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CONCURSANTE DE RÉCORD

Marcel Arias: "Juro que en 'El gran dictat' nunca he fallado adrede"

El biotecnólogo barcelonés, de 27 años, se ha llevado el mayor bote del programa de TV-3, casi 100.000 euros

OLGA LERÍN / BARCELONA

El concursante Marcel Arias, en una imagen de El gran dictat de TV-3.

El concursante Marcel Arias, en una imagen de El gran dictat de TV-3. / TVC

Marcel Arias ha entrado este miércoles en la leyenda de 'El gran dictat', el concurso de TV-3 que ha entregado el mayor bote de la historia en sus seis años en antena. Este biotecnólogo barcelonés de 27 años se ha llevado el famoso 'porquet' del programa, con 45.500 euros que, sumados a la cantidad que ya tenía acumulada, hacen un total de 98.070 euros. El joven se lo ha tomado con una tranqulidad pasmosa.

--¿Ha pasado muchos nervios a lo largo de estos cinco meses?
--Sí, de manera fluctuante. Comencé con bastantes nervios, después te relajas y cuando vas viendo que fallas, que no ganas el bote y que hay gente que te lo puede quitar, te vuelven los nervios otra vez.

--¿Estaba seguro de sus posibilidades?
--No, porque puedes tener un mal día o enfrentarte a alguien muy bueno. Sufría bastante, aunque no me definiría como un sufridor.

--La gente ya le debe parar por la calle...
--Son muy amables, sobre todo los niños y los abuelos. Se nota que la franja de telespectadores del programa cubre estas edades sobradamente. Me saludan mucho y me han animado a ver si ganaba el bote de una vez.

--¿Ha pensado ya qué va a hacer con esos casi 100.000 euros de premio?
--Estar muy tranquilo, porque estoy haciendo el doctorado con una beca del Ministerio. Me quedan dos años y la idea es acabarla. Mientras tanto, haré algún viaje en vacaciones. Quiero coger el Transiberiano y poca cosa más. La verdad es que no he tenido tiempo de asimilarlo todavía.

--¿En algún momento se le ha pasado por la cabeza dar un vuelco a su vida?
--No, no es necesario perder los papeles. Estoy contento donde estoy. Lo único que, a partir de ahora, viviré más tranquilo.

--El precio que ha pagado ha sido un rizo de su cabello, pero podría haber sido peor por el riesgo de perder toda la cola...
--Es cierto. Fue una dura negociación de la que he salido ganando (ríe). Sin duda alguna, ha valido la pena.

--Ha habido personas que le han acusado de fallar respuestas adrede como estrategia.
--Sí, he recibido esta crítica. Me gustaría invitar a estas personas a participar en el programa y comprobar que fallar deliberadamente es un riesgo demasiado elevado. No sale a cuenta. Nunca he fallado adrede. Lo digo con la mano sobre la Biblia y lo que haga falta.

--Sorprende la combinación: un científico que es un 'crack' del vocabulario.
--En casa soy el 'especial', porque tanto mis padres como mis hermanas son gente de letras. Yo salí desviado y me fui hacia las ciencias. Pero en mi casa las letras están muy presentes. Mi hermana y mi padre son traductores. He tenido siempre este 'input' de inquietud por las letras. Siempre me ha gustado estudiar inglés, alemán... Y mis padres nos han fomentado la lectura de autores de todo el mundo. Es un tema de curiosidad e interés general, no de pasión por la filología en concreto.

--Con el catalán lo ha tenido más fácil, porque lo ha podido estudiar desde pequeño.
--Sí, es una ventaja, pero en casa la lengua materna es el castellano. Mis padres son de Castilla, pero yo siempre he tenido muy claro que ser bilingüe es una ventaja brutal y he procurado tener el máximo nivel posible en ambas lenguas.

--¿Qué es más fácil, combatir un virus o deletrear palabras?
--Los virus son bastante desafiantes. Son complicados. Con las palabras puedes tener suerte. Y en la investigación también, pero aquí la suerte te la debes trabajar más.

--¿Recuerda alguna palabra especialmente complicada?
--Los minerales. Le podría decir alguna, pero no es mi ámbito. Yo soy biotecnólogo y los minerales son para un geólogo. No los he estudiado nunca y me pillaban desprevenido. También las palabras de miembros de diferentes etnias del mundo y las plantas, que han sido mi gran enemigo en 'El gran dictat'.

--¿Algún vocablo que no olvidará nunca?
--Uno que me quitó el bote por una letra, 'Rapakivi' [un granito]. Llevaba muchos programas y pensaba que ese sería el definitivo, pero me salió esta palabra y la cagué. Tuve una pequeña crisis, porque lo había tenido muy cerca.

--¿Y recordará también ese último escollo, la palabra 'Kagú'?
--Sí, seguro, me colgaré un póster de un kagú [un pájaro de Nueva Caledonia] en la habitación. Lo tengo clarísimo.

--¿Cuál fue más difícil de deletrear?
--Me entrabanqué mucho con 'Flegmó' [flemón], pero cuando la saqué me dio un subidón, porque había sufrido mucho.

--¿Participará en algún otro concurso?
--Me han animado, pero no lo tengo claro. 'El gran dictat' era una combinación que se me ha dado bien, pero en otros programas no me iría tan bien. No me lo he planteado seriamente.

--¿Cuál es esa combinación que tan bien le ha funcionado?
--Las primeras pruebas son de agilidad mental, que a mí se me dan bien. Con las palabras difíciles que vienen de otros idiomas tengo cierta facilidad por el hecho de haber leído en esas lenguas o tener pequeños conocimientos. Eso me hace tener más acierto.

--¿Le han tocado muchas palabras científicas?
--Sí, muchas.

--¿Ha jugado entonces con ventaja?
--Sí. Siempre he dicho que ser científico es una ventaja en este programa. Lo creo sinceramente, no por el bote, sino porque la ratio de palabras científicas es bastante alta. Los morfemas de estas palabras son bastante estándar, vienen del latín o del griego, y si has hecho determinadas carreras las puedes traducir fácilmente.

--Se ha llevado el famoso 'porquet'. ¿No será vegetariano?
--No, soy omnívoro. ¡Me lo voy a comer entero! (ríe).