29 oct 2020

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tú y yo somos

«Todo es mierda de caballo»

Ferran Monegal

Otra estupenda serie la que acaba de sumar A-3 TV a su espectacular oferta de ficción: Infierno sobre ruedas. Es una producción impulsada por la cadena norteamericana AMC, que arranca tras la Guerra de Secesión (1865) y retrata la tragedia, y la venganza, de un exmilitar sudista cuya única obsesión es la vendetta contra los nordistas que mataron a su esposa en la ciudad de Meredian, en el condado de Lauderdale, estado de Misisipí. Efectivamente, en la historia de la guerra civil americana se cuenta la masacre que el general Sherman, con 27.000 soldados, infligió en esta localidad. La incendió casi por completo. O sea, que la serie parte de una realidad histórica comprobada. Pero al margen de esa trama de acción y ajuste de cuentas del militar, en plan Llanero Solitario, lo más interesante es cómo se retrata el nacimiento de la potentísima compañía Union Pacific Railroad, la empresa encargada de construir la primera línea férrea que unió la costa Este y la costa Oeste de EEUU. Esta trama es francamente luminosa. Sobre todo el papel del presidente de la compañía, que encarna Colm Meaney, un intérprete de amplísima trayectoria, normalmente como actor de reparto -muchos de ustedes le recordaron por su papel de Chief O'Brien, en la serie Star Trek- y que aquí teje una filigrana sensacional como malvado empresario sin escrúpulos, corrupto, maquiavélico y de una hipocresía brillante y desalmada que utiliza los fondos públicos, el dinero del Estado, como si fueran suyos. «Todo es mierda de caballo: cuanto más uso la pala, más se la tragan», exclama exultante mientras va comprando políticos y voluntades, moviéndolos como títeres, a su antojo, a cambio de suculentas mordidas y soldadas. «Seré recordado como un canalla. Me toca hacer el papel de villano. Pero ¿qué sería del drama sin un villano?», sigue explicando con delectación mientras construye el fenomenal tinglado. Y en una reunión con los ingenieros que diseñan el trazado de la colosal línea férrea, que le sugieren la línea recta como la más óptima y deseable, les contesta: «El Gobierno me paga 25.000 dólares por kilómetro, ¿y ustedes quieren línea recta? Curvas, insensatos, muchas curvas y muchas vueltas, !eso es lo que tienen que diseñar!».

¡Ahhh! Aunque en 1865 no había líneas de AVE, ni siquiera existía el surrealista aeropuerto de Carlos Fabra, el espíritu del presidente de la Union Pacific nos es familiar.