Tú y yo somos tres

Carlos Sobera, un niño y un tambor

Miguel, con su tambor, en ’Little Big Show’. / Mediaset

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Estamos todavía en fiestas navideñas. Enseguida llegarán los Reyes Magos. Y en la tele aprietan el acelerador sacando niños a escena. ¡Ahh! La capacidad de gasto infantil en estas fechas es fabulosa. Hay que incentivar a los fabricantes de juguetes para que pongan anuncios. Como dijo Paolo Vasile una vez, con un pragmatismo comercial portentoso: la tele es una plataforma de anuncios, los programas que se intercalan entre ellos son la anécdota.

Ahora mismo, en colaboración con la productora Warner Bros, Tele 5 está lanzando unos programas especiales titulados 'Little Big Show'Es como una especie de Tú si que vales, pero trabajando con niños a partir de 4 años. ¡Ah! La voracidad del negocio televisivo no tiene reparos con la edad. A partir de que una criatura ya se tiene de pie por sí sola, la tele  se cierne sobre ella.

He visto a un niño de 6 años, Hugo, que dicen que lo sabe todo sobre Miguel Ángel, el gran artista del renacimiento. Hugo repetía como un lorito su biografía, aprendida de memoria. No estoy seguro si a esa edad sabía exactamente lo que iba repitiendo. En un momento dado, para prolongar un poco el show, pusieron a un hombre estatua en escena, disfrazado de Moisés. Y Hugo, que no tiene un pelo de tonto, exclamó sorprendido: "¡Se está moviendo!". O sea, resumió este niño, sin saberlo, aquello que decía Dalí y que le fastidiaba enormemente: "Lo mínimo que se le puede pedir a una estatua es que se esté quieta".

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He visto a otro niño, Miguel, de cuatro años, de Valdepeñas, que salió con un tambor. Al principio nos dio un vuelco el corazón: temimos que fuera a imitar a aquel inquietante  -y un poco macabro- Oscar Mazerath,que Günter Grass inmortalizó en El tambor de hojalata. Pero  nos tranquilizamos enseguida: Miguel tocaba el tambor con cierta destreza, con  simpatía,  y sin atisbos tétricos. Era solo un tamboriler inocente, recién salido de la guardería,  y pillado por la tele. En realidad a quien pilla la tele es a los padres. Los sienta entre el público y la cámara les enfoca a cambio de prestar al niño, o a la niña, para que haga alguna cosa.

Este programa tiene una ventaja inmensa: lo presenta  y coprotagoniza Carlos Sobera. Gracias a su savoir faire, su ductilidad y su simpática manera de relacionarse con los niños, la cadena ha evitado un más que probable apercibimiento de la fiscalía de protección al menor.