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EL SÉPTIMO ARTE Y MEDIO

Seis series de mujeres para celebrar el 8 de Marzo

De 'Fleabag' a 'Feud', media docena de joyas protagonizadas, guionizadas o dirigidas por mujeres

Carles Cols

Phoebe Waller-Bridge, creadora, guionista y protagonista de Fleabag.

Phoebe Waller-Bridge, creadora, guionista y protagonista de Fleabag. / EL PERIÓDICO

Media docena de series para comenzar a ver en el Día de la Mujer o, realmente, cualquier día, de tan recomendables y buenas que son. Son seis series protagonizadas y, en algunos casos, dirigidas o guionizadas por mujeres. Sí, efectivamente, quien firma aquí encima es un hombre, pero para estos casos no está de más echar mano de la frase con la que Joe E. Brown, en el papel de Osgood Fielding III, responde a Jack Lemmon, caracterizado de la contrabajista Daphne. “Nadie es perfecto”. Así que vamos a lo que importa. Las series.

Fleabag

Estrenada en el 2016 en el Reino Unido, es un colosal enigma por qué este título en estas latitudes más meridionales no ha ido de boca en boca entre quienes recomiendan y se dejan recomendar. Tal vez sea porque en España 'Fleabag' forma parte del catálogo de Amazon Prime Video y no de la todopoderosa Netflix, pero sus seis cortos e intensísimos capítulos (de solo 25 minutos cada uno) son una razón de peso para darle una oportunidad a esta plataforma.

'Fleabag' sería inconcebible sin Phoebe Waller-Bridge, guionista y protagonista de esta (parafraseando lo que dijo de ella 'Time Out London' cuando primeramente se estrenó como monólogo teatral) “grosera e increíblemente sucia propuesta que seguramente llevará al infierno a su actriz protagonista”. De aquel trabajo en escena nació la versión televisiva de 'Fleabag', un relato sobre la atropellada vida cotidiana de una treintañera en el Londres actual, una suerte de Caperucita Feroz que aúna el llamado humor inglés con el más internacional humor negro de un modo que tal vez habría que remontarse hasta el Evelyn Waugh de 'Los seres queridos' para encontrar un justo antecedente.

'Fleabag' es hilarante y a la par trágica (caray, como la vida misma), pero sobre todo merece la pena por su soberbia estructura, en la que por segundos Waller-Bridge rompe la cuarta pared teatral y se dirige directamente a los espectadores, de modo que les hace partícipes de un 'ménage à trois' narrativo realmente muy tonificante.

El cuento de la criada

  

Las distopías son la versión adulta de aquellos cuentos terribles que se explica a los niños antes de ir a la cama, algo que subyace incluso en aquellos relatos infantiles que, con el paso de los años y de la corrección política, se han almibarado, como Cenicienta, en cuya versión original las hermanastras se amputaban los pies para que les cupiera el zapato de cristal. Pues eso, que las distopías gustan a los adultos cuanto más terribles son, y esta de HBO que protagoniza con merecidísimos premios Elisabeth Moss, 'El cuento de la criada', responde con creces a esa condición.

El terror es, en esta realidad paralela, una teocracia machista afincada en una porción de Estados Unidos, una sociedad en la que las mujeres se ven obligadas a aceptar el rol condenadamente secundario y a menudo invisiblemente esclavo que les otorgan (en la realidad, no en la distopía) la práctica totalidad de las religiones del mundo. Lo singular de 'El cuento de la criada' es que se basa en una novela que Margaret Atwood publicó en 1985, un libro de referencia del feminismo que no es un ensayo, sino una ficción, pero que cumple con creces la función de un ensayo. La cuestión es que han pasado 33 años y aquello que provocadoramente sugería Atwood no ha caducado. Al revés. De la mano de Moss, este viaje a Gilead, esa imaginaria república teocrática del cristianismo, resulta acongojantemente real.

Big little lies

  

El trabajo coral de Nicole Kidman, Reese Whiterspoon, Shailene Woodley y Laura Dern en 'Big Little Lies' ha sido merecedor de tan justificados elogios que, para la segunda temporada, se anuncia ya el desembarco de Meryl Streep en el reparto. Cuesta encontrar mejor argumento que este para recomendar este huevo de Fabergé de las series de HBO, una filigrana como aquellas 69 joyas que los últmos zares de Rusia encargaron al orfebre Carl Fabergé, preciosistas y siempre con una sorpresa final en su interior.

