'Making of'

'El foraster', por dentro

Teletodo acompaña a Quim Masferrer y su equipo en su visita a Portbou

TV-3 emite esta noche el programa, que se grabó hace justo un mes

Quim Masferrer y su equipo preparan el monólogo que pronunciará en Portbou.

Quim Masferrer y su equipo preparan el monólogo que pronunciará en Portbou.

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FERRAN COSCULLUELA / Portbou

El suplemento 'Teletodo' de EL PERIÓDICO asistió el 27 de enero a la grabación del monólogo de Quim Masferrer para 'El foraster' en el programa dedicado a Portbou, que hoy emite TV-3. El rodaje fue como una fiesta mayor para la localidad ampurdanesa. Es un programa con un formato que parece sencillo, pero que esconde un gran esfuerzo. El guion no está escrito y en cada localidad se empieza de cero para hallar historias y personajes.

Ni Adrià Paituví, jefe de producción, ni uno de sus ayudantes, Sandro, pudieron hacer nada para impedirlo. Una avalancha humana irrumpió en la sala La Congesta de Portbou y echó por tierra todos sus esfuerzos para colocar estratégicamente a los principales invitados: los protagonistas del programa y del monólogo de 'El foraster', cuyas reacciones tienen que ser recogidas por la cámara cuando Quim Masferrer se refiere a ellos durante sus comentarios.

El pasado martes 27 de enero fue una especie de fiesta mayor en la pequeña población del Alt Empordà. Una semana antes, el equipo de 'El foraster' había estado rodando durante tres días en los que cazó a los personajes que aparecen en el programa que se emitirá a finales de este mes. Ahora toca ver el vídeo con algunas de las secuencias grabadas y, sobre todo, ver en escena a Masferrer. Todo un acontecimiento para esta pequeña localidad de apenas 1.200 habitantes.

Minutos antes de la estampida, 'El foraster' Masferrer está en medio del escenario mirando una sala repleta de sillas vacías. No hace bromas ni pone su habitual cara de pillo. Está serio, concentrado, repasando mentalmente el monólogo de casi 40 minutos que protagonizará en breves instantes. No es solo un ejercicio de memorización, sino que tiene que interiorizar el tono adecuado para cada una de las historias que abordará durante su actuación. Algunas son cómicas, otras ayudan a describir el pasado y el presente de Portbou, con la decadencia de su centro ferroviario y la influencia de ser el primer pueblo que encuentran los turistas cuando cruzan la frontera. Pero también hay episodios dramáticos, a veces terribles, que dan el contrapunto al tono desenfadado del programa.

«El espectador quiere sentir cosas, y hemos visto que funciona muy bien combinar personajes divertidos, que dan una parte de comedia, con una historia de empatía con una persona que haya tenido una vivencia dura. No todo es de color de rosa en la vida», comenta Raimon Masllorens, director de la productora del programa, Brutal Media, y productor ejecutivo de 'El foraster'.

UN RELATO DRAMÁTICO

En esta ocasión, el relato más dramático lo protagoniza Maria Iglesias, una anciana que a los 13 años tuvo que atravesar a pie los túneles de la estación en dirección a Francia, huyendo con su familia de la guerra civil. «Próxima estación, hacerse mayor de golpe», sentenciará después Masferrer en el monólogo, en un emocionado homenaje que arrancará por igual los aplausos y las lágrimas del auditorio.

Además del desorden en la entrada a la sala, el equipo de producción tiene que luchar contra otras contingencias. Una de las protagonistas, Anna, no quiere sentarse en la silla asignada y prefiere permanecer escondida en un rincón. Antoni, su marido, exboxeador y propietario de un chiringuito en el paseo marítimo, no aparece. Es un problema grave, porque el púgil, conocido en sus tiempos como Campanero, es una pieza clave en el programa. Por si fuera poco, y para darle más emoción a la cosa, Pedro, uno de los freakis del pueblo, no deja de gritar y de dar la nota durante la grabación.

Sin embargo, el equipo de 'El foraster' vive así. Son los trotapueblos de la tele. Unos profesionales que empiezan de cero en cada rodaje. Tienen una localizadora, Lali Colomé, que busca personajes e historias, pero, cuando llegan con la cámara y el micro, no todos dan el juego deseado. «Hay programas en los que tienes una cierta dinámica de trabajo, pero aquí el guion no está escrito. Algunos de los personajes seleccionados funcionan, pero en general es una aventura», relata Masllorens.

