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CONSOLIDACIÓN EN LA SEXTA

Ana Pastor: "No cambio mi estilo por un punto más de audiencia"

'El objetivo' celebra su programa 100 adelantando lo que será el debate de investidura

La periodista madrileña confiesa que le "encantaría" entrevistar ahora a Angela Merkel

JUAN CARLOS ROSADO / MADRID

La periodista Ana Pastor, presentadora de El objetivo en La Sexta.

La periodista Ana Pastor, presentadora de El objetivo en La Sexta. / ATRESMEDIA

'El objetivo' cumple el domingo (La Sexta, 22.30 horas) el programa número 100 en medio de la euforia por haber conseguido, en lo que va del 2016, su máximo histórico anual: 9,4% y 1,87 millones de espectadores. Su presentadora, Ana Pastor (articulista de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA), cuenta en esta entrevista su experiencia al frente de este espacio informativo y hace balance de sus casi tres años de vida.

-¿Cómo celebra el programa número 100?

-Para nosotros lo especial es seguir haciendo nuestro trabajo. Nos hemos planteado adelantar lo que la gente verá en el Congreso la semana que viene con el debate de investidura, que es una jornada histórica por inédita. Hemos montado un debate entre los diferentes partidos para que nos adelanten sus posiciones en esa investidura. En la mesa estarán Javier Maroto (PP), Oscar López (PSOE), Carolina Bescansa (Podemos), Miguel Gutiérrez (Ciudadanos) y Sol Sánchez (UP-IU). Recordaremos lo que ha pasado en estos 100 programas, en los que hemos vivido más procesos electorales de los que nos podíamos imaginar. No habrá grandes celebraciones y alharacas. Queremos pensar ya en el programa 101.

-¿Pensaba cuando empezó que duraría casi tres años?

-Por un lado sí, pero en televisión las audiencias pesan mucho y este es un programa muy, muy informativo que no tiene nada de entretenimiento y se emite en un día como el domingo. Sabíamos que iba a ser duro. Al preparar el vídeo sobre los 100 programas que vamos a emitir, nos hemos dado cuenta de que hemos tenido muchas joyas. Como poder entrevistar a Manuela Carmena nada más llegar a la alcaldía de Madrid, cuando habíamos estado pidiendo durante años una entrevista con la anterior, Ana Botella. O a Diego Torres, que ahora está contando en el juicio por el 'caso Noos' lo mismo que nos contó a nosotros.

-¿Algún programa que le dejara un sabor amargo?

-Mi corazón se rompió un poco con el progama de Lampedusa sobre los refugiados, que para mí fue el mejor que hicimos y el menos visto. Eso indica que a la gente no le gusta ver el sufrimiento ajeno. Quiero pensar que es eso.

-Haga autocrítica de estos 100 programas.

-Una de las cosas que tienen visibilidad en el programa son las entrevistas, pero estamos consiguiendo que cada vez tengan más peso las otras tres patas de nuestro ADN: la hemeroteca, las pruebas de verificación y el destino del dinero público. Yo intento que el resto tenga la misma visibilidad que las entrevistas, pero probablemente en lo que tenemos que crecer es en eso.

Ana Pastor

PERIODISTA

Si TVE ha negado mucho tiempo la existencia de nuevos partidos y no ha invitado a sus líderes, pues la gente deja de verla"

-Su audiencia se mueve en torno al 9%. ¿Es suficiente por estar por encima de la media de la cadena o aspira a más?

-No, no. Yo aspiro a mucho más. Muchas veces pienso por qué estamos en un 9%, y no en una cuota mayor.  A lo mejor es porque elegimos una forma de contarlo un poco más fría, aunque el tema de los datos y las cifras es complicado de por sí. Pero nos sigue un 9%, que son dos millones de personas, y eso es una maravilla. No obstante, yo quiero el doble o el triple. Eso sí, no voy a cambiar ni el programa ni la forma de hacer periodismo en la que creo por tener un punto más. Yo sé que hay otras formas de conseguir más audiencia, pero no pienso hacerlo.

-¿Envidia el 14% de su marido, Antonio García Ferreras, en 'Al rojo vivo'?

-Antonio está en la estratosfera, pero también son franjas muy diferentes. A veces le digo a su equipo que están en la Liga de las estrellas. 'Al rojo vivo' se ha convertido en la gran referencia y estoy encantada, pero no por Ferreras, sino porque a una gran parte de su equipo la conozco de hace tiempo y se lo merecen.

