"He perdido algunos papeles por estar calva, pero Rym ha valido la pena"

La actriz confiesa que le costó aceptar el personaje de 'Polseres vermelles' porque tenía que raparse

Laia Costa simula que se afeita en la sesión de fotos.

Laia Costa simula que se afeita en la sesión de fotos. / JOAN CORTADELLAS

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OLGA LERÍN / Barcelona

Lo primero que salta a la vista de la actriz Laia Costa (Rym, en la serie de TV-3 'Polseres vermelles') cuando atraviesa la puerta de EL PERIÓDICO es su extremada jovialidad. La sorpresa llega al descubrir su edad: ¡28 años! «En teoría, aparentar que eres más joven es una ventaja», dice. Con la producción ideada por Albert Espinosa, la intérprete es finalmente profeta en su tierra. Madrid había sido hasta ahora su centro de operaciones.

--Pau Freixas, director de 'Polseres...', ha comentado que usted es una bomba... 

--Me hace feliz que Pau diga esto, porque es una persona a la que admiro muchísimo. Tiene una gran capacidad para liderar equipos y un talento innato para dirigir a actores. Cuida de cada uno de nosotros y crea un ambiente de confianza absoluta y una energía tan positiva que todo el mundo acaba sacando lo mejor de sí mismo. Es el máximo responsable de lo que es 'Polseres'... Verle trabajar ha sido un regalo.

--¿Era seguidora de la serie? 

--No la pude ver en la tele, pero me compré el DVD. Me gustó mucho.

--¿Se presentó a las pruebas porque tenía claro que quería estar o porque era un trabajo más? 

--Al principio me costó decidirme por el tema de la rapada. Estuve hablando con Pau de lo que era la serie y el proyecto, pero en aquel momento para mí era todo muy desconocido. Tuve que coger confianza en que valdría la pena. Ahora que han pasado unos meses estoy totalmente convencida y me hubiera arrepentido mucho si no lo hubiera hecho.

--¿Qué pensó de sus compañeros de rodaje el primer día que les conoció? 

--Estaba una poco acojonada, porque pensé que ellos tenían su grupito y yo era la nueva. Pero te acogen de tal manera que enseguida te haces al grupo. El primer día de rodaje, todos conocían mi nombre. A la hora de comer, Joana Vilapuig y Mireia Vilapuig me dijeron: «Ven, ven, te hemos guardado sitio porque así hacemos más peso en el equipo de las chicas». Desde ese momento vi que todo sería muy fácil.

--¿La diferencia de edad con ellos ha sido un problema? 

--No, porque esto de las edades cuenta muy poco. He podido hablar con todos ellos de persona a persona, independientemente de la edad. Lo notas mucho si quien tienes delante tiene 7 años, porque está en otro momento. Tengo amigas que me llevan 10 años y tienen el mismo tipo de vida que yo.

--¿Qué hay entre Lleó (Àlex Monner) y Rym? 

--Son caracteres muy fuertes y la primera escena fue un pique. El momento en el que se rapan les une en la búsqueda de la fuerza. Tienen muchos puntos en común: se afeitan, tienen nombre de animal (Rym es una gacela), han perdido a su madre y la recuerdan en momentos concretos, han tenido que despedir una parte de su cuerpo... Ambos dicen: «Yo solucionaré los problemas», pero solo entre ellos admiten que no pueden con todo y que tal vez necesitan la ayuda del otro. Y eso les une de tal manera que podrían ser hermanos, amigos, amantes, enemigos, lo que quisieran¿ No dejan de ser dos adolescentes compartiendo cosas que hasta el momento no habían compartido con nadie más y eso hace que tengan una relación muy especial, que se puedan enganchar en un beso o una pelea, sin poner nombre a ese tipo de relación.

--¿El triángulo con Cristina (Joana Vilapuig) se llegará a producir? 

--No es un triángulo amoroso clásico. Rym y Lleó se quieren por encima de tantas cosas, incluso de un amor convencional, que no habrá ninguna rivalidad.

--¿Cómo evoluciona Rym? 

