01 dic 2020

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la entrevista del 'Teletodo'

Joel Joan: "Hacer 'El crac' ha sido terapéutico y liberador"

El actor realiza una autoparodia en la nueva serie de TV-3

Marisa de Dios

El actor y director Joel Joan.

El actor y director Joel Joan. / FERRAN SENDRA

Joel Joan (Barcelona, 1970) le gusta involucrarse al cien por cien en sus trabajos televisivos, medio en el que le descubrimos en los años 90 con la mítica 'Poble Nou' de TV-3. Ya lo hizo en 'Plats bruts' 'Porca Misèria', dos de sus creaciones para la cadena autonómica catalana, en las que ejerció como guionista, director y protagonista. Ahora ha dado un paso más con el estreno de 'El crac', donde, además de ponerse delante y detrás de la cámara, se interpreta a sí mismo, eso sí, exagerando su personaje y riéndose de su imagen pública, un trabajo que le está resultando "terapéutico y liberador".

--En 'El crac', Joel Joan hace de Joel Joan. ¿Qué hay de realidad y qué hay de ficción en el personaje? 
--El bicho, esa persona un poco inmadura que no ha asumido sus fracasos y la derrota, que en cierta manera supone crecer, es en ese sentido muy yo. Así que la esencia, lamentablemente, es la mía. Luego, lo que pasa en mi vida, con mis amigos y enemigos, todo mi entorno, es evidentemente ficción. Lo que tratamos es hacer ficción jugando con la realidad para crear más morbo y duda en el telespectador.

--En la presentación de la serie se describió al protagonista como incongruente, inconsciente, intransigente, indecente, insoportable, incoherente, insaciable e incendiario. Vaya, una joya... 
--¡Es que soy bastante yo! (Ríe).

--¿En serio? 
--En definitiva, soy una exageración de lo que nos pasa a todos, pero en menor medida. ¿Quién no es incongruente? ¿Quién no dice una cosa delante de quien le interesa y lo contrario delante de otra? ¿Quién no tiene debilidades? ¿Quién no quiere ser el rey del mambo? Esa inmadureza creo que puede ser lo que haga empatizar al espectador.

--En la serie juegan con su imagen pública. ¿Cree que hay gente que le ve con todos los adjetivos que le he enumerado antes? 
--Supongo que muchos sí y otros no. Yo me veo así. Mi psiquiatra me ve así. Soy una persona que, después de muchos años, me he dado cuenta de que por supuesto que no soy tan perfecto ni tan talentoso como me pensaba.

--¿De ahí salió la idea de hacer 'El crac', de la necesidad de reírse de usted mismo? 
--Soy muy fan de las series de ese estilo, como las de Larry David, Ricky Gervais o Louis C. K. Son maravillosas y hace tiempo que disfruto mucho con ellas y valoro ese punto de sinceridad que tienen, de ponerse en primera persona delante de la trinchera para decir: "Pues sí, soy este, ¿qué pasa?".

--Aquí hace una autoparodia. 
--Es un selfie paródico, una autoparodia como las que hacen los ingleses y los americanos, algo que es habitual en sociedades más adultas, donde se puede hacer broma de casi todo y de casi todos. La verdad es que la serie surgió después de estar unos meses pensando en una idea de ciencia ficción.

--¿Y por qué no hizo al final esa serie de ciencia ficción? 
--Me di cuenta de que, con la megacrisis y los presupuestos actuales en la tele, era imposible sacar ese proyecto adelante. Además, también tenía una gran necesidad de hacer comedia, que es un vehículo perfecto para explicar grandes tragedias. De hecho, la historia de 'El crac' es una tremenda tragedia. En los 12 episodios acabaremos destruyendo al personaje del todo.

--Porque el 'crac' es un antihéroe. 
--Es un perfecto perdedor desde su altivez y el pedestal en el que piensa que está. Ese juego me interesaba mucho. Además, me di cuenta de que tenía muchas ganas de reírme de mí mismo. Tengo una gran tendencia a reírme de todo el mundo, así que ya me tocaba reírme de mí.

