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un caso real

Movistar+ recrea el asesinato de Isabel Carrasco

La miniserie documental 'Muerte en León', dirigida por Justin Webster, reconstruye el crimen de la presidenta de la Diputación de León

Triana Martínez y Montserrat González, en Muerte en León. 

Triana Martínez y Montserrat González, en Muerte en León.  / MOVISTAR+

En mayo del 2014, Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León y entonces todopoderosa líder del PP en la provincia, murió tras ser tiroteada a plena luz del día en una pasarela sobre el río Bernesga, cerca de su casa. Montserrat González y su hija, Triana Martínez, fueron juzgadas y condenadas (aunque en grados diferentes) por este asesinato, así como Raquel Gago, policía local y amiga de Triana. Movistar Estrenos recuerda este miércoles, 7 de diciembre (20.45 horas), este mediático crimen en 'Muerte en León', una miniserie documental que recrea toda la historia del asesinato, el juicio y las circunstancias que rodean al caso.

Dirigida por el británico afincado en España Justin Webster, reconocido realizador de documentales artífice de títulos como 'Seré asesinado' (Mejor Director FICCI 2014), 'F.C. Barcelona confidential' (Prix Europa 2004) y 'Gabo, la magia de lo real' (estrenado en cines en EEUU), esta producción basada en un caso real no es solo la historia de un crimen. A través de las vidas de las protagonistas, la serie revela luchas de poder, corrupción política, nepotismo, clientelismo, engaños policiales y servidumbres judiciales. 

CONFESIÓN SIN ARREPENTIMIENTO

A lo largo de los cuatro episodios de una hora de duración cada uno, la miniserie aborda el caso a través de conversaciones con testimonios, la reconstrucción del crimen y las declaraciones durante el juicio, en el que, como ya hizo en su día tras ser detenida, González confesó haber matado ella sola a la dirigente conservadora. Dijo que lo hizo sin ayuda de su hija ni de su amiga. "No me arrepiento de haber matado a Carrasco. Mentiría si dijera lo contrario", declaró Montserrat ante el juez el pasado mes de enero.

La víctima, Isabel Carrasco

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La víctima, Isabel Carrasco.

González, casada con el exjefe de policía de Astorga (que tras el asesinato pidió el traslado), relató que cometió el crimen porque Carrasco le hizo la vida imposible a su hija, una ingeniera de telecomunicaciones que aspiraba a trabajar en la Administración leonesa, así como a formar parte del PP.

Según ella, Carrasco torpedeó ese futuro y asfixió profesional y personalmente a Triana. "No podía ni tomar un café con los funcionarios de la Diputación. No podía trabajar para otros empresarios de la provincia porque Carrasco lo impedía", relató la madre. "Mi hija sufrió una fortísima depresión. Adelgazó más de 20 kilos. Estaba mal. Fatal. Sentí miedo por ella. Decidí que la mataría, porque si no mi hija… Mejor ella que no mi hija", declaró durante el jucio.

INTENTO DE RELACIÓN SEXUAL

La condenada por el crimen atribuyó el acoso al que fue sometida su hija a una venganza porque Carrasco intentó mantener una relación sexual con Triana, algo que, durante el juicio, el fiscal recordó que era algo imposible de comprobar porque Carrasco estaba muerta. 

Raquel Gago

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Raquel Gago.

"Matar no es facil, y Montserrat lo hizo con precisión. Sin la colaboración de las otras dos acusadas no la hubiera podido matar", aseguró el fiscal.

El pasado febrero, el jurado declaró culpables del asesinato, junto con otros delitos de atentado a la autoridad y tenencia ilícita de armas, a Montserrat González (autora material de los disparos), a su hija y a Gago. El jurado consideró probado que la madre mató a la dirigente del PP “por odio”.

Al mes siguiente, la Audiencia Provincial de León enmendó al jurado popular y absolvió a la policía local del delito de asesinato y la condenó a cinco años de cárcel por encubrimiento y tenencia ilícita de armas, aunque en julio el Tribunal Superior de Castilla y León amplió la condena a 12 años por complicidad en el asesinato. Actualmente, la sentencia está pendiente en última instancia del Tribunal Supremo

El director, Justin Webster, ha reconocido la fascinación por un crimen que no entendía. "Mi primera impresión en León confirmó la sensación desconcertante de no entender nada: el odio hacia la mujer asesinada era evidente y, para mí, chocante -recuerda el director, afincado en Barcelona-. Igual de evidente fue la seguridad de casi todos en León de que las tres acusadas serían condenadas. Cuando explicaba el proyecto, alguien bromeó con que tendría que ser un documental corto, porque no había misterio. Pero la opinión más extendida era que nunca se sabría la verdad".