ENTREVISTA

Quim Masferrer: "Si a mi pueblo viniera un tío con un micro a las ocho de la mañana, no sé qué le diría"

El autor y director teatral encara la recta final de 'El foraster' en TV-3

Quim Masferrer, en uno de sus viajes por Catalunya como ’foraster’.

Quim Masferrer, en uno de sus viajes por Catalunya como ’foraster’. / SERGI RIGOL

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OLGA LERÍN / Barcelona

El 'foraster' de TV-3, Quim Masferrer, ha vuelto a sacar la ranchera naranja a la carretera, ese vehículo que cada vez pasa menos desapercibido, para confeccionar un retrato de la Catalunya más diminuta, pero no exenta de grandes historias. A veces son simplemente confesiones que llegan al corazón del propio autor y director teatral y, por extensión, al del público de la cadena autonómica. Ahora que el factor sorpresa es más difícil de preservar, una docena de poblaciones vuelven a acoger al insigne invitado.

-No estamos viendo grandes novedades en este curso... 

-Es una temporada bastante continuista: no hemos incorporado grandes cambios. El estilo del programa es el mismo, porque es el alma del espacio, que es llegar a un pueblo de menos de 1.000 habitantes y hablar con la gente durante 48 horas. Ellos son los guionistas del monólogo que les interpretas luego. Cada lugar tiene una manera de ser que lo hace diferente de los otros. El formato nos gusta y la diferencia nos la marca cada pueblo. Por eso, no hemos cambiado nada.

-El único cambio significativo es el del día de emisión. Ahora compiten con el cine. 

-Yo de estas cosas no entiendo. Lo único que pretendo es pasármelo muy bien haciendo el programa. Después, los que entienden, en este caso la dirección de TV-3, lo ponen cuando creen oportuno.

-De momento, ha salido bien parado, pero la batalla en esa franja es dura. 

-No soy un fanático de mirar a quién tenemos de competencia. Sinceramente, ni lo sé. El ritmo de rodaje es muy frenético y cada programa requiere un gran esfuerzo. Tengo poco tiempo para aprenderme el monólogo y entro en una vorágine en la que solo intento hacerlo bien. El resto se me escapa un poco.

-¿Es más complicado en esta edición lograr que la gente sea espontánea? 

-Este fenómeno ya lo comprobamos en la primera temporada. Cuando estrenamos en septiembre ya teníamos seis programas acabados, y seguíamos grabando. Este tema nos hacía sufrir, pero está muy bien que la gente conozca el programa, porque quiere decir que ya no les tienes que explicar qué estás haciendo. Recuerdo los primeros días en que la gente nos preguntaba y teníamos que dar muchas explicaciones. Ahora no. Muchos ayuntamientos nos llaman porque quieren que 'El foraster' les visite: saben que el pueblo sale ganando, con una emisión de 50 minutos, en la que reímos y nos emocionamos juntos. Un 'foraster' que pase por un pueblo es muy interesante. Esto al principio no sucedía.

-¿Pero los vecinos no están muy predispuestos ya a dar la cara? 

-No. Hay gente que sí está dispuesta a jugar y a decir lo que piensa porque conoce el programa; y después hay muy pocos que dicen que no quieren salir. Y es totalmente lícito. Siempre digo que si a mi pueblo viniera un tío con un micro a las ocho de la mañana, no sé qué le diría.

-Inténtelo... 

-«Prueba a ver si a las once de la mañana estoy de mejor humor. Ahora, de momento, no». Pero, evidentemente, le seguiría el juego, porque el 'foraster' es un tío muy blanco, noble, de pueblo, que no tiene malicia... Solo se trata de hacer ese ejercicio tan sano que es reírse de nosotros mismos, aunque de golpe te ves en situaciones en las que hay muy poco humor, porque la gente te explica cosas personales y, a veces, hasta tragedias que comparten con la cámara, y eso hace que cojas una especie de polivalencia. Aquí debemos reír, pero también emocionar y escuchar. A nivel personal, ha sido muy enriquecedor.

-¿Qué ha aprendido Quim Masferrer de este personaje? 

-Siempre digo que es un regalo que trasciende un poco el tema profesional. En cada pueblo que he visitado, hay cuatro o cinco personas con las que se produce un vínculo muy chulo. Si tuviese tiempo, intentaría volver a visitarlos. Como la Cinteta y el Miquel, de Benifallet, saber si continúan bailando, si los niños han crecido... Tengo ganas de saber de la gente. De cada lugar te llevas amistades. Lo digo de verdad.

-¿No ha visto de nuevo a ninguno de ellos? 