--¿Y está siendo terapéutico? 
--Terapéutico y liberador. Pero, sobre todo, espero que también acabe siéndolo para la audiencia y que aprenda a perdonarse a ese crac que todos llevamos dentro, inmaduro y que no es lo que nos gustaría ser.

--En la serie no solo se ríe de usted, sino también de la profesión y de la industria cinematográfica. 
--Y del país, de los amigos y de todo el mundo. Hacemos un poco de repasada general. Me río de las fobias del país, como por ejemplo de esa especie de obsesión que nos ha cogido con el 1714; me río de la industria cinematográfica y de la superficialidad que tiene a veces, de su divismo; me río de los compañeros de trabajo... Es la ventaja que tienes, si empiezas a reírte de ti mismo, que luego puedes decir: mira, yo soy así, pero tú eres así. Y espero que todo el mundo lo llegue a encajar con deportividad.

--¿Y en qué personajes reales de la profesión se ha basado para crear a los de 'El crac' que no son ni usted ni Roger Coma? 
--No lo diré… Pero si piensas un poco es fácil adivinarlo. Tampoco es nadie en concreto. Nos hemos inspirado en diferentes personas que existen, pero a veces de dos o tres de ellas hemos hecho un solo personaje.

--Me ha hablado de referentes como el Ricky Gervais de 'The office' o el Larry David de 'Curb your enthusiasm'. A mí me recuerda también a la serie '¿Qué fue de Jorge Sanz?' de David Trueba. 
--También. Pero con una gran diferencia. Mi personaje no es alguien que lo ha tenido todo y ahora no tenga nada, sino que es una persona que aparentemente lo tiene todo y es un luchador que quiere llegar a más. En cambio, emocionalmente no se da cuenta de que está más solo de lo que cree.

--Aunque apareció en telefilmes como '14 d’abril: Macià contra companys' y 'La Trinca: biografia no autoritzada', desde 'Porca Misèria', en el 2007, no había vuelto a una serie. ¿Por qué ha estado tanto tiempo sin hacer tele? 
--No sabía qué hacer. Tenía muy claro que cuando volviese a la televisión después de 'Plats bruts' y 'Porca Misèria', que han sido dos series muy importantes en mi vida, tenía que ser con algo en lo que creyese, pensar que eso es lo que querría ver. Prefiero hacer pocas cosas, pero creer en lo que hago. Y después de estar seis años concentrado en una película, 'Fènix 11.23', y no haciendo nada más, no encontré el espacio para hacer tele ni quería. Una vez acabé ese trabajo volví a tener ganas. Pero lo más importante de que esté aquí es porque, junto a Hèctor Claramunt [cocreador de la serie], encontré la criatura y vimos que el juego de 'El crac' funcionaba.

--En 'Porca Misèria' fue un proyecto muy personal. ¿Lo es aún más 'El crac'? 
--Sí, ¡más a mi terreno no me podía haber llevado al personaje! En 'Porca Misèria' buscábamos la excepcionalidad de la cotidianidad y la comedia y el drama estaba muy mezclados. En 'El crac' las historias están más pasadas de vueltas, nos podemos permitir que las tramas sean más locas, a lo Monty Python. Es una extraña combinación con la locura de 'Plats bruts' mezclada con personajes de verdad...

--Pero el humor de 'El crac' es más negro que el de 'Plats bruts'. 
--Es más oscuro y tiene más mala leche. No creo que el espectador se ría a carcajadas con la serie, sino que es un humor con más claroscuros porque, en el fondo, se trata de un personaje trágico.

--El protagonista de la serie haría cualquier cosa por un papel en 'Moragues, el gran general'. ¿Qué haría usted para conseguir un personaje? 
--Ahora ya no hago nada... o haría lo que he acabado haciendo, que sería escribir el papel, dármelo y dirigirlo. Que no era el plan, ¿eh? Mi plan en la vida era ser Brad Pitt.

