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pantallas

Las sirenas existen

Mikel Lejarza

No es fácil decir quién inventó la televisión. La respuesta más común es que fue el escocés John Logie Baird, pero quien ideó el tubo de rayos catódicos fue el ruso Vladimir Zvorykin; el alemán nacido en Polonia Paul Gottlieb descubrió el disco que lleva su propio nombre, una aportación decisiva en el desarrollo de los primeros televisores. Sin el estadounidense David Sarnoff, el medio nunca hubiese tenido la imprescindible estructura empresarial para su lanzamiento comercial. Y para los amantes de las historias de perdedores románticos, fue Philo Taylor Farnsworth quien, al desarrollar el primer dispositivo para recoger imágenes electrónicas, posibilitó que hoy existan eso que aún llamamos televisores, aunque nadie se lo reconociera en su momento. Sin embargo, basta que se produzca el más mínimo éxito de un programa para que sus responsables alardeen de haber sido ellos quienes inventaron la televisión. No es criticable en exceso: en todos los órdenes de la vida, los éxitos tienen muchos padres, los fracasos ninguno. Y la tele es un éxito indiscutible. Pero la realidad es que hace años que las aportaciones en clave de novedad son escasísimas y el medio se ha habituado a plantearse el futuro en base al estudio de los datos del día anterior y a reciclar y repetir fórmulas de probado éxito, lo que explica un panorama lleno de ecos y cada vez con menos voces

La próxima temporada internacional lo muestra con rotundidad. Los grandes estudios apuestan por éxitos contrastados; por series episódicas capaces de ser consumidas sin necesidad de seguir la trama semanalmente; por dramas de detectives, médicos, familias y superhéroes  mil veces  vistos; y lo más llamativo, por remakes de películas y ficciones antiguas como la adaptación de Minority report o el retorno de X Files. La ausencia clamorosa de grandes apuestas por la comedia describe finalmente lo que será una temporada tradicional en la que una vez más se envían a las viejas glorias al rescate ante la ausencia de nuevas alegrías. Tras muchas décadas de existencia, en la televisión da la impresión de que es difícil inventar ya algo nuevo , pero la tarea se antoja imposible si de lo que se trata es de clonar éxitos conocidos. Porque de entre todas las incertidumbres, la única certeza demostrable consiste en que lo que hoy es moda, tarde o temprano dejará de serlo,  y que aunque para conducir el espejo retrovisor es necesario, mirar hacia adelante es imprescindible. La cuestión consiste por tanto en cómo hacerlo, cómo seguir inventando.

En Google lo tienen claro. Según Hal Varian, su economista jefe, basta con analizar los consumos de la clase alta y concluir que eso es lo que harán en el futuro la clase media y más baja. Si aplicamos esa teoría al audiovisual, el porvenir de lo generalista está en el presente de muchos de los éxitos de los canales de pago. Efectivamente, es posible que las tendencias más significativas vayan por ahí, pero la clave de lo que vendrá está, como siempre, en la cabeza de aquellos que al mirar el mar, no ven sólo una inmensa masa de agua salada, sino un lugar habitado por sirenas, pierden el miedo y se lanzan a buscarlas. Estos son los que inventan cada día la televisión.