-¿Tienen alguna asignatura pendiente?

-Hicimos pruebas de verificación por primera vez durante el debate de Rajoy y Sánchez, pero creo que es insuficiente y que deberíamos repetirlo. Probablemente ese piropo que nos echan de que hacemos televisión pública en un medio privado debería servir para mejorarlo, porque no tenemos techo. En el plano personal, pienso que las entrevistas las puedo hacer mucho mejor. Mi referencia son los periodistas anglosajones, que son muy duros. Yo, al lado de ellos, parezco blanda.

-¿Se atrevería a aplicar la verificación de datos ('fact checking') a las informaciones falsas y tendenciosas de los medios de comunicación?

-No es cuestión de atreverse o no. A mi no me gusta que me den lecciones ni tampoco darlas. Suelo aplicar lo de no hacer a los demás lo que no te gustaría a ti. Mi posición es crítica respecto a la profesión. Creo que hemos pecado mucho de pedirle a los políticos regeneración, y no nos lo hemos aplicado. Si la gente nos sitúa al mismo nivel que los políticos es porque hemos hecho algo mal. Pero eso está cambiando. Si hablas con la gente joven, no conciben una entrevista 'pelota'. Para ellos es otra cosa. Entienden que a un político hay que ponérselo difícil. Yo siempre digo que no somos más que un político, pero tampoco somos menos.

-Pero esa forma de entrevistar le puede pasar también factura…

-Sí, tiene un coste. Yo lo asumo, pero no voy a cambiarla a pesar de que gente como Rajoy y Pedro Sánchez no se quieran sentar conmigo. No voy a hacer una entrevista más facilona para que elijan venir a 'El objetivo'.

-Aparte de esos dos líderes políticos, ¿se le resiste alguien más?

-Estamos intentándolo con un personaje internacional que sería un 'puntazo', pero no lo puedo decir. A mi me encantaría entrevistar a Angela Merkel, que ahora mismo me parece un personaje muy atractivo.

-¿Entrevistaría al 'Pequeño Nicolás'?

-No. No me interesa nada ni el personaje ni el mundo actual que le rodea. Tengo una lista de gente tan interesante que entrevistar que esa persona no está entre mis prioridades ni mis previsiones.

Artur Mas me parece un tipo dialécticamente brillante, y en eso le vamos a echar de menos, si es que no vuelve..."

-¿Se siente orgullosa de haber puesto en su sitio a Pablo Iglesias en la primera entrevista al líder de Podemos?

-Lo curioso es que Iglesias volvió luego al programa. Normalmente cuando sales de una entrevista así lo normal es que no quieras volver. Yo no la viví con la misma intensidad que los espectadores. Al acabarla, tenía un montón de mensajes en el móvil que me decían “¡madre mía, qué dureza!”. Cuando dicen que los de La Sexta somos de Podemos, hay que tener en cuenta que el primer programa  que le recordó todas esas frases del pasado fue el nuestro. La entrevista más dura que le han hecho a Pablo Iglesias fue en La Sexta. Aquí tratamos a todos igual.

-¿No se siente frustrada con la famosa entrevista a Artur Mas en la que se le escapaba como una pastilla de jabón?

-No. Me parece uno de los políticos más interesantes de todos los que he entrevistado. Siempre lo pongo como ejemplo de buen entrevistado, aunque no comparta muchas de sus ideas. Es un tipo que da la cara. En la primera entrevista, cuando el decreto del 9-M, se prestó a una entrevista de hora y media después de haberse pegado un palizón ante la prensa. Hace unos meses lo mismo. Para mí no es frustrante. Otra cosa es lo que el espectador opine. Pero Mas me parece un tipo dialécticamente muy bueno, con mucho nivel, y en eso le vamos a echar de menos si es que no vuelve, que nunca se sabe…

-¿No siente 'mono' de aquellos momentazos periodísticos con el presidente iraní y con María Dolores de Cospedal?

-Cospedal no ha pasado por 'El objetivo' porque no quiere venir. Pero si yo fuera ella, lo haría. No siento 'mono' porque he tenido otras entrevistas intensas, como la de Marine Le Pen, la del yihadista del Líbano…

-La cobertura de La Sexta en sucesos como los atentados de París y la investidura de Puigdemont ha tomado la delantera a TVE. ¿Por qué la televisión pública no reacciona como una privada en estos casos?

