PRÓXIMO ESTRENO EN MOVISTAR+

La fascinación de Oliver Stone por Vladimir Putin

El realizador estadounidense estrena en la televisión francesa su serie de entrevistas 'Conversaciones con Putin'

El líder del Kremlin niega haber interferido en las elecciones de EEUU, defiende la anexión de Crimea y acusa a la CIA de estar tras el terrorismo checheno

Vladimir Putin con Oliver Stone, en la serie documental sobre el líder ruso que ha dirigido el realizado estadounidense.

Vladimir Putin con Oliver Stone, en la serie documental sobre el líder ruso que ha dirigido el realizado estadounidense.

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Eva Cantón
Eva Cantón

Periodista

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A sus 70 años, Oliver Stone sigue siendo adicto a la controversia. El último trabajo del realizador estadounidense‘Conversaciones con Putin’, fruto de una larga serie de entrevistas con el presidente ruso realizadas entre el 2015 y el 2017 y divididas en cuatro episodios de una hora de duración, ha desembarcado esta semana en la televisión francesa (próximamente Movistar+ los estrenará en España ) precedido por las mismas críticas de connivencia con su interlocutor que ha recibido en los medios estadounidenses y británicos.

Stone sitúa su cámara ante el líder del Kremlin sin cuestionar la veracidad de sus palabras. Su intención, según ha admitido él mismo, no era realizar un ejercicio periodístico, sino permitir que Putin exponga su visión del mundo, de sus relaciones con Washington y de la historia de Rusia. Desde ese punto de vista, Stone ha ganado su apuesta.

El oscarizado cineasta ha logrado entrar en el despacho del mandatario ruso, en su residencia de Sotchi, viajar a bordo del coche oficial conducido por el propio Putin, asistir a un partido de hockey sobre hielo en el que el presidente viste el número 11 de la selección o presenciar en la célula de crisis una videoconferencia sobre el desarrollo de los bombardeos rusos en Siria. 

RELAJADO Y CÓMODO

En los diferentes escenarios y durante los cuatro episodios, Putin despliega su retórica relajado, con comodidad. Se le ve pedir perdón por el desorden de su despacho o llevar una taza de café a su interlocutor. En las entrevistas desfilan todos los temas: su infancia en San Petersburgo, sus inicios en la KGB, su ascenso al poder moscovita y su mirada sobre la historia soviética. “Todos tenemos huellas del estalinismo. ¿Y qué?”.

Dice lamentar los desaires reiterados de Occidente cada vez que Rusia tiende la mano, critica el despliegue militar de la OTAN en las exrepúblicas soviéticas y cree que Europa es un vasallo de Estados Unidos.

Sostiene que la CIA está detrás del terrorismo checheno, que la anexión rusa de Crimea fue votada en referéndum, que Moscú no ha interferido en las recientes elecciones norteamericanas y que sus servicios secretos trabajan siempre en el marco de la ley.

En Rusia, prosigue Putin, se respeta la libertad de prensa y no se persigue a los homosexuales. Aunque en la serie de entrevistas hay espacio para chistes homófobos, como cuando Oliver Stone le hace a Putin una extraña pregunta: “Si tiene que ducharse en un submarino con un hombre que sabe que es homosexual, ¿eso le supone un problema?”.

La respuesta es más previsible: “Prefiero no ir a la ducha con él. No sirve de nada provocarle”, replica con una sonora carcajada. Otras veces los comentarios son machistas. “Yo no tengo nunca un mal día, porque no soy una mujer”, dice el líder del Kremlin. Hay hasta un episodio surrealista en el que Stone y Putin ven una secuencia de ‘Doctor Strangelov’, la sátira de Stanley Kubrick sobre la guerra fría que el presidente ruso no conocía.

OPINIÓN SOBRE TRUMP 

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En el documental producido por la cadena norteamericana Showtime, Putin explica que en su opinión la elección de Donald Trump no cambiará gran cosa la política internacional. El cineasta aporta su punto de vista cuando le dice a Putin que cree que la estrategia de Estados Unidos es “destruir la economía rusa, cambiar el liderazgo y dominar Rusia como en otros tiempos”.

El realizador, que siempre ha tenido debilidad por personajes poco ortodoxos, admite que Putin ejerce sobre él una cierta fascinación. “Usted es un excelente director general de una empresa. Rusia es su empresa”, le lanza a su interlocutor sin ironía.