tú y yo somos tres

Samanta, detective camuflada

Samanta Villar, en plena sesión de camuflaje estético (Cuatro).

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Ferran Monegal
Ferran Monegal

Crítico de televisión

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Pocas veces hemos visto disfrutar tanto a Samanta Villar (Conexión Samanta, Cuatro) como esta semana, en la que se ha transformado en detective. ¡Ah! Qué frenesí le ha entrado haciendo espionaje callejero sobre la marcha. Primero se ha camuflado con peluca y retoques estéticos en la cara, porque le han dicho los investigadores profesionales que, al ser una famosa de la tele, daba el cante por la calle. Hombre, es una medida acertada. Si se pone a seguir a alguien sin haberse disfrazado, la hubiera reconocido todo el barrio y el secretismo se habría esfumado, amén de generar un pitorreo descomunal. Y luego se puso en acción siguiendo el encargo de un marido que estaba muy mosca porque su mujer, todas las mañanas, resulta que se marcha de casa diciendo: «Voy a desayunar con las amigas», y claro, el sufrido esposo está hasta el gorro de desayunar solo, y ya no traga ni nada. Lo bonito de esta aventura semanal de Samanta ha sido la excitación que le entró cuando descubrió, tras un laborioso seguimiento, que lo que hacía la señora en cuestión era reunirse con un caballero y se pegaban unos besos de tornillo sensacionales. «¡Se besan!», le gritaba con alegría Samanta a la detective auténtica que estaba a su lado, ambas espiando desde dentro de un vehículo de camuflaje. O sea, que Samanta gozaba ante el descubrimiento de que esa dama no era precisamente a desayunar a lo que iba cada mañana. Hombre, no sabemos si al marido le habrá hecho tanta gracia constatar que lleva una cornamenta colosal. No obstante, siempre nos quedará la duda de si esta aventurita era de verdad, o eran unos humildes comediantes contratados. El otro día, en Tu cara me suena (A-3), María del Monte recreó a La Lupe, la que fue genial cantante cubana. Cantó su tema más popular: Lo tuyo es puro teatro. Quizá viene al caso.

CONTAGIO .- A Pablo Motos (El hormiguero) de pronto le dio un ataque de risa. Reía sin parar. Y en menos de un minuto todo el público del plató rompió también a reír de forma bárbara. ¡Ah! El contagio de la risa nos lo contó Elsa Punset el otro día en Redes (La 2). Colocó a dos figurantes en un vagón de tren que estaba a rebosar, y se pusieron a reír. Venga a reír. Y enseguida todos los viajeros estallaron en largas y sonoras carcajadas. ¡Ah! La parte interesante de esta pincelada es comprobar que las emociones se contagian. La parte tremenda es ver que te pones a reír, y a reír, sin saber de qué te ríes ni nada.