-Se lo tendría que preguntar a ellos. Pienso que el periodismo es un servicio público y el mejor piropo que le pueden echar a mi medio es que hacemos un servicio de tele pública. Creo que nos lo ponen muy fácil porque es una cuestión de estar. ¿Quién puede pensar que la investidura de Puigdemont no es un hecho noticioso para una cadena que cree en la información? O hablar de los refugiados, o de la aparición de nuevos partidos... Si tú has negado durante mucho tiempo la existencia de nuevos partidos y la ruptura del modelo bipartidista y no invitas a los protagonistas de la información, pues la gente deja de verte.

-¿Se le pasa por la cabeza volver a TVE ahora que es posible que cambie el signo político del Gobierno?

-No. Estoy encantada en La Sexta porque hago el programa que quiero con las entrevistas que quiero y de la forma que quiero. Si hace unos años me dicen que vamos a poder hacer un debate electoral en una cadena privada como Atresmedia en el que solo Vicente Vallés y yo sabíamos lo que íbamos a preguntar y las condiciones las ponía la cadena, hubiera dicho que eso eraimposible.

-¿Qué prefiere Ana Pastor como ciudadana: que haya pacto de Gobierno o que haya nuevas elecciones?

-Como ciudadana y periodista estoy un poco cansada de este bucle absurdo en el que nos encontramos. Las propuestas de estos días no suman, con lo que mi apuesta es que vamos a ir a elecciones. Someter al país a otra campaña y otros comicios cuando la gente no creo que vaya a cambiar de voto porque sí, sería encontrarse con la misma situación tras otras elecciones.

-O sea, que se ve moderando otro 'debate a cuatro' en junio…

-No lo sé (ríe). Creo que con uno hemos tenido suficiente.

-¿Qué habría hecho usted como moderadora cuando Sánchez le llamó "indecente" a Rajoy en el último debate?

 -No lo sé. Debe de ser muy complicado. A ninguno de los periodistas que hacemos este trabajo, o al menos a mí, nos gustan las descalificaciones personales. Yo tiendo a no permitirlas, pero si lo pienso yo, imagínese Manuel Campo Vidal, que lleva muchos más años que yo en esto.

Esperanza Aguirre dice que soy de izquierda radical cuando no sabe cuáles son mis valores: me he movido en entornos muy católicos"

-¿Usted hubiera intervenido más que él en el debate?

-Somos modelos muy diferentes. A Campo Vidal se le criticó por su presunta pasividad y a mi se me critica por lo contrario, por intervenir e interrumpir. Pero prefiero que me critiquen por pasarme interveniendo.

-Estudió Periodismo en un centro elitista y de derechas como el CEU. ¿No teme que este dato lo utilicen como arma contra usted?

-No me preocupa nada. Yo estudié en un colegio de monjas de los 3 a los 18 años, vengo de una familia católica y no reniego en absoluto de nada de lo que hago, pienso y digo. Quizás otros sí. Si atacar a alguien con eso les parece adecuado… Yo aprendí muchas cosas en la Universidad, donde por cierto estudié con una beca, al igual que en el colegio. Procedo de una familia en la que somos la primera generación que tenemos una carrera. Mi madre lee y escribe con dificultad porque no pudo estudiar desde los 12 años. A pesar de ello es capaz de ponerse a hablar por Skype con sus nietos en su ordenador y escribir correos electrónicos. Por lo tanto, si a mí alguien me quiere atacar por estudiar en un sitio o en otro, tiro de lo que he aprendido en casa y me preocupa entre cero y nada.

-¿Pero considera que el CEU es un centro universitario elitista y de derechas?

-Considero que muchas de las cosas que sé las aprendí allí. Me parecería absurdo e incoherente decir ahora eso que me plantea. Yo me he movido en entornos muy católicos y no me incomoda porque gran parte de lo que soy se lo debo también a ese tipo de educación, tanto en el colegio como después en la Universidad. Por eso me hace gracia que Esperanza Aguirre en una entrevista me dijera que soy de izquierda radical porque ella no sabe ni lo que yo pienso ni cuáles son mis valores. Mis valores puede que sean más reales y más cercanos a lo que ella teóricamente representa. Que me llame de izquierda radical me hace gracia. Hasta mi madre se ríe cuando lo oye.  

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