--Llega haciéndose la chula y pensando que puede con todo, pero a medida que le van pasando cosas, como perder el pecho, renunciar a sentimientos o ver el estado de su hermano, va creciendo y se da cuenta de que tiene que hacer un camino largo y que no puede estar de culo con el mundo.

--Su carta de presentación fue muy intensa. En solo dos planos, ya conocimos a Rym. ¿Cómo vivió ese momento? 

--Fue muy especial, un momento de decir: «Tú no controlas nada como actor», porque es tan real que está fuera de tu control. Àlex me ayudó mucho. Cuando acabamos de raparnos y le dije: «Ya estoy calva», él me miró y me contestó: «¡Guapa!». Y pensé: «Eres un mentiroso, pero gracias, porque ahora mismo necesitaba que me dijeses exactamente eso». Allí vimos dos caras de Rym que la definen: la fuerte, la de yo puedo con todo, y la de esto es una mierda, pero te quiero ayudar y tú me tienes que ayudar a mí. Esa es la humildad de Rym.

--¿Le costó mucho asumir ese corte de pelo? 

--Mucho. Lo vi muy complicado, porque en un primer momento, como le comentaba, fue motivo de aceptar o no el papel. Da miedo quedarte sin pelo, porque piensas que no volverás a trabajar. Estuve un mes pensando si me quería rapar o no. Al final fue una lucha entre corazón y mente. Uno de los consejos que me dio Pau, y al que me voy a coger de por vida en esta profesión, es que tienes que hacer cosas que notes que el corazón y las entrañas te digan que tienes muchas ganas de explicarlas. Si haces las cosas con miedo por lo que pueda pasar en el futuro, siempre puedes acabar perdiendo, porque el futuro, aunque hayas sido prudente, no juega a tu favor, y si hubieras hecho realmente lo que querías hacer lo tienes todo a tu favor. Es algo que nunca controlamos y tenía ese miedo. Pau fue quien me dijo que me tirase a la piscina: «No controlarás nunca lo que pueda pasar más allá de lo que hagas tú porque lo quieres hacer». Después de la lucha entre el corazón y la mente, ganó el corazón. Pau me prometió que 'Polseres' sería un viaje y ha sido mágico.

--¿Qué sintió cuando se miró por primera vez en el espejo? 

--Pensaba que tendría una cabeza de pepino, a lo Homer Simpson. Y pedí que Rym llevara pañuelo en todas las escenas, porque estaba convencida de que tendría una cabeza llena de bultos y cráteres. Pero al verme pensé: «No es tan grave. Podemos pasar de los pañuelos, si queréis». Y no me costó adaptarme a la imagen de calva. El único momento que tuve un bajón fue cuando los montadores nos enseñaron la primera escena tres meses después de empezar el rodaje, donde aún salía con pelo. Recordé de golpe que tenía una melena increíblemente larga y que la había perdido. Y lloré...

--¿El corte le ha impedido hacer otros trabajos? 

--Sí, ha habido papeles que he perdido porque estaba calva. Aquí en España todavía nos falta camino. Estoy rodando una película rusa y cuando les planteé que quería hacer Polseres... no me pusieron ningún problema. Ellos acostumbran a utilizar pelucas, porque hay tanto trabajo que los actores están acostumbrados a simultanear varios proyectos. Y como son conscientes de que las chicas no pueden tener la imagen que cada trabajo les exige, usan pelucas.

--¿Y no ha sentido frustración por esa esa circunstancia? 

--No me arrepiento, porque Rym ha valido realmente la pena. Tú te tiras a la piscina y no sabes si está vacía o llena. No lo sabes hasta unos meses más tarde y ahora estoy muy contenta de haber perdido algún papel en favor de otro.

--¿Ha grabado más escenas con tanta intensidad? 

