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TÚ Y YO SOMOS TRES

Évole en el balneario, masaje merecido

Ferran Monegal

Andrés Iniesta con Jordi Évole celebrando los diez años de Salvados (La Sexta).

Cuando un programa de éxito cumple una cifra de años significativa suele celebrarlo propinándose a sí mismo un masaje, un autobombo, que a veces sonroja hasta a la familia. Jordi Évole ha sido más listo. Para celebrar sus primeros diez años de Salvados (La Sexta) en lugar de automasajearse se las ha ingeniado para que sean otros –criaturas famosas, amistades de renombre,  celebrities del hipódromo mediático, político, hasta futbolístico– los que le practiquen una relajante sesión de jabón y espuma. ¡Ah! Es una estrategia inteligente,  además de astuta. Esta selección de notables figuras han elevado a categoría algunos momentos del programa que les han gustado mucho.

Por ejemplo, Andrés Iniesta, que confesó haber quedado subyugado con Pepe Mújicaaquella escena en su humilde chacrita de Montevideo en que Évole le dijo: «Es raro ver a todo un presidente viviendo así», y Mújica le contestó: «No, no, lo raro es ver cómo viven los otros», y tras una pausa añadió: «Hay que vivir como se piensa, de lo contrario pensarás como vives». ¡Ahh! Estamos de acuerdo, ese momento del entonces todavía presidente de Uruguay, fue una delicia, llena de retranca lúcida y profunda.

El periodista, escritor y presentador de televisión Màxim Huerta seleccionó otro momento, cuando Évole entrevistó a Zaida Cantera, recién obligada a abandonar el Ejército de Tierra, y le preguntó: «¿Tu problema con la vida militar ha sido no dejarte meter mano?». Y Zaida contestó: «Sí. El problema ha sido decir no. ¡No, mi general!». ¡Ah! Este fue otro golpe definitivo. Y de una tremenda actualidad. Si el caso Zaida hubiera sucedido hoy, con las calles llenas a rebosar de mujeres enarbolando la bandera «¡No es no!», habría tenido una repercusión, una visibilidad, mucho mayor de la que tuvo.

Pero de estos diez años de Salvados ha sido Julia Otero la que ha elegido el momento más extraordinario, aquel programa en que Évole demostró que el periodismo de denuncia sirve. Consiguió que reabrieran el vilmente cerrado caso del  metro de Valencia, y de paso le sacó los colores a Juan Cotino. Aquello fue una gesta periodística rara, valiosa, y de primera categoría.


Évole ha pasado por el balneario, sí, y le han dado un colosal baño en el yacusi. Visto el contenido de estos diez años de Salvados, el masaje ha sido absolutamente merecido.

 

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