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NUEVO DOCURREALITY

'Espíritu salvaje' se estrena en Cuatro con los rinocerontes de Namibia

El matrimonio Canela-Margarit y sus dos hijos viajan a la sabana africana para fotografiar de cerca dos especies en peligro de extinción

JUAN CARLOS ROSADO / MADRID

Vídeo promocional del docurreality Espíritu salvaje. / MEDIASET

Vídeo promocional del docurreality Espíritu salvaje.
Andoni Canela, Meritxell Margarit, Unai Canela y Amaia Canela, en la presentación de Espíritu salvaje, la nueva docuserie de Cuatro.

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Namibia, la sabana africana y los rinocerontes son los protagonistas de la primera entrega de ‘Espíritu salvaje’, el nuevo 'docu-reality' de Cuatro que arranca con la pretensión de mostrar las vivencias de una peculiar familia de aventureros. El matrimonio formado por el fotoperiodista Andoni Canela y la escritora Meritxell Margarit viajarán por medio mundo acompañados de sus hijos Unai (13 años) y Amaia (7 años), acostumbrados ya desde hace tres años a vivir fuera de casa. Aquel periplo de año y medio quedó inmortalizado en la película documental ‘El viaje de Unai’, estrenada en los cines y emitida por TV-3. Pero ahora les toca trabajar para Mediaset y demostrar por qué su insólita experiencia atrajo en su momento la atención mediática de los españoles.

Unai será esta vez el verdadero foco de atención del programa, en su papel de narrador y conductor de estas aventuras cuyo objetivo es fotografiar de cerca las especies animales amenazadas o en peligro de extinción. Él y su hermana están habituados a dormir al raso, por lo que pocas cosas les podrán ya sorprender. Los espectadores no sólo podrán contemplar increíbles parajes y asombrosos ejemplares de la fauna, sino que también descubrirán cómo se relacionan los protagonistas con la población autóctona de los lugares que visitan, su emoción ante cada nuevo hallazgo y sus pequeñas ‘decepciones’.

RUTINAS FAMILIARES

Con una espectacular fotografía y un estilo narrativo directo y ágil, la familia Canela-Margarit mostrará cómo conciliar el objetivo profesional del viaje, marcado por el trabajo del padre, con las rutinas propias de una familia cuyo hogar se traslada durante una temporada a la selva, el desierto o la montaña. Comprar provisiones para pasar varios días en medio de un parque natural, cocinar en singulares circunstancias, instalar su campamento y hacer los deberes o jugar cuando no hay niños ni juguetes en cientos de kilómetros a la redonda formarán parte de la aventura tanto como la propia expedición.

La primera etapa de esta ronda aventurera les llevará, tras tres horas de escala en Suráfrica, a Namibia en busca del rinoceronte blanco y el rinoceronte negro, dos de las especies más amenazadas de todo el mundo. La familia viajará al desierto de Damaraland y a las sabanas de Etosha, donde enseguida aparece la emoción de Unai que, tras un largo viaje y casi sin descansar, espera de noche junto a su padre a que aparezcan animales en una pequeña charca para saciar su sed.

Estar a pocos metros de más de 30 elefantes es lo mejor del día para el chico, que esperará el tiempo que haga falta para fotografiar al casi extinto rinoceronte blanco. Estos animales son objeto de deseo de los cazadores furtivos por sus valiosos cuernos, a los que se atribuyen erróneamente propiedades curativas. Eso sí, son más rápidos que Usain Bolt a la hora de mover sus 1,70 metros de altura y su elevado peso, similar al de un pequeño camión.

HIENAS AL ACECHO

En el campamento, Unai está encantado al descubrir que van a dormir en unas tiendas de campaña habilitadas sobre el todoterreno en el que se desplazan para que leones o hienas no puedan atacarles. El campamento está en un lugar alejado de cualquier población y sin más compañía que las molestas moscas, así que la familia debe proveerse de víveres suficientes para pasar unos cuantos días aislados.

En el parque deben cumplir con unas reglas muy estrictas, como no conducir de noche y cumplir el horario de entrada al recinto del campamento. Con la observación de los animales se les hace de noche y llegan tarde, de modo que Andoni tendrá que usar sus mejores artes para convencer a los guardas y no quedarse a dormir fuera. Una nueva jornada de paciente búsqueda dará sus frutos cuando de repente una manada de unos 30 elefantes se ponga a tiro del objetivo de Andoni. Pero el rinoceronte se hace esperar hasta que un bonito ejemplar con su cría se pone a tiro de cámara del fotoperiodista navarro.

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