EN LA SEXTA

'Salvados' retrata la España despoblada

Jordi Évole recoge las impresiones de vecinos de zonas rurales que cada vez están más desiertas

Jordi Évole conversa, en ’Salvados’, con unos vecinos de Utrilla (Soria).

Jordi Évole conversa, en ’Salvados’, con unos vecinos de Utrilla (Soria). / ATRESMEDIA

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EL PERIÓDICO / BARCELONA

No está cubierta por un espeso manto de nieve, no se pasa medio invierno en la penumbra ni tampoco sus noches se iluminan con espectaculares auroras borealesauroras boreales. Pero lo que sí comparte la Serranía Celtibérica –un área de 65.000 kilómetros cuadrados repartida entre 10 provincias– con la remota Laponia  remota Laponiaes la misma densidad de población. Y hasta allí se desplaza el domingo, 12, el programa de La Sexta 'Salvados' (21.20) para hacer un retrato de la España despoblada, esas zonas rurales que desde los años 50 y 60 están cada vez más desiertas: sin habitantes y –a diferencia de las lejanas tierras del norte– sin servicios, infraestructuras o recursos.

Mientras algunos pueblos se han resignado a morir, otros han decidido apostar por la supervivencia. Jordi Évole pretende mostrar qué se respira en estos lugares y, para ello, conversa con algunos de sus vecinos, como Pedro y Eusebio, dos ancianos de Utrilla, un pueblo de Soria que no supera los 40 habitantes, que recuerdan cómo era esa localidad en su momento de esplendor. Y se atreven a realizar un pronóstico de futuro: "No quedará nadie. Se marcharán", opinan con resignación.

LA ESCUELA, CRUCIAL

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El periodista también entrevista a algunos habitantes de Chumillas (Cuenca), núcleo que se resiste a morir y que ha logrado reabrir la escuela tras 28 años sin ella. Allí habla con Pedro, el alcalde, responsable de la reapertura del colegio. La máxima autoridad municipal cuenta cómo lo logró: intentando atraer a parejas jóvenes con niños al pueblo, a las que dio facilidades para la vivienda. Y la iniciativa funcionó, ya que Chumillas cuenta ahora con 15 niños y la edad media de la localidad ha descendido 40 años.

Évole también recoge las impresiones de Almudena, a quien Pedro convenció para que se instalara en Chumillas con sus hijos; y de Ángela, la maestra del centro que ha vuelto a funcionar. "Lo peor, a veces, es que te sientes un poco abandonado", reflexiona esta última. La incógnita ahora es saber qué pasará cuando los pequeños crezcan.