Así es, un poco, 'Big Little Lies', en cuyo minuto inicial ya se anuncia lo terrible, un crimen, pero sin detalles sobre el cómo y el quién, un misterio que malabaristamente se mantendrá en el aire durante los siete episodios de la temporada, que transcurren en el aparentemente idílico Monterrey, en los hogares de varias familias que disfrutan de estupendas puestas de sol y de las comodidades que proporciona la riqueza, pero bajo ese barniz inmaculado se esconde, cómo no, un pancreático y amargo relato de…, mejor no dar detalles, mejor sumergirse en la serie.

Es una comparación extrema, pero 'Big Little Lies' es un poco como esas novelas ambientadas antes de una gran guerra -la primera, la segunda, la civil-, en las que solo el lector sabe que se avecina un gran infortunio y sufre por la ignorancia en que parecen vivir sus días los protagonistas de la ficción.

Feud: Bette and Joan

  

Decir que 'Feud: Bette and Joan' es un biopic, aunque en esencia lo es, es hacerle un traje corto de tiro al relato serializado de todo aquello cuanto sucedió entre Bette Davis y Joan Crawford durante el rodaje de '¿Qué fue de Baby Jane?', película de 1962 en la que Robert Aldrich, imprudente él, puso bajo el mismo foco a dos supernovas del firmamento de Hollywood, a las que ahora dan vida, en un excelente maridaje de interpretación y maquillaje, Susan Sarandon y Jessica Lange.

Aquello fue, efectivamente, una colisión sideral. La rivalidad abrió las puertas de la inquina y el desprecio. Davis afirmó en una ocasión que el mejor recuerdo que guardaba del rodaje era el momento en que empujó a Crawford en su silla de ruedas escaleras abajo. Era, visto con perspectiva, una venganza adecuada, pues en la gala de los Oscar de 1963, Davis estaba nominada por su papel protagonista en la película. Confiaba en ganar. El trofeo, sin embargo, fue para Anne Bancroft, de forma merecida, por su papel en 'El milagro de Ana Sullivan', pero no estaba en la gala, así que recogió la estatuilla en su nombre…, efectivamente Crawford, sonriente, exultante por la rabia de Davis.

De toda aquella insana relación trata 'Feud', pero al mismo tiempo es, de forma indirecta, una reflexión sobre el maltrato al que Hollywood somete a las actrices cuando pierden la frescura de la juventud. Un dato final sobre esta cuestión. Crawford tenía 58 años cuando encarnó a la lisiada Blanche. Davis, la alcohólica Jane que se hace cargo de su hermana, tenía 54. Hollywood consideraba la cincuentena poco menos que la senectud, una edad sin gancho comercial. Para 'Feud', Lange y Sarandon se ha  abierto las puertas con 67 y 70 años, respectivamente. Es un avance.

The good wife

  

Siete temporadas dedica 'The good wife' al retorno a la vida laboral de Alicia Florrick tras ser madre de dos hijos y al dilema de ser o no ser impermeable a las infidelidades de su pareja por no dañar su carrera política. Sin duda merece estar en esta lista por su argumento de fondo. Es larga, sí, tal vez demasiado, pero su estructura es la receta de la Coca-Cola, una fórmula de éxito: la historia de fondo (una mujer que se abre paso) convive a la perfección con las historias autoconclusivas de cada capítulo, pues de juicios se trata.

Godless

  

Las razones para incluir este western en la lista de recomendables es tan frágil como un castillo e naipes. Antes, efectivamente, merecerían estar aquí 'Insecure' o 'Girls', incluso puede que 'Homeland', porque la agente Carrie Mathison resulta más creíble como agente del servicio secreto que Jason Bourne o, por supuesto, James Bond. Pero 'Godless', sin ser una serie redonda, es una rareza en primer lugar porque repesca un género orillado en la televisión por cable, el western, un ecosistema exageradamente masculino, hasta extremos insospechados a veces. El documental 'El celuloide oculto', por ejemplo, reinterpreta en clave gay una escena de 'Río rojo' en la que dos personajes presumen de sus pistolas como si fueran penes. En el reparto de aquel filme solo despunta una mujer, Joanne Dru. 'Godless', sin se una serie 'de' mujeres, ofrece una mirada distinta sobre este género, ni que sea por su punto de partida, un pueblo de Nuevo México que tras una tragedia está habitado casi exclusivamente por mujeres.

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