Ir a contenido

último programa de la temporada de 'telemonegal'

Combate nulo

Xavier Sardà y Ferran Monegal confrontaron sus conceptos televisivos en un tenso duelo dialéctico

'Crónicas marcianas' fue uno de los puntos que mayores discrepancias provocaron en el debate

Manuel de Luna

Por fin en televisión se ha visto el primer debate entre dos profesionales del medio que representan lo mejor y más selecto de dos conceptos de entender y ver la tele diametralmente opuestos: Xavier Sardà y Ferran Monegal. Nunca hasta ahora se había producido en la pequeña pantalla un combate dialéctico sobre un medio al que cada español dedica unas cuatro horas diarias. Y anoche se celebró el primer combate -incruento- en Telemonegal (BTV), único programa de televisión en España dedicado al análisis televisivo. El duelo entre dos profesionales de la pequeña pantalla fue tenso y con un final teatral, con Sardà pidiendo el tiempo y marchándose del plató tras besar en la frente a un desubicado Monegal. Pero al margen de este final tan marciano, Sardà demostró sentirse incómodo en varios momentos. Total, un combate nulo y, como le dijo Sardà a Monegal antes de su espantá: «Me llamas dentro otros nueve años».

Como es habitual en Monegal, preparó su entrevista a partir de la trayectoria profesional del invitado. Pero Sardà no estaba dispuesto a seguir el guion y empezó a dinamitarlo dejando caer con inteligencia ideas y frases que buscaban descolocar al crítico. Así, le entró a Monegal con que le había «insultado e ofendido» el día que ETA asesinó a Ernest Lluch (21 de noviembre del 2000). «Me pidieron que cambiara el programa para hacer un informativo sobre la marcha del asesinato de una persona que conocía y apreciaba -recordó Sardà-. Y tú al día siguiente hiciste una crítica muy dura en la que decías que me quité el uniforme del circo y me puse la camiseta de periodista, y me quedó bien. Me molestó -insistió Sardà-, porque lo que hice fue simplemente no hacer comedia e intentar ser una persona».

Ante un golpe tan emotivo, Monegal se fajó con ironía: «Por un día que le hago un masaje y digo que ha hecho bien su trabajo de periodista, se molesta... Y es que a las estrellas de la tele no hay quien las entienda».

Tras unos intercambios de golpes ligeros («No tengo nada contra ti, Javierito». «Sí, sí, Monegalito, me tienes una cierta animadversión»), el crítico de EL PERIÓDICO entró con golpes profundos y bien dirigidos: «Me saco el sombrero ante tu trabajo en los primeros años de Crónicas marcianas, pero cuando desapareció la competencia que representaba Pepe Navarro, pasaste a ocupar su puesto, con un morro descomunal, algunos aciertos, pero una trayectoria en general sin escrúpulos. Todo se transforma en una papilla continua, por la que pasaba la ratomaquia de Gran hermano...». Ante esta andanada, Sardà volvió a utilizar sus recursos más marcianos y, por tanto, efectivos: se encogió para hacer ver que no se le veía hablar por el teléfono móvil y cuchicheó (en voz alta): «No, estic al programa del Monegal... Sí, sí, quan pugui...» Se irguió de nuevo y se excusó ante Monegal, nuevamente descolocado: «Es que he quedado...».


MANOLITO PO-ZÍ // Estos golpes de divertido ingenio permitían a Sardà hacer correr el tiempo a su favor (ya llevaban una media hora de entrevista), pero no desviaron al crítico de su guion. Y así, Monegal, sin recular, siguió golpeando con uno de los aspectos más polémicos de Crónicas marcianas: el trato que se realizaba a personajes que el crítico califica de «humildes». Y se centró en uno en particular: Manolo Reyes, más conocido como Manolito Po-zí. «Ver cómo se trataba a esta pobre persona en tu programa me recordaba a esos señoritos andaluces de otros siglos que lanzaban monedas a los pobres indigentes para ver cómo las recogían», le soltó Monegal.

Entonces, Sardà se olvidó de su teatro y se puso serio, e incluso tenso. «No tienes ni idea lo poco que me molesta lo que hice -dijo el expresentador de Crónicas...-. Un mismo programa puede ser visto de tantas maneras diferentes como personas lo ven, y en ocasiones había cosas que yo no entendía que pudiesen gustar, y funcionaban. Y con Manolito, no te puedes imaginar lo bien que se lo pasaba cuando venía al programa». Tras esto, Sardà sacó a colación el éxito de audiencia de su programa, «pero claro, a la audiencia tú no la respetas...».

«¡Pero si nos regimos por la audiencia, el mejor restaurante del mundo sería el McDonald's», le replicó Monegal. El contragolpe de Sardà se centró entonces en los premios ganados con su programa: los Ondas («¡Pero sin son de la familia, usted es de Prisa!», le soltó entonces Monegal), los siete TP de Oro, la Rosa de Oro del Festival de Montreux...

En la última parte del debate Sardà, ya evidentemente hastiado, optó por pasar al ataque y se centró en la «incoherencia» de Telemonegal: un programa que critica espacios de los que vive. «Para poder desactivarlos», replicó Monegal. «Ya, homeopatía televisiva...».

Ante la evidente subida de tensión de la discusión, Sardà optó por desactivarla pidiendo el tiempo («¿Cuánto queda?») y soltando puyas contra BTV («¿Esta es la televisión de Barcelona?, ¿además de pagar impuestos y que se me lleve el coche la grúa, aguantar esto?»). Y, por fin, en un arrebato de estudiado hastío, se levantó, se despidió («No volveré nunca más, adiós») y se fue. Monegal, impasible, golpeó el último: «Ahora que venía el masaje».

0 Comentarios
cargando