aspectos. Y dolido. Dolido conmigo, no con vosotros ni con el país».¡Ahh! Indiscutiblemente es un arpegio introspectivo interesante. Hasta seguramente reconfortante para algunos, cuando han escuchado que el que fue su gran patriarca  y protector confesaba que, en ciertos aspectos, se siente insatisfecho; y hasta dolido con su propia persona. No obstante en casa nos ha gustado más otro pasaje de su intervención, aquel en que, evocando un cuento de Manuel de Pedrolo, habló del desierto, del oasis y del peligro de que el viento árido y seco borre las pisadas. ¡Ah! Ese instante, reclamando la atención sobre la huella dejada, tiene seguramente un afán de trascendencia, mucho más meditable.

La reputación de alguien, por ejemplo, es también una huella. Una pisada. Es lo que queda al final de un trayecto largo. Miras atrás, y ves la estela de prestigio o desprestigio que has dejado. En el primer capítulo de Vida privada, emitido minutos después de este homenaje pujoliano que en TV-3 nos mostraron, hay un instante tremendo, y al mismo tiempo luminoso, cuando el marqués de Lloberola, decadente y desballestado, recibe la visita de su hijo más inútil y crápula, Frederic, quien le pide 50.000 pesetas para saldar sus deudas del naipe. Y para convencerle le dice que si no se las da, la reputación de los Lloberola va a quedar destrozada. Entonces el marqués –magnífica la interpretación de Pep Cruz– mira a su hijo, de arriba abajo, y le suelta con una mueca de infinito asco: «Mi reputación ya está perdida», y no vomita allí mismo de milagro.

¡Ah! Dado que esta obra de Sagarra fue emitida por TVE, en 1987, adaptada por Paco Bretriu, Juan Marsé, y Gustau Hernández, habría sido interesante que ahora TV-3 hubiese encargado una versión actualizada de este perfecto retrato sagarriano del hundimiento de las reputaciones, las huellas y el oasis. Al estilo de lo que ha hecho con Shakespeare el gran Kenneth Branagh.

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