--Sí, hay una a la que le tenía mucho miedo: cuando Rym se mira por primera vez la cicatriz del pecho, sin palabras. Tenía miedo, porque cuando mirase vería mi pecho, no la cicatriz. Mi suegro estaba ingresado en ese mismo momento por un problema en la rodilla. Vi las grapas de la operación dos días más tarde y los médicos me dijeron que son casi las mismas que utilizan para el pecho. Tenía la imagen de lo que tenía que presenciar muy reciente tanto en fotos como en la vida real. Y dos enfermas que han sobrevivido a un cáncer, Irene y Gemma, me dieron mucha información para interpretar a Rym y fueron muy generosas conmigo. Pero no hablé con ellas de este momento. Y no tenía referentes.

--¿Y qué pasó el día del rodaje? 

--Pau me dijo: «No ensayamos. Lo grabaremos directamente y veremos qué sale». Para mí fue un momento comparable al de la rapada, porque no controlé lo que hice. Solo sentí aquello y cuando Pau dijo «¡Corten!» le pedí repetir. Me contestó: «No, míralo». Me lo enseñó y estaba muy contenta del resultado, pero insistí en repetir. A la mitad de la escena pedí que cortaran. Pau me dijo: «¿Ves como era la primera? Cuando te digo ya está, ya está...».

--Un momento en el que Rym le muestra el pecho a Lleó ha levantado alguna crítica relacionada con el tipo de público de la serie. 

--Los adolescentes ya han visto muchas tetas y culos. La escena se explicaba con una ternura y una delicadez tan sublimes, que en lo de la crítica no estoy muy de acuerdo. Es una manera muy dulce de despedir una parte del cuerpo. ¿Porque es un pecho ya es un tema muy delicado? Si fuese una pierna, ¿no habría pasado nada? Hay gente que pierde el pecho para siempre, y Rym también tiene derecho a despedirlo como le propone Lleó. La sociedad tiende a tratar a los críos de una manera infantil. Un niño de 7 años sabe más que nadie en casa: se entera de todo. Si esta escena a la gente le parece mal, ¿cómo hablan del cáncer en la familia?

--Ustedes comparten habitación en el hospital. Pero eso no ocurre habitualmente en la vida real... 

--Esto es una ficción. Si los chicos comparten espacio se pueden explicar muchas otras cosas que no se explicarían si estuvieran en habitaciones separadas. Tampoco aparecen apenas vías y los pacientes las llevan. Al fin y al cabo, estamos haciendo ficción y lo que se explica son valores humanos que queremos transmitir a los jóvenes. Si para explicarlos tenemos que meter a un chico y a una chica en una misma habitación, vale la pena la licencia.

--¿Qué tienen en común Rym y Laia Costa? 

--Poco. Rym es más valiente que Laia y tiene las cosas más claras, tenga razón o no. Yo soy muy cagueta y cuando me pasa algo que me preocupa, lo explico y pido ayuda. Pedir ayuda es algo que he aprendido con los años y, por ello, entiendo a Rym. La admiro, porque yo no soy tan valiente. Tengo fobia a las agujas y en una escena con tubos y máquinas me cogió un ataque de ansiedad.

--Por tanto, Rym le habrá enseñado cosas... 

--¡Totalmente! El hecho de que Pau me metiese en la encrucijada de raparme o no, me hizo crecer mucho. Y he crecido mucho con las dos chicas con las que estuve hablando, porque te das cuenta de que están un poco de vuelta de todo.

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--Supongo que con esa cara angelical que usted muestra le debe costar conseguir papeles de mujer madura... 

--Le haré una confesión. En el armario de casa tengo un cuadro con mi imagen real envejeciendo... Vivo en la piel de una Dorian Gray femenina (ríe). Bromas aparte, he podido perder o ganar papeles por este y otros motivos. El mundo del casting es muy complicado. El hecho de parecer más joven me permite hacer personajes adolescentes desde la inteligencia emocional de una persona que, en realidad, ha vivido más. Así puedo entender mejor las emociones y profundizar más en ellas. Aparentar más joven es una ventaja, porque siempre estamos a tiempo de envejecer con caracterización y vestuario. Depende mucho del ojo que mira. Al final, es más importante la edad que la cámara dice que tienes que la real.