--Ambicioso. 
--Sí. Ya puestos a tener sueños... ¡tengámoslos grandes! También es verdad que desde joven me lo paso bien escribiendo. Primero, con Jordi Sánchez en 'Plats bruts'; luego, con el equipo de 'Porca Misèria', y ahora con Hèctor Claramunt en 'El crac'.

--Así puede interpretar personajes hechos a su medida. 
--¡Claro! Y los llevo a mi terreno. Pero es que no hay muchos personajes en la vida pública catalana que puedan hacer un papel así... Lo que pasa es que yo me he convertido en un actor 'pollo-man'.

--¿'Pollo-man'? 
--(Ríe) Un actor 'pollo-man' por mis inquietudes políticas, por mi vehemencia, por los pollos que monto... Montar una academia de cine catalana cuando nadie creía en ella y tirarla para delante es de alguien que va fuerte en la vida. Por eso digo que ahora ya me tocaba pasar cuentas con este tío.

--Hablando de política. Usted siempre se ha mojado a favor de la independencia de Catalunya. ¿Cree que esta actitud le ha perjudicado laboralmente? 
--No lo sabré nunca. Supongo que lo fácil es responder que sí. ¿Y qué, si es así? Me parece que el colectivo es más importante que el individuo y, en este caso, si yo he salido perdiendo pero el colectivo ha salido ganando una cierta notoriedad porque soy una persona pública, pues bienvenido sea. Las cosas nunca salen gratis. Si queremos mejorar nos tenemos que comprometer con nuestras ideas y tirarlas para delante.

--En el momento político que vivimos, a las puertas del 9-N, ¿la gente de su profesión debería mojarse más? 
--Los personajes públicos nos tenemos que mojar con todo lo que creamos, desde el respeto a todas las ideas. Pero no tan solo nosotros. Nadie se tiene que ocultar. Si nos dejamos de mojar, un día dejaremos de perder derechos. Nos tenemos que currar mucho la democracia y por eso grupos como Podemos, Guanyem, la CUP, están ganando peso y ganarán más. En las sociedades adultas mojarse no significa nada. Por decir lo que pienso no me tengo que quedar sin trabajo, ni me tienen que hacer boicot.

--¿Pero no trabaja en Madrid porque no quiere o porque no le llegan proyectos? 
--Sí que me llegan. Si se me cierran puertas es más aquí, en Catalunya, que allí.

--¿De verdad? 
--O son puertas que están cerradas desde siempre... Ir a hacer teatro fuera cuando tienes familia aquí es una cosa que no me apetece. Cuando era joven y estaba solo, ir a Madrid era la bomba. En ningún lugar te lo pasas mejor. La gente es muy acogedora, es una ciudad que la haces tuya en un cuarto de hora. He hecho cine en Madrid, como 'El corazón del guerrero' y 'La buena vida', pero vivir aquí y trabajar allí es muy duro y acaba pasando factura.

--Su único proyecto televisivo para una cadena estatal fue 'Periodistas' en Tele 5, una serie que tuvo una gran repercusión. Sin embargo, después solo ha trabajado en TV-3. 
--Dejé 'Periodistas' porque ya entonces estaba escribiendo 'Plats bruts' con Jordi Sánchez. Cuando en TV-3 nos dieron el visto bueno, le dije a la gente de Globomedia, la productora, que lo quería dejar por otro proyecto en el que estaba muy implicado y lo encontraron normal. A partir de ese momento, una vez que has entrado en la cocina y has elegido tú el menú, es un paso tan chulo, tan completo, que pocas cosas se le acercan.

--Y esa libertad para hacer una serie no la podría tener trabajando en Madrid. 
--No. La oportunidad de parir cosas como 'Plats bruts' o 'Porca Misèria' la tengo en Catalunya, pero Madrid es otra liga en la que yo no juego. No es tanto por si es allí o por la calidad, sino porque los alicientes que tengo aquí trabajando no los tenía allí. 

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