-En Espolla, donde grabamos el capítulo piloto, organizaron una feria del aceite en enero y fui como muestra de agradecimiento. Incluso hice un escrito que publicaron en el libro de presentación de la muestra. Con motivo de 'La Marató' también fuimos a tres poblaciones (la Vall Fosca, Belianes y El Port de la Selva), y la gente se emocionó cuando me vio. Te dan abrazos y te explican cómo han vivido la experiencia de salir por la tele. Yo, que soy de un pueblo pequeño, Sant Feliu de Buixalleu, conozco cómo se mueve la gente. Y está muy bien.

-¿Esto lo ha aprendido gracias al programa? 

-No, ya lo sabía. Sin cámaras yo ya había hecho mucho de 'foraster'. Siempre me ha apasionado ir a los pueblos pequeños y acercarme a las personas. Descubres que es más interesante la señora que está en la puerta del museo, que el propio recinto. Gracias a la dimensión que dan la cámara y la tele, el agradecimento de la gente es muy grande. Cuando te vas te preguntan si has estado bien y si te han tratado bien y eso va mucho más allá de la propia cuestión. A nivel profesional, la polivalencia está por todos los sitios: hay momentos que eres humorista, pero casi de éxtasis, y de golpe tienes instantes muy poéticos. Y debes saber jugar con todo ello.

-¿Continúa yendo con el freno de mano puesto?

-Sí, sí, pero en sentido positivo. Cuando te encuentras a la gente por la calle, no intentas intimidarlos de golpe ni buscar el gag. Y pones el freno de mano. Siempre digo que en una mano tengo el micro y en la otra, el freno de mano. Si no lo llevase puesto, no les daría la oportunidad de que se expliquen y te regalen cosas como las que te ofrecen. Un silencio y no preguntar de manera reiterativa nos trae, a

veces, una respuesta que nos llevará a un lugar interesante. Tenemos que ir con cautela, porque los protagonistas son ellos. No te tienes que marcar ningún tanto.

-¿Cómo se le quedó el cuerpo después de recorrer más de 4.000 kilómetros durante la primera temporada?

-Bien. Me gusta mucho viajar con la 'pick up', aunque es una tartana.

-¿De dónde la sacaron?

-Buscábamos un coche que fuera un sello, un rasgo diferencial y que la gente lo identificara. Y que fuera de segunda mano. 'El foraster' es, en el fondo, un romántico de la vida, un poco iluminado, y el realizador, Ruy Balaña, creyó que tenía que ser naranja. Somos muy cuidadosos con la fotografía y este color destaca con todo: nieve, mar, olivos y viñedos, cuando grabamos tierra y asfalto. Encontramos este vehículo con matrícula de Girona, que era mi condición, porque soy de Girona. Y este tiene un punto ranchero y romántico. Era blanco y lo pintamos.

-No parece muy confortable...

-La radio no funciona, pero no quiero que lo haga, porque el silencio me ha permitido reflexionar mucho sobre lo que me ha pasado mientras grababa. El mecánico me preguntó si la quería, pero le dije que no, porque quiero que la sintonía sean los pueblos y lo que sientes a partir de lo que te han regalado durante el rodaje.

-¿Y dónde duerme la ranchera?

-En un garaje de Arbúcies. Cuando nos vamos a rodar, la cojo y me voy con ella a los pueblos. Ya empieza a ser conocida y la gente, cuando vas por la autopista, toca el cláxon y te saluda. Ves que le hacen fotos cuando la tengo aparcada. No corre, pero le he cogido mucho cariño, créame. Eso quiere decir que hemos conseguido el objetivo.

-¿Todavía hay personas que piensan que 'El foraster' se ríe de la gente?

-Hubo una parte del público que lo pensó en algún momento, pero los afectados, no. Siempre me ha llamado mucho la atención esta necesidad que hay de proteger al prójimo, ese proteccionismo. Y siempre digo lo mismo: «Perdonad, pero es que la gente de pueblo nos protegemos solos. No necesitamos a nadie». Lo que es muy interesante es que, como le comentaba, muchos ayuntamientos nos piden que vayamos, y con eso lo saldas todo. La intención no es reírse de nadie, al contrario, sino reírnos todos juntos y descubrir la autenticidad de las personas.

-Recibir al equipo de 'El foraster' es más barato que pagar por la grabación de un publirreportaje.

-Seguro. Y sabemos, además, que hay gente que está haciendo la ruta de 'El foraster' durante el fin de semana y que visita el pueblo del que hemos hablado el domingo anterior. Y desde esas localidades nos cuentan que las calles se llenan esos dos días. Esto es algo que nos hace sentir muy orgullosos y contentos.

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