Tras más de 30 pueblos y miles de kilómetros recorridos, Masferrer y el resto del equipo se han convertido en expertos cazadores. Saben ganarse la complicidad de los vecinos, que les ayudan en su búsqueda de personajes con chispa, y han desarrollado un olfato de sabueso que les permite captar y enlazar historias que a otros les pasarían de-sapercibidas. Como la de Quim, un cinéfilo que tiene en su casa más de 4.000 películas y al que conocieron cuando paseaba a su perro por Port-bou. O los impagables Dani y Gael, dos niños que han rodado cuatro entregas de una película titulada Peluches contra alienitas.

«A los niños y las personas mayores les impacta menos que haya una cámara grabando. No se intimidan y te hablan a ti. No sé si es porque el programa es más conocido, pero a veces me doy cuenta de que hay gente que aprovecha la oportunidad que les damos para explicar su historia y tener su pequeño momento de gloria en la tele», comenta Masferrer. Teresa, responsable de la oficina de turismo de Portbou y uno de los personajes que aparecerá en el programa, atribuye gran parte del éxito de El foraster a los méritos del actor y al buen hacer de su equipo. «Quim sabe hacer hablar a la gente, es muy agradable y sabe mucho. Viene de la farándula y es muy payaso. Aquí la gente se ofrecía a participar y había mucha complicidad, aunque algunos tenían un poco de miedo de las bromas que podían hacer los de Can Fanga (Barcelona)», comenta.

MÉRITOS DEL ACTOR

El papel fundamental de Masferrer también es ensalzado por el responsable de Brutal Media. «El presentador es muy importante. Siempre está en pantalla y tiene dos papeles: el de curioso que pregunta pero no juzga, aunque cuando escucha algo curioso mira a la cámara buscando la complicidad del espectador, y el del monólogo, que es cuando da su opinión y se moja», destaca Masllorens.

El equipo del programa tiene claro que el presentador marca el tono. Y ellos quieren que sea amable, de humor blanco, porque de lo contrario puede dar la sensación de que se están burlando de los entrevistados. «Una de las grandes virtudes de El foraster es que la gente enseguida entiende que no nos reímos de ellos, sino que nos reímos con ellos, y eso es vital», añade el responsable de la productora.

Una complicidad que no responde al formato original del programa, emitido en la televisión pública danesa, cuyos derechos fueron adquiridos por Brutal Media en el 2012. La fórmula escandinava es más ácida, con un look muy diferente y con menos miramientos con los personajes entrevistados, comenta Masllorens. «Una de las cosas que sabíamos, y con la que hemos jugado mucho, es la necesidad de introducir planos con la reacción de las personas a las que se refiere Quim en el monólogo. Suelen aparecer tronchándose de risa con sus comentarios. Si se habla de alguien y no lo ves, no sabes cómo le pueden sentar esos comentarios, pero si está allí, riéndose e interactuando con Quim, el espectador ve la conexión humana entre ambos y también se ríe», destaca el responsable de Brutal Media.

MUCHO TRABAJO

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Tras este buen rollo se esconden, sin embargo, muchas horas de trabajo. Los dos equipos de grabación de El foraster pasan entre dos o tres días rodando entrevistas y localizaciones en jornadas que a veces duran 14 horas. Con ese material (que puede incluir hasta 26 horas de grabación) se monta un vídeo que se pasa antes del monólogo. Después, Masferrer interpreta su papel de 40 minutos (escrito con la colaboración de cuatro guionistas), cuyo texto tiene que aprenderse en apenas dos días. Tras la representación, el meticuloso director del programa, Xavi Morral, le hace repetir algunas entradas y comentarios con alguna variante para facilitar el montaje del vídeo final, en el que se fundirán el monólogo y las entrevistas.

El rodaje del monólogo puede durar más de cuatro horas y hay veces que, cuando se acaba, ya de madrugada, el equipo ha de estar listo para ir a rodar a otro pueblo al día siguiente. «Hay mucho trabajo detrás del programa. Parece sencillo, pero no lo es, aunque todo lo que parece sencillo funciona. La gente quiere conocer el formato, quiere que le sorprendas relativamente, pero conociendo siempre las reglas del juego», dice Masllorens.

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